Matthew Perry alcanzó la fama mundial como Chandler Bing en Friends , pero fuera de la pantalla libró una batalla que estuvo a punto de costarle la vida en repetidas ocasiones: llegó a tomar 55 pastillas al día y sobrevivió a una emergencia médica que lo dejó dos semanas en coma. A pesar de sus numerosos intentos por superar sus adicciones, el artista murió a los 54 años por los efectos agudos de la ketamina. Cómo inició todo Perry narra en sus memorias que comenzó a beber a los 14 años, en una etapa difícil por el divorcio de sus padres. A los 21, cuando su carrera como actor empezaba a despegar, ya bebía a solas y sentía una obsesión por el alcohol. La fama que alcanzó a los 24 años con Friends no frenó su adicción. En 1997, un accidente en una moto acuática durante el rodaje de Fools Rush In , la comedia romántica que protagonizó con Salma Hayek, le provocó problemas de espalda y lo llevó a consumir Vicodin, un analgésico opioide. En poco tiempo, llegó a tomar 55 pastillas al día y su peso cayó hasta los 58 kilos. En sus memorias describió las tácticas que usaba para conseguir los medicamentos: “Era un trabajo de tiempo completo: hacer llamadas, ver médicos, fingir migrañas y encontrar enfermeras corruptas que me dieran lo que necesitaba”. Ese mismo año ingresó por primera vez a rehabilitación. Sin embargo, el tratamiento no impidió las recaídas. La emergencia que casi lo mata En 2000, Perry pasó un mes hospitalizado por pancreatitis, que los médicos atribuyeron a su consumo excesivo de alcohol. Durante su estancia recibió Dilaudid, un potente opioide que describió como su “nueva droga favorita”. Dos años después, mientras filmaba Serving Sara , con Elizabeth Hurley, volvió a ingresar a rehabilitación por su consumo de metadona, Xanax, cocaína y hasta un litro de vodka al día. Su estado era tan malo que, al regresar al rodaje, tuvo que volver a grabar todos sus diálogos. La situación más crítica llegó en 2018. El abuso de opioides le provocó una perforación intestinal que requirió una cirugía de emergencia de siete horas. Los médicos le dieron apenas un 2 % de probabilidades de sobrevivir aquella noche. Perry pasó dos semanas en coma y cinco meses hospitalizado. Después utilizó una bolsa de colostomía durante nueve meses, con al menos 55 roturas, y se sometió a otras 14 operaciones abdominales. Entre las consecuencias más insólitas de su adicción estuvo la pérdida de sus 16 dientes. Según relató en su libro, mordió una tostada con mantequilla de maní y todos se le cayeron. Tuvo que llevarlos en una bolsa al dentista. Luego, en 2020, en una clínica de rehabilitación en Suiza, su corazón se detuvo durante cinco minutos tras una sedación que interactuó con los opioides en su cuerpo. Lo reanimaron, aunque le fracturaron ocho costillas. “No fue hasta que llegué a esa clínica que entendí que estaba realmente al límite” , admitió en su libro. “Nunca quise morir en realidad, pero si morir era una consecuencia de poder tomar la cantidad de droga que necesitaba, entonces la muerte era algo que iba a tener que aceptar”. El último pedido antes de su muerte Pese a las numerosas hospitalizaciones y los tratamientos, Perry no consiguió mantenerse sobrio de forma permanente. En sus últimos años recibió terapia con ketamina para tratar la depresión y la ansiedad, pero, según los fiscales, también obtuvo dosis ilegales a través de una red de proveedores. El 28 de octubre de 2023, el actor fue hallado boca abajo en el jacuzzi de su casa en Pacific Palisades, Los Ángeles. Tenía 54 años. De acuerdo con documentos judiciales citados en los informes del caso, su asistente personal, Kenneth Iwamasa, le había administrado al menos tres inyecciones de ketamina ese día. Antes de que el asistente saliera a hacer unos recados, Perry le pidió: “Inyéctame una grande”. El médico forense determinó que la causa de muerte fueron los efectos agudos de la ketamina y clasificó el fallecimiento como accidental. La investigación terminó con condenas para cinco personas vinculadas con el suministro de la droga. Jasveen Sangha, conocida como la “Reina de la ketamina”, recibió una pena de 15 años de prisión. Perry había advertido en sus memorias sobre la gravedad de su adicción: “No solo tengo la enfermedad, sino que la tengo muy grave. De hecho, la tengo tan fuerte como se puede tener. Siempre estoy contra las cuerdas. Va a matarme”.
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