Ser hincha de Racing, afirman, es un sentimiento inexplicable . Es, desde la cuna, ver la vida en celeste y blanco. Aunque existan nubarrones. Y si hay tormentas, ser leal siempre. Amar sin condicionamientos. Tener un poco de locura y creer en lo imposible. Una mujer reunió todas esas condiciones todo el tiempo, y pese a todo: Tita Mattiussi . Y un sitio fue el epicentro de su vida: el Cilindro de Avellaneda. Tita Mattiussi, Racing y el Cilindro , una santísima trinidad albiceleste, se conjugan para convertir a esta tierra sagrada en el paraíso de la vida eterna. La prueba es contundente: Elena Margarita Mattiussi está más viva que nunca , pese a que los registros indiquen que nació el 19 de noviembre de 1919 y que murió el 3 de agosto de 1999. Retumban los aplausos, mientras su sobrino Luis llora y dice, en voz alta, que la tía volvió al lugar del que nunca debió marcharse: el estadio de la Academia , su casa. En un emotivo acto con familiares y personas vinculadas al universo racinguista, las cenizas de esta mujer que fue emblema del club ya descansan en su verdadera casa: el Cilindro de Avellaneda. La idea se motorizó en menos de un mes. El disparador, una pregunta: “¿Dónde está Tita?” . La mujer que nació, vivió, amó, festejó, lloró, defendió y honró a Racing dentro del Cilindro de Avellaneda, no se encontraba allí desde hacía 27 años. “Este momento es especial para nosotros, lo veníamos esperando hace mucho . En estos años hubo proyectos, como poner su estatua en la antigua casa de las palmeras (una de las esquinas del estadio), pero sentía que no era el lugar, aunque igual lo hubiéramos aceptado”, relata Luis Dorigo , sobrino de la hincha N°1 de la Academia, en diálogo con LA NACION . “Después había sido la propuesta de tirar las cenizas acá en el club. Y, la verdad, nosotros dijimos que no: ¡mi tía odiaba que se tiraran las cenizas! Odiaba eso, no le gustaba. Decía que eso traía mala suerte” , revela con una mueca de sonrisa Luis, mientras su hermano Francisco asiente dentro del estadio de la Academia, un escenario que para ellos resulta extremadamente familiar: “Y después surgió esto, que para nosotros es un acto de justicia para lo que ella hizo y amó a Racing”. Marcelo Izquierdo , autor del imprescindible libro Tita, 100 años de la Madre de la Academia , lo había detallado en su obra: cuando Racing iba a remodelar su estadio y darle nacimiento al Cilindro, Mattiussi se negó a una mudanza al centro de Avellaneda , donde la dirigencia le había ofrecido un departamento para ella y sus padres, César e Ida, canchero y lavandera del club, cuyas cenizas también fueron llevadas al estadio en un acto reivindicatorio para la familia. “La tía no quiso saber nada con irse, lloró y dijo ‘yo de acá, no me voy’. Lo contaba mi abuelo”, certifica Luis Dorigo, quien sentado en la sala de prensa del estadio ubica la mirada en un punto fijo, como si proyectara la película de aquellos tiempos y reconstruye cómo era la vivienda que el arquitecto que diseñó el Cilindro tuvo que idear para Tita , don César y doña Ida: “Era de tres ambientes. Tenía el comedor y después venía un pasillito. Del pasillito a la derecha, daba el baño de frente y tenía las habitaciones. La de mis abuelos era la de adentro y la de la ventana, de mi tía”. La casa por momentos era, también, de Cecilio , el caballo al que Tita adoraba y tenía como mascota. “Cecilio era espectacular: ¡con la cabeza abría la puerta de la casa de la tía Tita y entraba! Y si la puerta estaba cerrada, pegaba una patada como para que le abrieran. Uno ya lo conocía, entonces mi tía abría, le daba un pedazo de pan duro y con la mano lo hacía salir para que no se metiera. Cuando ella no estaba, tenía que cerrar con llave por si Cecilio andaba cerca”, rememoran los hermanos Luis y Francisco. Ambos, además, recuerdan con cariño la otra vía de salida a la que daba la casa de Tita: “Después de la cocina, del pasillito a la izquierda ibas a los pasillos de Racing. Ibas al lavadero y siguiendo todo por adentro de la tribuna, salías al ángulo izquierdo de donde iba La Guardia Imperial”. “Con mi hermano íbamos a la tribuna, poníamos tres tablones, pasábamos por arriba del foso, entrábamos a la cancha y jugábamos a la pelota , mientras mi abuelo cortaba el pasto”, pintan los hermanos Dorigo aquellas jornadas vividas décadas atrás. El famoso Cecilio no era el único animal en cuestión. En la cancha, además de ver cómo la abuela Ida y, años después, la tía Tita, tendían las remeras lavadas para los jugadores, otro recoveco tenía una historia particular: “Abajo de la tribuna terminábamos en la conejera: el abuelo César criaba conejos para vender . Para nosotros era natural decir que en una parte de la cancha estaba la conejera, ¡tenía 200 conejos! Íbamos a darle de comer, nos gustaba, pero no sabíamos que después los vendían y se los comían”. “Para nosotros es normal contarlo porque lo vivimos siempre así, pero si lo pensás un segundo, era algo muy loco. Y no sabés el poder que ella tenía, ¡el carácter que tenía Tita! A los entrenadores los peleaba defendiendo a los pibes , decía que eran los pibes de ella, los cuidaba en la pensión y les decía a los técnicos que los pusieran” , reconstruyen sus sobrinos sobre aquel rol protector de una fanática que se convertía en la madre de los juveniles del club. Acto de justicia, después del fallecimiento de esta mujer icónica, el predio de las categorías formativas albicelestes que levantaron los propios hinchas, también en Avellaneda, sería bautizado Tita Mattiussi . Un caso único, como el de la vida de ella. En las inmediaciones del Cilindro, además, una de las costumbres de Tita era acercarse a ver cómo jugaban los más chicos. Antes de convertirse en futbolista y campeón, uno de aquellos juveniles era Diego Milito . “Recuerdo cuando jugábamos en esa cancha, pasábamos caminando hacia ahí y había una pared donde estaba apoyada Tita y nos saludaba” , dijo el ahora presidente de Racing, en el Recinto de Honor del club, durante la ceremonia en la que las urnas con las cenizas de Tita, César e Ida fueron depositadas en la base de una escultura realizada por Hugo Ciciro en 2019, bajo la gestión del Departamento de Cultura de aquel entonces: Mattiussi, con los brazos abiertos y una camiseta de la Academia, con una amplia sonrisa. “Ella estaba o contenta o enojada, nunca estaba triste. ¡Amarga nunca! El que la definió bien fue el Turco García , que dijo ‘Tita es como Racing: o te amaba o te odiaba’; y era exactamente así. Si no quería a alguno, no iba a decirlo nunca, pero en el trato esa persona iba a notarlo”, especifica Luis Dorigo sobre el semblante y el ánimo de la tía, de quien también señala que “nunca insultaba y siempre trataba de ‘usted’ , hasta a los pibes de inferiores. Lo tenía incorporado”. Uno de los motivos de felicidad para Tita era estar cerca de los integrantes de cada plantel, con quienes –según las generaciones en cuestión -fue considerada una especie de hija, hermana, madre, abuela y/o amiga. La mayor alegría que experimentó como fanática fue que Racing se consagrara campeón del mundo , en 1967. El Archivo Histórico del club, entre otros tesoros que guarda, halló una foto inédita: Tita, mirando hacia el frente, retratada de perfil en el vuelo hacia Glasgow, donde fue la única hincha presente para alentar a la Academia en la final de ida con Celtic, en la final Intercontinental. Aquella travesía, a la que fue especialmente invitada por el plantel dirigido por Juan José Pizzuti , la marcó para siempre. A los jugadores, tanto en aquel entonces como en otros momentos de su vida, ella les hacía un pedido: que autografiaran revistas deportivas y/o fotos para guardarlas. Fernando Raimondo , del Archivo Histórico racinguista, les mostró a los familiares de Tita cómo ella guardaba varios de esos recuerdos. Muchas de las publicaciones y también otros elementos hoy preservados habían sido recopilados y donados por Federico Ronsino , periodista partidario que durante su vida bregó por reivindicar a Racing y su historia. Además, entre las reliquias de Tita, se destacaba una camiseta de Santos que había sido usada por Pelé . El mediocampista Juan Carlos Rulli , quien había enfrentado a O Rei , fue el que le cedió la casaca que había intercambiado con el crack y se la regaló a la mujer a la que consideraba parte de su familia. Tanto él como otros héroes de aquel plantel que llevó a Racing a la cima del planeta compartían juntadas en la casa de Tita, donde se daban el gusto del permitido de un vermouth. Con Tita, la comida nunca faltaba . No sólo para los jugadores, también para sus amadas mascotas. “Todos los días cocinaba una olla grande así (hace un gesto separando las manos) con arroz. Y le ponía hígado también, ¡una baranda! (risas). La cocina era muy cerrada, pero ella preparaba ahí la comida a todos sus animales. Los jugadores entraban y la cargaban con el olor, le tenía que dar de comer a un ejército de perros”, apuntan entre sonrisas los hermanos Dorigo, quienes tampoco olvidan que Daniel Killer , apodado el Perro, le hizo una broma extrema que enojó mucho a la tía: “¡Killer le metió un gato en la heladera! La tía se agarró una bronca” . En las peores épocas, Tita se las ingeniaba para que un pizzero amigo del barrio, hincha de Independiente, garantizara unas porciones para los chicos de la pensión . Al Loco Corbatta , el crack cuyo apellido es el pasaje empedrado que está detrás del mástil icónico del estadio Presidente Perón , Tita también supo cobijarlo después de noches en las que el ídolo recibía los trancazos de festejos excesivos. En uno de los amaneceres en los que el intrépido wing llegó al Cilindro, la postal de seis militantes fusilados en un operativo clandestino fue impactante : durante la madrugada de ese fatídico 22 de febrero de 1977, había sido la mismísima Tita la que abrazó y contuvo a cada pibe de la pensión por lo sucedido . “La tía Tita se merecía estar acá. Su historia no se da en ningún club : que una persona nazca en el club, porque ella nació en la casilla de la vieja cancha acá, y que pase toda su vida en este lugar, no existe. En un momento, el único teléfono del club era el de la casa de Tita, entonces vos te comunicabas con Racing a través de ella. Tenía las llaves del estadio, de todo” , la describen sus familiares ante LA NACION , con el orgullo de siempre y la emoción de atravesar el tiempo con los recuerdos de esta mujer inigualable. Simbiótica relación , la partida física de Mattiussi fue apenas cinco meses después de la declaración de quiebra de Racing. “Ella se enfermó por todo lo que pasaba, sufrió mucho esos momentos, no tengo dudas” , expone su sobrino Luis, quien junto con Lisandro Díaz –uno de los sobrino nietos de Tita- fue el encargado de alojar las urnas de ella, don César y doña Ida en el Recinto de Honor de la Academia. “A mí me gustaría repetir mi vida con Racing” , había asegurado, en 1945, mano a mano con la Revista Racing . Aquel deseo expresado hace 81 años es una realidad: eterna, Tita está en su casa para alentar a la Academia.

QUOTE · 引述
El que la definió bien fue el Turco García , que dijo ‘Tita es como Racing: o te amaba o te odiaba’; y era exactamente a