Seguro que más de una vez te has quedado atrapado frente a la televisión viendo el último “salseo” de los famosos o has ojeado l as revistas del corazón en la sala de espera del médico. Pero ¿alguna vez te has preguntado quién fue el loco que inventó el oficio de perseguir a los famosos y airear sus trapos sucios en nuestro país? Para encontrar al primer “paparazzi” oficial de la historia de España no tenemos que viajar a la Inglaterra de Lady Di ni a los platós de televisión modernos, sino al Madrid del siglo XIX, en pleno reinado de Isabel II . En una época donde la prensa solo hablaba de sesudos discursos políticos o religión, un periodista descubrió que era mucho más divertido contar con quién coqueteaban las marquesas en los palcos del teatro. Su nombre era Ramón de Navarrete , pero todo el mundo lo conocía y temía bajo un alias escalofriante: “Asmodeo”, el demonio de los secretos. Corría el año 1849 cuando el diario La Época revolucionó los quioscos de la capital. Navarrete, un hombre refinado que se movía como pez en el agua entre la aristocracia, empezó a publicar unas crónicas sociales tan afiladas que congelaban la sangre de la alta sociedad madrileña. Según revelan las investigaciones históricas sobre el periodismo decimonónico, recogidas en los archivos del diario ABC , este pionero adoptó su pseudónimo inspirándose en el mito literario del diablo. Navarrete demostró antes que nadie que el cotilleo y la curiosidad por la vida ajena no eran una distracción menor, sino un motor económico capaz de multiplicar las ventas de cualquier periódico. Con su prosa cercana, ágil y descarada, consiguió que las clases populares devoraran la prensa no para entender los complejos decretos del gobierno, sino para ver cómo los intocables de la corte bajaban de su pedestal. Así nació una industria millonaria basada en vigilar al famoso que hoy sigue más viva que nunca en las portadas de papel cuché y en los vídeos virales de TikTok. Los escándalos en la corte de Isabel II En pleno siglo XIX, ser el objetivo de este paparazzi en el entorno de la soberana era una auténtica ruleta rusa. Navarrete no se amedrentaba ante el rígido protocolo de la corte de Isabel II y analizó al milímetro el vestuario y los comportamientos de todos sus cortesanos. Si una condesa del círculo íntimo de la reina aparecía con encajes que parecían de contrabando barato, o si un joven militar pasaba demasiado tiempo charlando en un rincón con una dama casada de la alta alcurnia, el periodista lo cazaba al vuelo. Aunque la censura de la época era feroz y no podía atacar directamente a la Corona, Navarrete dejaba caer sutiles metáforas sobre “las miradas delatoras en los palcos privados de la reina” que encendían de inmediato los rumores y las alarmas en todo Madrid, convirtiendo las fiestas palaciegas en un campo de minas para la reputación de la nobleza. Cómo se convirtió en una profesión Lo más fascinante de la figura de Ramón de Navarrete es que convirtió el “olfato de paparazzi” en un oficio respetable y extraordinariamente bien pagado. Las empresas periodísticas de la época descubrieron horrorizadas, pero encantadas, que el morbo vendía muchísimo más que los debates del Congreso. El éxito de sus crónicas fue tal que Navarrete acabó escalando posiciones gracias a sus exclusivas hasta convertirse en el director del periódico La Época , demostrando que el periodismo de sociedad era el verdadero negocio del futuro. Su figura e impacto fueron tan relevantes que incluso grandes de la literatura española como Benito Pérez Galdós elogiaron años más tarde su capacidad única para actuar como el gran testigo de su tiempo , retratando como nadie las costuras, las mentiras y las apariencias de la burguesía isabelina.
Para encontrar al primer “paparazzi” oficial de la historia de España no tenemos que viajar a la Inglaterra de Lady Di n

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