Un estudio con ratones planteó que los huesos participan en el envejecimiento de todo el organismo. Los investigadores comprobaron que la estimulación mecánica del esqueleto prolongó la vida de los animales y redujo señales de deterioro asociadas con la edad , aunque advirtieron que el efecto todavía no fue demostrado en personas. Los resultados, publicados la semana pasada en Cell Metabolism , indican que las fuerzas que actúan sobre el esqueleto durante la actividad física activan a los osteocitos , células óseas que responden a la presión y liberan proteínas. En los ensayos, una compresión suave de los huesos de las patas extendió la vida de los roedores en casi tres meses , una cifra que los autores equipararon con unos nueve años humanos. El cardiólogo e investigador de longevidad Eric Topol destacó el trabajo en X : “Esto equivalía a extender la esperanza de vida humana en 9 años”, afirmó el experto. Los osteocitos trasladan señales desde los huesos al resto del cuerpo “El hueso no es solo un andamiaje pasivo; es un órgano activo y con capacidad de respuesta mecánica que ayuda a marcar el ritmo del envejecimiento en todo el cuerpo”, señaló Xiaochun Bai , biólogo óseo de la Universidad Médica del Sur, China y líder del estudio. El equipo afirmó que demostró por primera vez la función de la mecanosensación ósea en el envejecimiento sistémico. Los científicos partieron de una pregunta pendiente sobre los efectos del ejercicio. Décadas de estudios asocian la actividad física con una mayor longevidad y con menor riesgo de demencia , enfermedades cardíacas y fragilidad, pero el mecanismo que explica esos beneficios no está del todo definido. Gran parte de la investigación se concentró en los músculos, pese a que los huesos reciben las mismas cargas durante el movimiento. Para analizar el papel del esqueleto, los autores diseñaron una línea de ratones en la que podían eliminar el gen PIEZO1 de los osteocitos a cualquier edad. Esta proteína permite que las células detecten fuerzas físicas. Cuando inactivaron el gen en animales de 10 meses, los ratones mostraron cinco meses después peores resultados en pruebas de memoria, reflejos más lentos y mayores signos de inflamación y envejecimiento en el corazón, el hígado, el cerebro y los huesos. Además, esos animales murieron antes que el grupo de control. La diferencia media fue de 105,5 días , un dato que apunta a que las señales que reciben las células óseas influyen en la forma en que la actividad cotidiana se relaciona con el envejecimiento. En una segunda etapa, los investigadores aplicaron presión controlada sobre los huesos de las patas de ratones de entre 20 y 24 meses , considerados de edad avanzada para la especie. Dos veces por semana y durante cuatro meses, una máquina comprimió suavemente ambos extremos de las tibias. La técnica recibió el nombre de carga axial dinámica de la tibia (DTAL) . Meses después, los ratones tratados, machos y hembras, tenían huesos más resistentes, reflejos más rápidos y mejor desempeño mental que los animales sin intervención. Sus órganos también presentaban menos señales de envejecimiento. Un fármaco que activa PIEZO1 y reproduce parte de la señal de la DTAL retrasó asimismo esos indicadores. La intervención prolongó la vida de los roedores en casi tres meses. Los autores señalaron que el hallazgo contrastó con un estudio previo en el que correr en una rueda redujo indicadores de envejecimiento en ratones, pero no alteró su longevidad. Mei Wan , investigadora de cirugía ortopédica de la Universidad Johns Hopkins que no participó en el trabajo, sostuvo en Science que los resultados sugieren que los ejercicios que estimulan la mecanosensación de los huesos podrían aportar beneficios específicos. Mencionó el levantamiento de pesas y el entrenamiento de resistencia como actividades con alta carga mecánica, aunque la investigación no evaluó esas prácticas en personas. La proteína PEDF reprodujo parte del efecto en los ensayos Los experimentos también mostraron que la DTAL induce a los osteocitos a liberar por la sangre factores asociados con el envejecimiento saludable. La sangre de ratones viejos sometidos al tratamiento revirtió efectos de envejecimiento que, según pruebas previas, puede provocar la sangre de animales ancianos cuando se administra a ejemplares de mediana edad. El grupo identificó varias moléculas que parecen actuar sobre células de otros órganos y sobre células inmunitarias. Una de ellas, el factor derivado del epitelio pigmentario (PEDF) , produjo en ratones de edad avanzada beneficios similares a los de la carga mecánica cuando fue inyectada. Bai y sus colegas ya estudian el comportamiento del PEDF en humanos. El equipo informó que el factor bloqueó procesos de envejecimiento en organoides de cartílago humano y que sus niveles son inferiores en adultos mayores y en pacientes con osteoporosis . Sundeep Khosla , endocrinólogo de la Clínica Mayo que no intervino en el estudio, consideró en Science que el trabajo constituye una “interesante prueba de concepto en ratones”, pero aclaró que no demuestra un tratamiento antienvejecimiento para personas. Wan coincidió en que se requieren estudios para determinar si la carga mecánica puede ralentizar el envejecimiento de forma segura y eficaz en adultos mayores y si mediadores como el PEDF pueden convertirse en una alternativa terapéutica.

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Un estudio con ratones planteó que los huesos participan en el envejecimiento de todo el organismo. Los investigadores c