Las micro y pequeñas empresas de El Salvador registraron su nivel histórico más alto de optimismo comercial durante el segundo trimestre de 2026 , impulsadas por la aceleración de la economía, aunque este entusiasmo convive con una profunda desigualdad que impide a los negocios más humildes transformar ese buen momento en mayores ingresos. El estudio presentado el pasado 23 de octubre por el Observatorio MYPE de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral ( FUSAI ) detalló que la confianza de los propietarios trepó a 47.1 puntos y el índice que mide este clima productivo alcanzó 109.1 puntos, los registros más elevados en los últimos 25 trimestres de seguimiento continuo. Esta percepción favorable coincide con un período de expansión para el país, en el cual la producción nacional creció un 4.8% durante el primer trimestre del año , una cifra que duplica con creces el promedio del 2.2% observado en los primeros trimestres de los últimos 17 años. La actividad económica recibió el impulso de sectores dinámicos como la construcción, que aumentó un 13.5%, y el rubro de hoteles y restaurantes, que avanzó un 7.1%. A este dinamismo se sumó el flujo de dinero que envían los compatriotas desde el exterior, con un récord de USD 9,987,9 millones en remesas durante 2025 , recursos que sostienen el consumo cotidiano en las comunidades. La brecha en ventas entre pequeños comercios y negocios de subsistencia supera los 50 puntos A pesar de este escenario general favorable, el dinero no llega a todos los bolsillos por igual. Si bien el optimismo entre los negocios pequeños y las microempresas de subsistencia presenta una diferencia moderada de 21,2 puntos, la distancia real en el volumen de ventas revela una fractura profunda: la brecha de ventas entre ambos grupos alcanza 52,8 puntos . Las pequeñas empresas lograron un saldo positivo de 42,4 puntos en sus ventas, mientras que las microempresas de subsistencia cayeron en un terreno negativo de diez puntos por debajo de cero. El contraste se repite en otras áreas clave para el crecimiento: la distancia entre ambos sectores llega a 43,1 puntos en la contratación de personal y a 39,2 puntos en inversiones destinadas a comprar maquinaria, herramientas o mercadería. De esta manera, aunque los negocios más pequeños perciben un ambiente favorable en el país, carecen de los medios necesarios para aumentar sus ganancias y contratar colaboradores. La aparición constante de tiendas idénticas satura el consumo en los barrios El problema central para la base de este sector productivo radica en las dificultades cotidianas del mercado vecinal. El informe de FUSAI señaló que el 42% de los propietarios considera que el exceso de competencia es su mayor obstáculo para salir adelante. Entre quienes sufren esta presión comercial, el 63% afirma que abrieron nuevos puestos con mercadería idéntica en su misma zona . Esta situación provoca que tiendas de abarrotes, bazares y comedores se disputen un grupo de clientes que no aumenta sus compras al mismo ritmo. Además de la competencia desmedida, casi tres de cada diez negocios enfrentan la caída en la clientela y la falta de efectivo para reponer sus productos, lo que frena cualquier posibilidad de progreso. El estancamiento de los pequeños establecimientos se vincula estrechamente con una desprotección histórica. En El Salvador , el 74.2% de los micro y pequeños negocios opera en la informalidad absoluta , lo que significa que no declaran impuestos sobre la renta ni inscriben a sus trabajadores en el Seguro Social o en los fondos de jubilación. En el escalón más bajo, correspondiente a las unidades de subsistencia, la ausencia de registros oficiales se agrava y alcanza al 85.1%. Al operar fuera de los canales formales, los emprendedores no pueden solicitar préstamos bancarios con intereses justos ni participar en compras públicas, lo que perpetúa su fragilidad ante cualquier imprevisto financiero.

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