Las lluvias intensas, inundaciones y aluviones registrados durante las últimas semanas en distintas zonas del país reabren el debate sobre la preparación de Santiago para enfrentar eventos meteorológicos extremos. En un escenario marcado por El Niño, la hidrometeoróloga Lucía Scaff prevé una primavera lluviosa en la zona centro-sur y un verano con temperaturas superiores a lo normal. Ante estas condiciones, especialistas y autoridades plantean fortalecer las herramientas de anticipación y prevención, desde radares y sistemas de monitoreo hasta obras de mitigación y una planificación urbana que incorpore el riesgo climático. “En años de El Niño, el calentamiento anómalo de la superficie del océano Pacífico tropical, que en este evento es muy intenso, se transmite a la atmósfera y provoca cambios importantes en la circulación atmosférica a escala global”, explicó Scaff, académica de la Universidad de Concepción e investigadora del CR2 . Según dijo, los frentes fríos acompañados por ríos atmosféricos “funcionan como un sistema muy eficiente para producir lluvias significativas en Chile centro-sur”. Las condiciones previstas varían entre estaciones. Scaff espera “una primavera activa en cuanto a lluvias”, aunque advierte que esta estación es más difícil de predecir con precisión que el invierno. Para el verano proyecta temperaturas medias y máximas superiores a lo normal, lo que aumentaría la posibilidad de olas de calor “más frecuentes, más intensas o más prolongadas”. La especialista sitúa estas proyecciones en un contexto de cambio climático, pero advierte que atribuir un evento extremo específico al calentamiento global requiere estudios particulares. En este contexto, las autoridades consultadas plantean reforzar la anticipación de las emergencias. En Santiago, las últimas inundaciones y aluviones dejaron, según el gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego , una lección para la planificación pública. “El cambio climático ya no es una amenaza futura, es una realidad que estamos viviendo hoy en Santiago”. Esto, dijo, obliga a dejar atrás una planificación basada en condiciones del siglo pasado. Entre las prioridades que identifica Orrego están fortalecer la infraestructura para el manejo de aguas lluvias, la mantención de quebradas y cauces y la protección de las zonas expuestas. El gobernador plantea que también se requiere una mirada metropolitana. “El agua no reconoce límites comunales y, por lo tanto, las soluciones tampoco pueden depender de cada municipio por separado ni de sus capacidades adquisitivas”, sostuvo. El monitoreo es otra de las herramientas para anticipar los riesgos. Scaff explicó que, aunque es muy difícil pronosticar directamente un aluvión, sí existe capacidad para anticipar los caudales y, con ello, la probabilidad de crecidas. Esto requiere conocer las condiciones previas de las cuencas. “Un suelo ya saturado responde mucho más rápido a una nueva lluvia”, explicó. Según la investigadora, combinar observaciones con modelos atmosféricos e hidrológicos permite desarrollar sistemas operativos de pronóstico que entreguen información anticipada. En quebradas expuestas a estos fenómenos, el monitoreo de precipitaciones y caudales, complementado con obras civiles de control de crecidas, puede contribuir a reducir sus impactos. A estas herramientas se suman los radares meteorológicos. Orrego sostuvo que el Gobierno Regional está disponible para contribuir a su financiamiento, pero planteó que debe tratarse de un programa nacional, ya que los radares necesitan complementarse entre sí. “Lo que no podemos hacer es comprometer recursos que ya están destinados a otras inversiones ni asumir solos una responsabilidad que también le corresponde al Gobierno central”, señaló. El delegado presidencial de la Región Metropolitana, Germán Codina , también plantea fortalecer el monitoreo. “Los radares meteorológicos hay que considerarlos un eslabón fundamental de una cadena de monitoreo y alerta temprana que permita entregar información precisa respecto a los riesgos climáticos que hoy impactan la región”, sostuvo. Según explicó, la propuesta contempla dos radares, entre ellos uno de banda C con un radio de monitoreo de hasta 240 kilómetros, que permitiría detectar con mayor anticipación sistemas frontales y fenómenos convectivos que afecten a la cuenca. El objetivo, añadió, es “anticiparnos con horas de ventaja” y combinar esta tecnología con inversiones de largo plazo. “La tecnología nos avisa a tiempo; la infraestructura protege la vida y el hogar. Ambas deben ir obligatoriamente de la mano”, afirmó. La prevención también involucra decisiones sobre el desarrollo urbano. Según el decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo (UDD) y socio de Allard&Partners, Pablo Allard, el desafío está en modificar la forma en que se piensa y construye la ciudad. Hoy, plantea, existe mucha más información para identificar los riesgos gracias a los sistemas de información geográfica, la geología, la hidráulica, la climatología, las imágenes satelitales, los drones y los sensores. “Ya no hay excusas para volver a cometer los errores de la planificación del siglo XX, donde el objetivo era oponerse o ‘dominar’ las fuerzas de la naturaleza”, sostuvo Allard. Su propuesta es incorporar los procesos naturales al diseño urbano mediante infraestructura verde y azul. Según Allard, los parques inundables, lagunas de laminación y plazas de infiltración pueden formar parte de este modelo de “ciudad esponja”, que busca reducir el escurrimiento y, al mismo tiempo, enfrentar otros efectos del cambio climático, como el aumento de las temperaturas y el efecto isla de calor. El enfoque integra ingeniería hidráulica, geotecnia, arquitectura del paisaje y diseño urbano para contribuir a reducir los riesgos y compatibilizar estas obras con otros usos de los espacios públicos, plantea el arquitecto. La misma lógica debería aplicarse al territorio que todavía no está urbanizado, añadió. En zonas expuestas a riesgos, dijo Allard, existe mayor margen para establecer restricciones o condiciones de desarrollo. Otra tarea es abordar la situación de las familias que ya viven en lugares vulnerables. Para Orrego, la respuesta debe incorporar mapas de riesgo, obras de mitigación, sistemas de alerta temprana y, cuando no sea posible reducir el peligro, soluciones habitacionales seguras. Allard sostiene que la adaptación requerirá inversiones importantes, aunque algunas obras pueden ofrecer usos adicionales a la reducción del riesgo. “Los parques inundables y lagunas de laminación pueden ser canchas deportivas que se pueden concesionar, o plataformas para eventos masivos como festivales que pueden generar ingresos”, explicó. Las propuestas de los consultados abarcan tanto la respuesta a lluvias intensas y aluviones como la preparación frente a las altas temperaturas previstas para el verano. Aunque se trata de riesgos distintos, coinciden en la necesidad de combinar información, tecnología, infraestructura y planificación antes de las emergencias. “Prevenir es muchísimo más rentable”, dijo Orrego. “No podemos seguir esperando que ocurra una tragedia para hacer las inversiones que sabemos que Santiago necesita”, añadió.
Las lluvias intensas, inundaciones y aluviones registrados durante las últimas semanas en distintas zonas del país reabr





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