De la exclusión de la escritora argentina Ariana Harwicz de un importante festival literario español, al activismo explícito de Macklemore en escenarios masivos que le costó salir del tour de Ed Sheeran : el impacto de la Guerra en Gaza en el campo cultural divide a los artistas y creadores. En un ecosistema donde el silencio se interpreta como complicidad y la postura como afrenta, se abren las siguientes preguntas: ¿hay límites en la libertad de expresión? ¿Hay una censura en sacar a alguien de un evento? ¿Los artistas deben manifestar sus posturas políticas? El pasado 14 de septiembre, el rapero estadounidense Macklemore informó en un comunicado que ya no sería el telonero de la gira de Ed Sheeran. “Ed Sheeran y su equipo tomaron la decisión de removerme de The Loop tour ” , escribió en Instagram. Y es que en dos conciertos de la gira, Macklemore usó el escenario para dar su postura en torno a la Guerra en Gaza : “Una de las razones por las que quería hacer parte de este tour es porque quería pararme sobre los escenarios de estadios a lo largo de Estados Unidos para decir dos palabras que son muy importantes para mí: Palestina libre ”. Sus palabras disgustaron al Consejo Estadounidense Israelí , quienes pidieron su expulsión de los conciertos. Al descontento se sumaron otros artistas como Pink y Boy George , líder de Culture Club. View this post on Instagram Las consecuencias llegaron pronto. Macklemore reveló que fue marginado de la gira tras lanzar proclamas pro-Palestina. Según el rapero, presiones de los propietarios de recintos como el Gillette Stadium llevaron a la organización a darle un ultimátum a Sheeran: el retiro del telonero o la cancelación de las fechas. La noticia generó reacciones inmediatas: otros teloneros de la gira del británico renunciaron a sus shows en solidaridad a Macklemore y Palestina. Ed Sheeran respondió en una publicación de Instagram donde estableció que quienes asisten a sus shows “no esperan un foro político” y que elegir no dar su opinión sobre el conflicto no significa que no tenga una. Ese debate sobre libertad de expresión también abre una puerta a las conversaciones en torno a la censura. ¿Macklemore fue censurado? Para el académico del Instituto de Éticas Aplicadas UC y especialista en ética de la guerra, Fernando Arancibia, la censura aparece cuando existe asimetría de poder , por ejemplo, de un Estado a un ciudadano. Para él, en este caso, sí aplicaría. “Por mucho que sea un particular el dueño del estadio, hay una asimetría de poder que lo que busca es censurar un discurso que es pro dignidad humana ”, dice a Culto . El caso de Ariana Harwicz En otro caso, en Francia la escritora argentina de origen judío Ariana Harwicz informaba por X que fue desprogramada del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur Alh , a realizarse del 21 al 27 de septiembre en Granada. “ Me desprogramaron en el último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror. Yo quería ir igual aunque hicieran una manifestación, dijeron que sería peligroso. Será un Festival sin disidencia. Qué pena por los estudiantes”, escribió . Rita Laura Segato, la chilena Lina Meruane , Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro y Ángelo Néstore, que también estaban invitados al evento, respaldaron la decisión de la organización, tres días después. A través de una declaración conjunta, afirmaron: “Consideramos que la libertad de expresión es un valor central de la vida en sociedad, pero dicha libertad tiene límites tipificados por la ley: la injuria, la difamación y la incitación al odio, entre otras”. View this post on Instagram “Harwicz no solo ha descrito la práctica pacífica del boicot antisionista como ‘ataque antisemita’, plegándose acríticamente a la posición del gobierno israelí de igualar la religión judía con la ideología colonialista (...) Creemos que quienes niegan un genocidio , así como quienes antes negaron el holocausto judío, contribuyen a legitimar la negación del exterminio racista de todo un pueblo y se hacen políticamente cómplices de estos hechos”, agregaron. “Todo festival cultural o literario, está en su derecho a excluir a quienes entorpecen o exceden los límites de la libertad de expresión” , escribieron. Tras la exclusión, el escritor irlandés John Banville declinó la invitación a la misma instancia. No dio declaraciones en ese entonces y tampoco hasta ahora. En un manifiesto , más de mil personas apoyaron a la autora argentina : “Ningún escritor debería ser excluido de un encuentro cultural por sus posiciones públicas. Defender la libertad de expresión solo para quienes piensan como nosotros no es defenderla (...) Este comunicado no exige compartir las opiniones de Ariana Harwicz . Exige algo anterior: que nadie sea apartado de la vida cultural por sostener ideas propias, y que ningún desacuerdo se convierta en una condena personal”. La declaración fue firmada por algunos chilenos, como el escritor Carlos Franz y nombres como Roberto Brodsky , Andrea Jeftanovic y Lilian Elphick . Quien también adhirió a esas palabras fue el escritor Rafael Gumucio , quien extendió sus ideas en el ensayo El placer de excluir en Revista Santiago y en conversación con Culto . “De alguna forma, si la invitaron y la sacaron de ahí por motivos que no tienen que ver con su obra, sino que con sus opiniones, eso se llama censura ”, expone. “ No estoy para nada de acuerdo con su postura —agrega−, pero me parece que tampoco sus dichos son indecibles , no diría que lo mismo que un negacionista del Holocausto, aunque yo también reivindico totalmente el derecho de que un negacionista del Holocausto hable , digamos, no tengo problemas con eso. Pero no creo que sus dichos estén a la altura de lo que se dice que son". Lina Meruane , invitada a Cultur Alh y firmante de la primera misiva, profundizó en su mirada sobre el tema en una columna en El País , publicada el 25 de septiembre. “ Se levantaron voces que enmarcaron el incidente como una violación de la libertad de expresión . Al hacerlo se omitía, errada o convenientemente, el hecho de que lo que se condenaba era la normalización del genocidio y la demonización de quienes se oponen a él (...) toda intervención en el espacio público debe asumir una responsabilidad política y ética, sobre todo si el asunto es algo tan atroz como un genocidio”, esgrimió. Ese mismo día, más de 500 personas , entre ellas los escritores nacionales Alejandro Zambra, Alia Trabucco Zerán, Nona Fernández, Alejandra Costamagna, Diego Zúñiga y Pía Barros (y otros 88 chilenos más) firmaron una declaración en apoyo a la exclusión de Harwicz . Entre las ideas centrales, rechazan el antisemitismo , afirman que no hubo censura y hacen un llamado a que el mundo editorial tome posición . Una de las firmantes fue la escritora y Ph.D. en Lenguas y Literaturas Hispánicas Soledad Falabella . “Firmé esa carta de apoyo en solidaridad con las personas que están sufriendo en Gaza , que están viviendo un momento de mucho dolor y devastación, de genocidio”, explica a Culto . En la conversación, asegura que la escritora argentina “desconoce el dolor, no acepta la evidencia e invalida los límites que pone la sociedad a actos de muerte y destrucción masiva ”. Para la académica, “ la libertad de expresión tiene un límite . El límite es el dolor y la destrucción masiva, y también tiene el límite de no mentir, si yo propago mentira y desinformación, tampoco es libertad de expresión ”. Además, agrega una perspectiva histórica y personal. “Chile vivió momentos similares durante la dictadura, cuando se le hizo boicot por las cosas atroces que ocurrían bajo sus gobiernos dictatoriales . Chile gozó del apoyo internacional que buscaba denunciar el dolor que estaba viviendo el país . Fui víctima de la dictadura, crecí en el exilio con el dolor de no poder crecer con mi familia, con mis abuelos, mis primos. Entonces, no solamente solidarizo desde afuera, solidarizo desde mi propia historia ”. Gabriela Alburquenque , escritora reconocida con el Premio Roberto Bolaño por su novela Aviso de demolición en 2021, también firmó la carta. “El genocidio del pueblo palestino está siendo televisado, mientras nosotros, desde nuestros espacios culturales, nos sentamos a discutir sobre censura y libertad de expresión. Hay algo profundamente obsceno en eso : quienes tenemos tribunas para opinar terminamos hablando del espacio que ocupamos nosotros mismos, mientras a un pueblo entero lo masacran, familias completas desaparecen y la muerte se lo come todo”, reflexiona. “Creo que hay una enorme ironía en que Ariana Harwicz denuncie que la silencian desde una posición de tanta visibilidad pública, mientras quienes nos pronunciamos en solidaridad con Palestina sí podemos enfrentar costos por hacerlo . Ese era, precisamente, el sentido del posicionamiento colectivo que firmamos: no pedir que se silencie a una escritora, sino cuestionar las decisiones y los silencios de las instituciones ”. Y cierra: “Sueño con que dejemos de poner a los escritores en el centro de esta historia” . Para el académico Fernando Arancibia , aquí no aplicaría el concepto censura ni un atentado contra la libertad de expresión , ya que esta última, según él, tiene un límite: la dignidad humana . “Todos los discursos negacionistas serían contrarios a la dignidad humana y por lo tanto estarían afectos a los límites mínimos de la libertad de expresión”, explica el especialista en ética. “ Diría que sus declaraciones (de Harwicz) no están cubiertas por la libertad de expresión , y aquí cuando hablo de libertad de expresión estoy hablando en sentido moral, no jurídico ”, añade. No obstante, “no implica que esté bien excluirla. Yo sería partidario de no excluir a nadie” , precisa. El historiador, profesor de la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile y especialista en censura en el arte, Jorge Iturriaga, también considera que el caso de Harwicz no constituye un atentado contra la libertad de expresión . “No estoy de acuerdo con la libertad de expresión en abstracto, porque en esa libertad de expresión pueden caber discursos de odio. En el caso concreto que nos convoca, que es el genocidio en Gaza, creo que es muy grave que haya gente que no se posicione en una defensa irrestricta de los derechos humanos, porque ahí sí creo que la cosa es a rajatabla ”, expone. En una entrevista posterior, el 26 de septiembre la escritora argentina reflexionó sobre las razones tras su desprogramación: “ Yo en el fondo creo que es porque soy judía. Y cuando alguien me contesta ‘pero en el festival había otros judíos´, ya me parece bastante peligroso que empecemos a mirar quién es judío y quien no. Y yo diría: me castigan por ser la mala judía ”, dijo a Radio Mitre . Sobre si hay un veto a los artistas israelíes o judíos, Iturriaga es tajante: “ No hay veto a los artistas israelíes , el activismo social está dirigido hacia el sionismo, hacia la gente que defiende a rajatabla el Estado de Israel; pero no por tener religión o ascendencia judía estás envuelto en eso. Hay muchos activistas judíos y antisionistas ”. Está el caso del cineasta israelí Yuval Abraham , coautor del documental ganador del Premio Óscar No other land ; y codirector de NAZA . Abraham denunció la existencia de un “sistema de apartheid” sobre Palestina y pidió un alto al fuego durante la Berlinale de 2024. Tras esas declaraciones, Abraham fue acusado de antisemitismo y amenazado de muerte. Sally Rooney y Hollywood A mediados de octubre, la escritora irlandesa Sally Rooney , autora del bestseller Normal People (2018) informó que, en común acuerdo con la editorial Faber , dejará de vender sus libros en el mercado británico . El año pasado, Rooney anunció que donaría sus ingresos por derechos de autor de sus obras y adaptaciones a la pantalla –una que aún emite la BBC en streaming– para financiar a la organización activista Palestine Action , que fue declarada como grupo terrorista por el gobierno británico. La decisión responde a que, según la editorial, las restricciones de la legislación antiterrorista del país le impiden transferir a Rooney los ingresos procedentes de las ventas de sus obras. “Vender el trabajo de una escritora y no poder pagarle sus ganancias es una situación irreal para un editor”, declaró Faber en un comunicado. Por su parte, la escritora reiteró su apoyo a la causa: “ Estoy totalmente preparada para aceptar las consecuencias ”. En una breve carta publicada por The New Statesman, personalidades del mundo de la cultura manifestaron su apoyo a la autora. “Sally Rooney es escritora, no terrorista . Sus libros deben estar al alcance del público. Su retirada del mercado, basada en una legislación antiterrorista draconiana y mal concebida, es una afrenta a los principios básicos de la libertad de expresión, tan arraigados en este país. Rechazamos categóricamente la censura” , dice el manifiesto, que firmaron dos Premios Nobel de Literatura, Anne Carson (2026) y Annie Ernaux (2022). Jorge Iturriaga define censura como “la prohibición absoluta de la circulación de un contenido” , que funcionó en gran medida en el siglo XX en el cine, música y literatura. En el caso de Rooney, ve censura a la antigua “donde hay una estigmatización y un señalamiento judicial o político , en donde se está como ilegalizando una organización y la colaboración con esa organización”. “Efectivamente hay censura” , dice Fernando Arancibia, tomando los casos de Sally Rooney y Macklemore. Entre quienes apoyan a la autora de Normal People también están los actores que protagonizan la adaptación, Paul Mescal y Daisy Edgar-Jones , y las ganadoras del Oscar Jessie Buckley ( Hamnet ), Tilda Swinton y Susan Sarandon . Esta última fue detenida a las puertas de la ONU en Nueva York mientras protestaba, junto a otras actrices como Hannah Einbinder o Cynthia Nixon , en contra de la comparecencia en la Asamblea del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Ya ha vivido otras consecuencias por apoyar a Gaza . En el último Festival de Venecia declaró que ha perdido papeles por su activismo . “Llevo mucho tiempo siendo activista porque creo que tienes una responsabilidad dentro de tu comunidad” , declaró en una reciente entrevista a El País . En esa misma conferencia en Venecia, la actriz manifestó su apoyo a Mark Ruffalo , quien junto a otros actores como Javier Bardem , usa su fama para nombrar lo que ocurre en Gaza como genocidio. El especialista en cine Jorge Iturriaga explica que “Hollywood funciona de manera muy autoritaria y muy coordinada . Para ellos es fácil excluir gente, está lleno de historias de listas negras, listas negras muy infames”. “Hay una relación de asimetría, no es solamente un atentado a la libertad de expresión, sino que es un ejercicio de abuso de poder respecto de estas personas ”, concluye Fernando Arancibia. Arte y política: ¿indisolubles? Más recientemente, el vocalista de Metallica, James Hetfield, fue categórico sobre el rol de su banda sobre el escenario: “Metallica no está aquí, como algunos otros artistas, para influenciarlos con su bullshit , ¿de acuerdo? Estamos aquí, sin bullshit . Estamos aquí para olvidar toda la mierda de fuera, ¿vale? La agenda de Metallica es amor, energía y heavy music, baby”. ¿Tienen los artistas que pronunciarse sobre el acontecer político? “Hay una inconsistencia entre lo que dijo en ese momento con lo que básicamente ha sido su carrera. Uno podría decir: ¿A qué James Hetfield le creo, al de ... And Justice for All o al que dice eso? Hay dos cosas. Primero, una especie de contradicción y, segundo, él simplemente está dando su opinión sobre lo que debería ser el vínculo entre política y música . De alguna manera ejerce una presión que no creo que sea buena respecto a los músicos que sí quieren tener una voz política, porque Metallica es una banda que tiene dinero, poder y ahí hay una asimetría de poder", reflexiona el académico. “No es el rol de los artistas necesariamente tener un discurso político. Yo lo dejo en cada uno” , indica Jorge Iturriaga. No obstante, sí su voz puede amplificar conflictos invisibilizados. “Gran parte de la población no escucha a la clase política y nunca la va a escuchar por diferentes razones, pero sí a músicos, artistas, cantantes, pintores, porque ahí sí hay un vínculo fuerte con muchos sectores sociales ; es una capa de mucha mayor resonancia. Creo que muchos artistas sienten una responsabilidad muy grande en ese sentido ”, concluye.
Para el académico del Instituto de Éticas Aplicadas UC y especialista en ética de la guerra, Fernando Arancibia, la cens






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