La tensión del domingo por la tarde, el insomnio previo a la vuelta a la rutina o la sensación de que la semana ya pesa antes de empezar tienen una explicación psicológica y corporal. Las personas que se sienten ansiosas o tensas los lunes presentan, en promedio, niveles de cortisol un 23% más altos que quienes se estresan otros días, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Hong Kong . El trabajo , realizado con muestras de cabello de más de 3.500 adultos mayores, analizó una hormona vinculada con la respuesta al estrés que puede reflejar su acumulación a lo largo de semanas. El hallazgo llamó la atención porque la relación con el lunes apareció también entre jubilados y personas sin horarios laborales fijos. Los especialistas consultados por Infobae coincidieron en que el fenómeno no se limita al empleo: remite a asociaciones construidas durante años, a la anticipación de las demandas y a la forma en que se distribuyen el descanso y las obligaciones. El lunes carga con asociaciones aprendidas desde la infancia Para el doctor en Psicología y docente Flavio Calvo (MN 66.869), el lunes adquiere una carga emocional desde los primeros años de vida. “Tiene una carga psicológica que fuimos construyendo desde chicos: hay que levantarse temprano, cumplir horarios, volver al colegio, al trabajo y a todas las responsabilidades ”, explicó. Esa relación puede persistir aunque las condiciones de vida cambien. “Nuestra mente aprende por asociación y anticipación” , señaló Calvo. Si durante mucho tiempo el comienzo de semana quedó ligado a exigencias o malestar, el organismo puede prepararse antes de enfrentar una demanda concreta. El cortisol participa en esa respuesta, ya que ayuda al cuerpo a disponer de energía frente a lo que interpreta como una exigencia próxima. La licenciada en Psicología Agustina De Nardo (MN 88.927), del equipo de Psicoterapia Cognitiva de INECO, ubicó el fenómeno en la transición entre dos ritmos. “Después del fin de semana, muchas personas vuelven a horarios más estructurados, obligaciones laborales o académicas y responsabilidades que requieren planificación y esfuerzo”, afirmó. Para la especialista, el malestar no depende exclusivamente de lo que sucede ese día, sino también de las expectativas con las que lo afrontamos. La licenciada en Psicología del Hospital Italiano, Cintia Pereira (MN 41.905), planteó que el lunes integra una organización social del tiempo que se aprende mucho antes de empezar la vida laboral. “Para muchos, el lunes se conecta con el pasaje hacia un tiempo más pautado por horarios, compromisos y expectativas”, indicó. La anticipación puede activar la respuesta de estrés antes de que ocurra algo Pensar en una reunión difícil, en una discusión posible o en una lista de tareas extensa puede bastar para que aparezcan tensión muscular, inquietud o problemas para dormir. Los especialistas llaman a este mecanismo ansiedad anticipatoria , una capacidad que resulta útil cuando ayuda a organizarse, pero que puede desgastar cuando se vuelve persistente. “ No hace falta que algo esté pasando para que el cuerpo se ponga en alerta ”, explicó la médica psiquiatra Soledad Conti (MN 130.007). “Pensar en una situación que nos resulta amenazante o nos genera preocupación puede activar los mismos mecanismos de alarma que se ponen en marcha cuando la vivimos”. De Nardo sostuvo que anticipar permite prepararse para eventuales dificultades , aunque el problema comienza si se transforma en una preocupación constante. “Podemos terminar experimentando hoy el malestar de situaciones que todavía no ocurrieron y que, incluso, podrían no suceder como las imaginamos”, advirtió. Calvo distinguió entre ocuparse de aquello que tiene una solución posible y quedarse atrapado en escenarios hipotéticos. “La anticipación es buena cuando nos ayuda a prepararnos, pero puede agotarnos cuando se transforma en una preocupación permanente” , señaló. Por qué “el efecto lunes” alcanza a jubilados y personas sin horarios fijos Que el malestar aparezca incluso en quienes no trabajan refuerza la idea de que el lunes no representa solo el regreso a una oficina. Pereira explicó que bancos, trámites, comercios, actividades familiares y vida social continúan organizados alrededor de la separación entre semana y fin de semana. “Participamos de esa organización aun sin una rutina laboral”, afirmó. Conti agregó que el lunes concentra expectativas que se expresan en frases habituales, como “el lunes empiezo”, “el lunes me organizo” o “el lunes me pongo al día” . “Depositamos en ese día la expectativa de corregir lo que venimos postergando y de funcionar mejor que la semana anterior” , sostuvo. De Nardo vinculó esa presión con reglas rígidas sobre la productividad. “El descanso puede dejar de ser reparador y convertirse en una fuente de culpa”, explicó. Así, muchas personas llegan al domingo pensando en lo que no hicieron , en los pendientes o en la necesidad de aprovechar el tiempo libre de la manera “correcta”. Para Calvo, cuando el disfrute queda concentrado en solo dos días, el inicio de semana funciona como el final abrupto de ese permiso. “Cuando sentimos que solamente podemos disfrutar dos días de cada siete, es lógico que no queramos que llegue el lunes” , indicó. La diferencia está en la intensidad, la duración y el impacto del malestar Sentir una tensión moderada al retomar actividades no equivale a un trastorno de salud mental. La clave, según los profesionales, es observar cuánto dura el malestar, cuán intenso es y cuánto interfiere en la vida cotidiana . “Una persona puede sentir pocas ganas de trabajar el lunes, pero una vez que empieza con sus actividades se acomoda a la rutina y sigue con su día”, explicó Calvo. En cambio, cuando la preocupación comienza mucho antes , afecta el descanso, dificulta disfrutar del fin de semana o genera síntomas físicos persistentes, puede ser necesario evaluar qué sucede . Conti precisó que la ansiedad anticipatoria no constituye por sí misma un diagnóstico . “Conviene prestar atención cuando la preocupación resulta difícil de interrumpir, afecta el sueño o la concentración, nos lleva a evitar situaciones o nos impide disfrutar incluso cuando las obligaciones ya terminaron”, señaló. El burnout , en cambio, se vincula específicamente con el estrés laboral crónico y, según De Nardo, puede manifestarse con “agotamiento persistente, distanciamiento mental o rechazo hacia el trabajo y una menor sensación de eficacia profesional”. Si el sufrimiento se extiende, afecta vínculos o limita el funcionamiento cotidiano, los especialistas recomiendan consultar . El lunes como fuente de orden, vínculos y proyectos El rechazo al lunes no es universal. “El lunes no tiene el mismo valor emocional para todos” , afirmó Calvo. Una persona que disfruta de su actividad, tiene buenos vínculos laborales o encuentra sentido en sus tareas puede vivir el comienzo de semana de otra manera. Pereira señaló que, para algunas personas, volver a la rutina implica recuperar una estructura que brinda estabilidad, reencontrarse con otros o avanzar en proyectos propios. “Tener cosas que hacer también puede generar entusiasmo y dar sentido al día” , expresó. Conti añadió que el fin de semana tampoco representa bienestar para todos : la soledad, los conflictos familiares o las responsabilidades de cuidado pueden dejar poco espacio para descansar. En esos casos, la vuelta a la rutina puede sentirse como un alivio. Estrategias para reducir la tensión anticipatoria Los especialistas plantean que la asociación entre lunes y amenaza puede modificarse , aunque no de un día para otro. “Nuestro cerebro tiene plasticidad y la capacidad de aprender nuevas asociaciones durante toda la vida”, explicó Calvo. Una primera medida consiste en limitar la planificación del domingo a unos minutos y establecer prioridades realistas. “ No todo lo pendiente necesita resolverse el lunes ”, indicó Pereira. Poner las tareas por escrito y separar lo urgente de lo que puede esperar puede reducir la sensación de que todo debe resolverse de inmediato. De Nardo sugirió revisar los pensamientos que se presentan como certezas, por ejemplo , “no voy a llegar con todo” o “va a ser una semana imposible”. “Podemos preguntarnos qué evidencia tenemos, qué estamos dando por sentado y cuál sería una manera más realista de evaluar la situación”, propuso. Conti recomendó distribuir pausas y actividades agradables durante toda la semana, sin reservar la recuperación únicamente para el fin de semana. Cuidar el sueño, sostener actividad física regular y recurrir a respiración lenta, relajación muscular o atención plena también puede ayudar a regular la tensión. El objetivo, coincidieron, no es eliminar cualquier incomodidad, sino evitar que el comienzo de semana se transforme en una fuente sostenida de malestar .

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La tensión del domingo por la tarde, el insomnio previo a la vuelta a la rutina o la sensación de que la semana ya pesa