Las personas tienen un control considerable sobre la imitación de acentos ajenos , pero ciertos rasgos fonéticos que perciben como socialmente relevantes se filtran de manera involuntaria en su habla, según un estudio reciente publicado en la revista Laboratory Phonology por investigadoras de la Universidad Estatal de Ohio . La investigación, liderada por la profesora de lingüística Kathryn Campbell-Kibler junto a su colega Cynthia Clopper , convocó a 136 hablantes de inglés estadounidense que escucharon grabaciones de una mujer australiana y recibieron instrucciones distintas: imitar su acento, evitar imitarlo o simplemente repetir las palabras escuchadas. Los resultados mostraron que los participantes lograron controlar con facilidad si sonaban o no como la hablante, siempre que recibieran indicaciones explícitas. Sin instrucciones, los participantes solo imitaron los rasgos más llamativos Cuando no se les dio ninguna directriz sobre si debían imitar o no a la hablante, los participantes tendieron a reproducir un único rasgo fonético, como la omisión del sonido “r” en palabras como near . Según el estudio, este comportamiento podría deberse a un reflejo automático, a un juego lingüístico deliberado o a una combinación de ambos. “Las personas son bastante buenas controlando si suenan como alguien, si se les pide que lo hagan, pero los rasgos del acento que consideran socialmente significativos y notables van a interferir con ese control” , explicó Campbell-Kibler en declaraciones recogidas por Phys.org . La investigadora añadió que, sin instrucciones, las personas tienden a reproducir los aspectos del acento que notan o les resultan interesantes. Las expectativas del cerebro terminan anulando lo que el oído escucha El estudio también reveló un fenómeno inesperado relacionado con las expectativas lingüísticas. Los participantes copiaron inicialmente el sonido vocálico australiano en palabras como trap , pero dejaron de hacerlo de forma gradual cuando la hablante utilizó vocales australianas más amplias y marcadas en palabras como bath . Los investigadores interpretaron esto como una colisión entre lo que el cerebro anticipa y lo que percibe en tiempo real. “Obtuvimos este efecto general: lo que crees que ella suele sonar termina aplastando el ejemplo concreto que acabas de escuchar” , describió Campbell-Kibler. En otras palabras, los participantes habían construido un modelo mental de cómo debía sonar el acento de la hablante y, cuando la grabación se alejó de esas expectativas, abandonaron la imitación de ese rasgo particular. El prestigio del acento eliminó la inhibición de los participantes Un hallazgo adicional llamó la atención de las investigadoras: ningún participante mostró reticencia a la hora de imitar el acento australiano. En el artículo, las autoras señalan que la hablante modelo usaba un dialecto probablemente bien valorado por los participantes , lo que permitió estudiar la imitación de rasgos dialectales en una variedad de habla prestigiosa. Campbell-Kibler explicó que la hablante era percibida como miembro de “un grupo valorado positivamente por la mayoría de los estadounidenses” y que, por tanto, “no se siente que uno se esté burlando de alguien de la misma manera que podría sentirse si fuera un grupo estigmatizado” . El estudio se realizó en un museo de ciencias de Columbus La investigación se llevó a cabo en el Laboratorio de Investigación en Ciencias del Lenguaje de la Universidad Estatal de Ohio , ubicado dentro del Centro de Ciencia e Industria de Columbus (COSI). La grabación utilizada como estímulo correspondía a la voz de una mujer australiana universitaria, blanca, veinteañera y originaria de Perth . El objetivo de Campbell-Kibler al diseñar el experimento fue profundizar en cómo la mente procesa el lenguaje, con particular interés en la manera en que la percepción —lo que una persona acaba de escuchar— influye en el habla que produce a continuación. La lingüista señaló que la adquisición de acentos sigue siendo un interrogante abierto para la disciplina. “¿Cómo es que no siempre adoptamos el acento de todo el mundo? Esta es en realidad una enorme incógnita” , afirmó. Ejemplificó con el caso de parejas con acentos diferentes, que pueden adoptar algunos rasgos del habla del otro sin llegar a sonar iguales, incluso tras décadas de convivencia. O con personas que mudaron su acento regional y solo lo recuperan al hablar con sus familias. En futuras investigaciones, Campbell-Kibler espera profundizar en los mecanismos de la imitación automática y el juego lingüístico deliberado, con el objetivo de lograr una comprensión más clara de cómo el cerebro procesa el habla.
Las personas tienen un control considerable sobre la imitación de acentos ajenos , pero ciertos rasgos fonéticos que per





Comments