La pelota está en el campo de Gadi Eisenkot, quien podría sacar a Netanyahu del poder si se anima a tomar la decisión . Los importantes avances logrados por los partidos árabes en las elecciones generales de Israel plantean un desafío urgente y fundamental para la oposición convencional del país: o bien cooperan con los árabes israelíes, o bien le entregan a Benjamin Netanyahu una hoja de ruta clara para su sobrevivencia política. Tras conocerse los sondeos a pie de urna del martes, el líder del bloque opositor, Gadi Eisenkot, los calificó de victoria para la “mayoría nacional sionista de Israel”. Sin embargo, su bloque por sí solo no puede conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento. Y Netanyahu tampoco. Eisenkot ha evitado responder si se aliaría con los partidos árabes, en caso de ser necesario, para derrocar al gobierno de Netanyahu. Ya antes, había declarado que ninguno de ellos cumplía con sus condiciones para ser un posible aliado. Sin embargo, la participación récord de los simpatizantes de estas formaciones apunta a que estos obtendrán su mayor número de votos en generaciones, posiblemente desde la fundación de Israel hace 78 años. Las matemáticas en la Knesset van así: de los 120 escaños, ninguna coalición consiguió los 61 para gobernar con mayoría absoluta. Ahora bien, el oficialismo de Netanyahu obtuvo 53 asientos, mientras que la oposición liderada por Gadi Eisenkot consiguió 48 escaños. Y con 17 escaños, comparados con los 10 obtenidos en la legislatura anterior, los partidos árabes podrían darle a Eisenkot la llave del gobierno. De confirmarse con los resultados definitivos, esto otorgaría al presidente de Israel, Isaac Herzog, la facultad de decidir a quién encargar en primer lugar la formación de un gobierno. Si un candidato no logra su objetivo en un plazo de seis semanas, la tarea pasará a la siguiente opción. Podría tratarse de un proceso sumamente largo, durante el cual la coalición de Netanyahu permanecería en funciones. Eisenkot puede argumentar que tiene la posibilidad de lograr una mayoría en la Knesset mediante negociaciones. Para ello, sin embargo, él y sus socios del bloque del “cambio” tendrían que sentarse a dialogar con las formaciones palestinas: la Lista Conjunta y Ra’am. A los opositores les resultará más sencillo dialogar con Ra’am y su líder, Mansour Abbas. Abbas ya formó parte de un gobierno de centro derecha encabezado por Naftali Bennett , después de las elecciones de 2020. Abbas afirmó con rotundidad que su prioridad es “derrocar a Benjamin Netanyahu, Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir en estas elecciones”. Ahora, el problema es que Ra’am es la menor de las dos formaciones palestinas, con una proyección de siete escaños en la nueva Knéset. No está claro si esto sería suficiente, incluso en el caso de alcanzar un pacto con el beneplácito de los demás miembros del bloque de Eisenkot, para conformar un gobierno que cuente con mayoría. Las negociaciones con la Lista Conjunta, que cuenta con 12 escaños, serían más difíciles. Eisenkot ha planteado cuatro condiciones base: reconocer a Israel como un Estado judío y democrático, aceptar los valores expresados en la Declaración de Independencia de Israel, aceptar el servicio militar obligatorio para los árabes israelíes, y condenar a Hamás como organización terrorista. El martes, mientras se realizaba el recuento de votos, Amjad Shbita, el secretario general de Hadash, partido socialista que constituye la principal facción dentro de la Lista Conjunta, afirmó que Eisenkot no estaría en condiciones de imponer términos para las conversaciones de coalición. “Imponer condiciones no funcionará con la Lista Conjunta”, señaló: “Negociaremos de igual a igual, porque nos necesitamos mutuamente”. Si no se llega a un acuerdo con uno o ambos grupos palestinos, es posible que Eisenkot intente gobernar en minoría, mediante acuerdos informales que permitan mantener a flote la nueva coalición, votación a votación. Se trataría de una solución inestable, que haría muy probable la convocatoria de nuevas elecciones. Esto brindaría a Netanyahu la oportunidad de recabar apoyo entre los judíos israelíes conservadores. Las negociaciones entre la oposición y los partidos árabes podrían alejar a algunos votantes del centro. Muchos israelíes se han opuesto desde hace tiempo a la formación de una coalición de gobierno que dependa del apoyo de partidos árabes para alcanzar la mayoría. Algunos sostienen que un Estado judío debería ser gobernado exclusivamente por judíos , mientras otros aluden a razones de seguridad nacional, cuestionando si se puede confiar en líderes árabes para gestionar asuntos de Estado. Estas objeciones se intensificaron tras los ataques contra Israel perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023, así como por el posterior giro hacia la derecha en la política israelí. Tanto el partido Raam como algunos miembros de la “Lista Conjunta” condenaron el ataque, aunque también han criticado duramente la forma en que Israel ha llevado a cabo su guerra contra Hamás en Gaza. Analistas políticos consultados por The New York Times señalan que es más probable que la Lista Conjunta apoye a Eisenkot desde fuera de la coalición de gobierno: por ejemplo, comprometiéndose a bloquear cualquier moción de censura. Existen precedentes al respecto: en la década de 1990, el entonces primer ministro Yitzhak Rabin contó con el apoyo de legisladores árabes para evitar la caída de su gobierno, que era una administración en minoría. Con todo esto, la pelota está en el campo de Eisenkot. A lo largo de sus tres décadas en la alta esfera política israelí, Netanyahu ha parecido derrotado en otras ocasiones, pero siempre ha logrado resurgir gracias a su destreza táctica para negociar. Sin embargo, en esta ocasión, si logra recuperarse, su resurgimiento se deberá a sus declarados enemigos políticos. Si no llega a haber acuerdo entre la oposición y los partidos árabes, Eisenkot le habrá tendido un salvavidas a Netanyahu en lugar de optar por alcanzar compromisos históricos que cerraran la profunda brecha racial en Israel. “Parece que los ciudadanos palestinos de Israel acudieron a votar para salvar al Estado de Israel de sí mismo. La pregunta ahora es: ¿Quiere Israel ser salvado?“, indicó a El País Yehuda Shaul, codirector del centro de reflexión Ofek: “Tendremos que esperar y ver si los que se oponen a Netanyahu quieren salvar a Israel del fascismo o prefieren seguir demonizando a los palestinos ciudadanos de Israel”.
La pelota está en el campo de Gadi Eisenkot, quien podría sacar a Netanyahu del poder si se anima a tomar la decisión .






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