Si Flávio Bolsonaro gana el balotaje , el primer cambio entre Argentina y Brasil no va a ser un tratado: va a ser una mesa que hoy está cerrada. Javier Milei ya lo felicitó después de la primera vuelta y habló de “empezar a trabajar juntos”. Con Lula el vínculo quedó reducido a encargado de negocios, después de los insultos públicos. El comercio , mientras tanto, no se frenó: en 2025 el intercambio llegó a USD 31.195 millones, el mayor en 13 años, y entre enero y agosto de 2026 el déficit argentino bajó de USD 4.119 millones a USD 1.635 millones. La política enfrió la diplomacia. No desarmó la cadena. Una victoria de Bolsonaro le conviene a la Argentina por dos vías que se refuerzan entre sí: Política : se reabre el canal directo y se puede hablar de lo que las empresas ya reclaman. Precios relativos , y es la que más pesa en el corto plazo. A la Argentina le viene bien una apreciación del real porque Brasil explica cerca del 31% del tipo de cambio real multilateral. No es un detalle de manual. Es el peso del principal socio en la competitividad de las exportaciones industriales . A la Argentina le viene bien una apreciación del real porque Brasil explica cerca del 31% del tipo de cambio real multilateral El lunes 5, al día siguiente de que Flávio terminara adelante con el 47% contra el 45% de Lula, el dólar en Brasil perforó los 5 reales por unidad: el spot abrió en R$ 4,97, desde R$ 5,2165 del viernes, y el futuro de noviembre cayó cerca del 4,4%. Goldman Sachs, antes del voto, proyectaba un real en torno de R$ 4,5 si ganaba la oposición y cerca de R$ 5,8 si se imponía Lula, con un spot entonces en la zona de 5,17 reales. Un real más fuerte abarata, en términos relativos, el producto argentino en el mercado brasileño sin que el Banco Central tenga que convalidar una devaluación del peso. Es, en la práctica, una ganancia de competitividad que no pasa de inmediato a la inflación local. Un real más débil hace lo contrario: encarece las exportaciones, alivia las importaciones desde Brasil y le quita margen a la política cambiaria. El indicador bursátil Ibovespa, ese lunes, superó los 209.000 puntos y llegó a subir cerca del 9%. El mercado no votó: descontó ajuste fiscal y un real más firme. El acuerdo automotor, la primera prioridad Ese canal no alcanza solo. Hace falta agenda. La primera prioridad, si hay sintonía, es el acuerdo automotor, que vence el 30 de junio de 2029 y hoy está paralizado por la grieta y no por las terminales. Autos y autopartes concentran cerca del 40% del comercio bilateral. Adefa y Anfavea sostienen que 2029 “es ya”, porque las inversiones se deciden a cinco años. El régimen camina al libre comercio bilateral con un arancel externo del 35%. La industria argentina teme una liberalización total que traslade plantas a Brasil. Adefa y Anfavea sostienen que 2029 “es ya”, porque las inversiones se deciden a cinco años. El régimen camina al libre comercio bilateral con un arancel externo del 35 por ciento Del lado brasileño hay quien aceptaría el libre comercio, pero bajando el arancel extrazona hacia el 20%, para competir con China: en 2025 Brasil importó 270.000 vehículos electrificados, el 60% de origen chino. Un gobierno alineado puede sentar a las terminales y cerrar una transición con cupos, reglas de origen y un arancel externo más bajo, en vez de dejar que el calendario corra solo. Energía, minería y agro: el otro carril bilateral La segunda pata es energía y minería, y no exige reformar el Mercosur. Vaca Muerta ya empuja petróleo y gas. Brasil es el mercado natural del gas argentino y un socio posible en GNL, fertilizantes y minerales. Con Lula ese carril quedó trabado por la diplomacia. Con Bolsonaro alcanza un memorándum de infraestructura y contratos de largo plazo. El agro tiene menos margen: Brasil ya compra trigo y lácteos, pero también compite en soja y carne. Ahí el avance es sanitario y de licencias, no un salto de volumen. La sintonía regional y el Mercosur En lo regional, la sintonía cambia el tono del bloque. Milei pide, desde Foz de Iguazú en diciembre de 2025, pasar de unión aduanera a zona de libre comercio, bajar el Arancel Externo Común y dejar que cada socio negocie afuera. Flávio, en una carta al representante comercial de Estados Unidos, planteó liberar a Brasil de las ataduras del Mercosur para negociar en forma bilateral, tomando el acuerdo argentino-estadounidense como modelo. Argentina ya pidió ingresar al Cptpp (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico) y abrió un trato con Emiratos. Con los dos gobiernos alineados, esa flexibilidad deja de ser un reclamo unilateral. La primera prueba sería la cumbre de Montevideo del 4 de diciembre. Brasil no va a salir de los Brics aunque gane Bolsonaro: China es comprador decisivo de sus materias primas y fuente de inversión El límite hay que decirlo. Brasil no va a salir de los Brics aunque gane Bolsonaro: China es comprador decisivo de sus materias primas y fuente de inversión. Un eje Milei-Bolsonaro acelera la apertura con Estados Unidos y la agenda bilateral. No rearma el Mercosur como plataforma única. Y el balotaje sigue abierto: el mercado ya puso precio a una probabilidad alta de triunfo opositor, no a un hecho consumado. Si esa probabilidad se confirma, la Argentina gana un socio con el que puede hablar y un real que, si se sostiene, le mejora la cuenta externa sin tocar el tipo de cambio nominal. Si no se confirma, el comercio sigue. La mesa, no. El autor es analista económico y director de la consultora Focus Market
Si Flávio Bolsonaro gana el balotaje , el primer cambio entre Argentina y Brasil no va a ser un tratado: va a ser una me




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