París, 2 oct (EFE).- El sociólogo francés Michel Kokoreff advierte de que las protestas juveniles en Francia van mucho más allá de una reivindicación educativa y reflejan una crisis social y política que atraviesa Europa. "Una sociedad que se desconecta del futuro de su juventud es una sociedad enferma", dice en una entrevista con EFE. Una frase en la que este profesor de la Universidad París 8 resume una de las claves para entender las recientes movilizaciones en Francia: más allá de las reivindicaciones educativas que desencadenaron las protestas, lo que está en juego es una fractura generacional y social. "Estamos asistiendo a una toma de conciencia colectiva y a la escritura de una página de la historia", sostiene el autor de 'Émeute', 'La diagonale de la rage', 'Spectres de l'ultra-gauche' o 'Violences policières, généalogie d'une violence d'État'. Para Kokoreff, este movimiento social comenzó de forma inesperada, protagonizado por estudiantes de secundaria de barrios populares de la periferia de París, que denunciaban el deterioro de las condiciones de enseñanza, la falta de profesores o la opacidad del sistema de acceso a la universidad. Problemas que, recuerda, los sindicatos de docentes y las asociaciones de padres llevaban una década denunciando. Pero la protesta pronto desbordó el ámbito educativo. Se incorporaron estudiantes universitarios, trabajadores del sector público y ciudadanos movilizados contra el encarecimiento del coste de la vida, las desigualdades o las actuaciones policiales. "La cólera, por sí sola, nunca constituye un movimiento social", explica Kokoreff, director también de programas en el Colegio Internacional de Filosofía de París. Las detenciones y la fuerte intervención policial contra los bloqueos estudiantiles terminaron convirtiéndose, según él, en un factor de cohesión de la protesta. El 17 de octubre marcó un punto de inflexión. Una convocatoria impulsada por antiguos participantes del movimiento de los 'chalecos amarillos' reunió a miles de personas en distintas ciudades, pero la jornada estuvo acompañada de saqueos y enfrentamientos. "Se produjo una especie de operación mágica: transformar a los manifestantes en vándalos", sostiene Kokoreff, al lamentar la visibilidad, en su opinión, desproporcionada de los actos violentos, mientras quedó relegada la movilización mayoritaria y pacífica. "Los saqueadores son algunos cientos. Los manifestantes son varios cientos de miles", insiste, al tiempo que rechaza interpretar la violencia como una característica irracional de la juventud. Al contrario, lo más significativo de estas protestas, dice, es la madurez política que está mostrando una juventud a menudo retratada como individualista, dependiente de las pantallas o desinteresada por la vida colectiva, y marcada por la impronta de la pandemia. Kokoreff cree que los acontecimientos dejarán una huella duradera en quienes hoy tienen 15 o 16 años. Como ocurrió con Mayo del 68 para otra generación, considera posible que este otoño se convierta en una referencia fundamental para los jóvenes que están cuestionando el mundo que los adultos les ofrecen. No sabe qué resultado tendrá este proceso ni hacia dónde conducirá la movilización, pero considera que algo ha cambiado. Kokoreff sitúa las movilizaciones en Francia en un contexto más amplio, ya que no es una excepción: Italia, Bélgica, Albania y España también han registrado expresiones de malestar social. Aunque cada país tiene sus particularidades, identifica causas comunes: políticas neoliberales, debilitamiento de los servicios públicos, pérdida de poder adquisitivo y concentración de la riqueza. "Es el mismo capitalismo autoritario que intenta imponerse por la fuerza", manifiesta. A su juicio, la sucesión de protestas de la última década en Francia, desde los 'chalecos amarillos' hasta las movilizaciones contra la reforma de las pensiones, refleja una acumulación de frustraciones que no han encontrado respuestas políticas satisfactorias en esta década de macronismo. "El balance de Emmanuel Macron es un doble fracaso: el del capitalismo autoritario y el del neoliberalismo securitario", mantiene Kokoreff, quien le imputa además haber provocado "una polarización muy fuerte" en Francia, donde la sociedad, cada vez más envejecida, "se ha lepenizado". Y ese es el riesgo, dice, que el malestar termine alimentando a la extrema derecha a seis meses de las elecciones presidenciales, pero señala que los resultados no están escritos de antemano. "No hay que creer demasiado en los sondeos ni en las profecías autocumplidas", apunta Kokoreff, quien se remite a un ejemplo reciente. "¿Por qué la gente estuvo tan pendiente de las elecciones en Brasil y por qué una parte se sintió aliviada al ver reelegido al viejo presidente Lula? Porque existe el temor, la pesadilla de ver cómo los regímenes se convierten o vuelven a convertirse en extremistas o fascistas". Catalina Guerrero
París, 2 oct (EFE).- El sociólogo francés Michel Kokoreff advierte de que las protestas juveniles e




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