En un entorno social donde las plataformas digitales se han integrado de manera definitiva en el desarrollo personal y afectivo de los menores, comprender el impacto real en su salud mental se ha convertido en un reto para muchas familias. Y es que, cuando un adolescente atraviesa una situación grave de dolor psicológico, puede ser capaz de ocultarlo a través de estos medios a la par que fomenta su aislamiento . Para Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda de ANAR, la tecnología es especialmente arriesgada, ya que muchos jóvenes “pueden encontrarse con personas potencialmente peligrosas y contenidos nocivos que generan un alto impacto en su desarrollo”. Por eso, esconder el malestar es nocivo para la salud, sobre todo en aquellos casos en los que los jóvenes empiezan a desarrollar una conducta autodestructiva. Según el último informe de ANAR, su proyecto recibió 6.467 llamadas de niños y adolescentes durante el último año por comportamiento o pensamientos suicidas, de los cuales 1.405 ya habían iniciado la tentativa. Paloma Huertas , doctora en Psicología Clínica y terapeuta de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF), sostiene que “el fenómeno suicida es muy complejo y la capacidad de predicción, limitada”. De este modo, en una entrevista con Infobae , la psicóloga clínica sostiene que “retirar abruptamente o restringir de manera indiscriminada las redes, sin entender primero qué función están cumpliendo, puede significar, en algunos casos, quitarle precisamente uno de los pocos espacios en los que se siente acompañado o comprendido”. “La cantidad de contactos que uno tenga no equivale a la calidad de las relaciones o del vínculo” La hiperconectividad y la exposición constante a las redes sociales nos hacen pensar muchas veces que la vida y el bienestar de nuestro entorno pueden ser estables. Sin embargo, la realidad en ocasiones es más oscura, pues un adolescente puede estar muy conectado digitalmente y encontrarse profundamente aislado. “La cantidad de contactos que uno tenga no equivale a la calidad de las relaciones o del vínculo”, señala la doctora Huertas, al explicar que un joven puede intercambiar cientos de mensajes al día y sentir que no tiene a nadie a quien confesarle su dolor. No obstante, la experta insiste en que las relaciones online también pueden brindar una auténtica sensación de pertenencia o apoyo que el menor no encuentra en su entorno presencial. Por ello, subraya que “ más que preguntarnos únicamente cuánto utiliza las redes , tendríamos que preguntarnos qué función cumplen en ese adolescente concreto”. Al final, como subraya, “en las redes existe una tendencia general a seleccionar qué mostramos y a compartir determinados momentos de nuestra vida, muchas veces los más positivos”. Por este motivo, más que intentar averiguar si un joven pretende aparentar que todo marcha bien, la psicóloga clínica recomienda prestar atención a las discordancias evidentes y prolongadas entre la imagen proyectada en redes y su comportamiento en la vida cotidiana. Huertas precisa igualmente que “ no existe una señal aislada que por sí sola nos indique que estamos ante una situación de riesgo”. Más bien, lo que suele preocupar a los terapeutas familiares es “la acumulación de cambios respecto a su funcionamiento habitual hasta ese momento”. De esta forma, la doctora aboga por mostrarles un enfoque pedagógico alejado de dogmatismos: “Lo recomendable es no plantear las redes sociales en términos de buenas o malas de manera categórica, sino valorar qué influencia tiene su uso en cada adolescente”, aconseja. Según la doctora Huertas, las propias plataformas deben regular y responsabilizarse del acceso de los menores y los adultos deben acompañar positivamente a sus hijos. Así podrán ayudar a “desarrollar su propia capacidad de autorregulación y criterios de autocuidado en el uso de la tecnología”. Pero, como reitera, “no se trata solo de decir qué está permitido o prohibido, sino también de ayudarles a comprender por qué determinados usos pueden ser positivos o perjudiciales para ellos”. Recurso informativo y de apoyo En momentos de gran sufrimiento, es posible encontrar salidas y superar las dificultades con el acompañamiento adecuado. No tienes que pasar por esto a solas: familiares, amistades, entidades sociales y profesionales sanitarios (en atención primaria y salud mental) están a tu disposición para ayudarte. Si tú o alguien de tu entorno está pasando por un momento complicado, pedir apoyo a las personas cercanas, a asociaciones o a profesionales sanitarios es un paso decisivo. Hay equipos de atención primaria, especialistas en salud mental y organizaciones totalmente dispuestas a escucharte y ofrecerte orientación. A continuación dejamos una lista de contactos a los que puedes recurrir: Contacta con tu centro de salud o con los profesionales de atención primaria y salud mental de referencia. En situaciones de riesgo inminente o necesidad urgente de atención, llama inmediatamente al 112 . Puedes consultar información contrastada y encontrar redes de acompañamiento en entidades como Papageno.es, la Confederación Salud Mental España o la Red AIPIS.
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