María Muñoz Rivera Madrid, 26 oct (EFE).- Aunque Carolyn Bessette-Kennedy murió hace 27 años, su figura parece estar más viva que nunca: la serie 'Love Story', estrenada a principios de año, devolvió el foco hacia una figura que, sorprendentemente, perdura en la conversación como emblema de moda más que como tendencia efímera. La exitosa relaciones públicas de Calvin Klein, que dejó atrás su vida al enamorarse de John John Kennedy, con quien se casaría y compartiría trágico final a bordo de una avioneta en el verano de 1999, vuelve a ser un emblema de estilo imitado y copiado por celebridades y también firmas de moda. Aunque rehuyó la vida pública para evitar ser el centro de todas las miradas (incluso dejó su trabajo como relaciones públicas al frente de Calvin Klein debido al incesante acoso mediático), la estadounidense sigue siendo en la actualidad un emblema de estilo estudiado hasta la saciedad. La miniserie de Ryan Murphy emitida por Disney la colocó en el centro de la conversación estilística, antes incluso de que empezara a emitirse. La ecuación encajaba: un minimalismo depurado, asentado en la fuerte nostalgia de la moda actual hacia la de los años noventa. La modelo Bella Hadid recupera sus estilismos, las pasarelas de Khaite y Toteme parecen hablar su mismo idioma y Hailey Bieber acaba de rescatar uno de sus vestidos originales. Más que una tendencia, Bessette-Kennedy vuelve a funcionar como un ideal de estilo de cierto aire atemporal. Su paleta era contenida y sus accesorios eran pocos, pero muy precisos. Su armario mezclaba firmas como Prada, Helmut Lang, Jil Sander y Yohji Yamamoto con prendas mucho más accesibles, como los vaqueros Levi’s 517, códigos fácilmente replicables en la actualidad. La influencia tampoco se limita a las grandes apariciones de como Hailey Bieber o Bella Hadid. En Instagram y TikTok se multiplican las recreaciones de sus combinaciones más reconocibles en publicaciones que enseñan, literalmente, a emular el estilo de la estadounidense. Por eso el fenómeno de su figura no consiste únicamente en que vuelvan los años noventa, sino en que una mujer concreta se ha convertido en la personificación de una estética: minimalismo, discreción, prendas de calidad, repetición y una elegancia que parece no necesitar demostración. La imagen de Bessette llegó al público principalmente a través de fotografías de paparazis y apariciones públicas, lo que dejó un espacio enorme para la interpretación y la fantasía. Según aseguraban amigos cercanos a Bessette en el documental estrenado después de la serie, su éxito estético era inevitable. "Una melena rubia y lisa, casi 1,78 de altura, medidas de modelo, además de una belleza y un aura especial que traspasaba las cámaras", hacían de ella una mujer con un estilo muy personal, detallaba uno de los testimonios. La moda no ha tardado en hacerse eco para exprimir al máximo esta estética hasta la saciedad: gafas ovaladas, cintas de pelo, vaqueros de corte recto, mocasines, abrigos sencillos y faldas rectas aparecen en campañas fotográficas que emulan al milímetro su estilo. Tal y como defendía la filósofa y cronista de moda Leticia García, copiar su armario a día de hoy está más cerca de parecer un disfraz o, directamente, "una monja", fuera del contexto de la época y de la propia aura que tenía como figura. Bessette-Kennedy representa una idea de celebridad que hoy resulta casi imposible: era enormemente famosa y, al mismo tiempo, apenas accesible. No hablaba ante las cámaras, existen muy pocos registros de su voz lo que la convierte, todavía más, en un misterio. Aquella mujer que parecía esforzarse continuamente por pasar desapercibida ha terminado siendo, sin pretenderlo, un icono, una de las figuras más fotografiadas de los noventa que vuelve a estar en el foco y, contra todo pronóstico, lo seguirá estando durante bastante tiempo. EFE 1011921 (Foto)

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María Muñoz Rivera Madrid, 26 oct (EFE).- Aunque Carolyn Bessette-Kennedy murió hace 27 años