Ana Eckell murió a los 78 años el 20 de octubre en la ciudad de Buenos Aires, informó su familia. La pintora y dibujante, formada en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, construyó una obra crítica sobre la violencia, la marginalidad, el machismo y los abusos de poder, con una línea gestual que atravesó todas sus etapas. Nacida el 30 de octubre de 1947 en Buenos Aires, Eckell estaba retirada del mundo del arte desde hacía varios años debido a su estado de salud. Sus restos fueron inhumados el 24 de octubre en el Cementerio de la Chacarita. La artista era madre de Eva Pedroza , radicada en Berlín, quien viajó a la Argentina para despedirla y acompañar a su padre, el diseñador gráfico Gustavo Pedroza , exmarido de Eckell. Su reconocimiento comenzó a consolidarse al inicio de la década de 1980, cuando integró la generación de artistas que eligió la pintura y el dibujo para renovar la escena porteña tras la última dictadura militar. En 1983 recibió el Premio a la Artista Joven del Año de la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Una pintura contra la falsa solemnidad Las figuras de Eckell se retuercen entre la alegría y el dolor, caminan, saltan y se despliegan en escenas de tensión física. Su paleta de cromatismo intenso, las pinceladas vigorosas y las alusiones a la historieta y el cine definieron una producción atravesada por el sarcasmo y el movimiento. La historiadora del arte y curadora Silvia Marrube señaló que aquellas referencias eran transformadas por la artista en “dibujos enardecidos, electrizantes”. También vinculó el vértigo de esas imágenes con “el desmenuzamiento de la falsa solemnidad” y destacó que, pese a los cambios de estilo, “en todas ellas aparece el elemento plástico predominante en su producción: la línea”. Las escenas satíricas y el garabato le permitieron abordar la vulnerabilidad social, la violencia y las persistencias de los abusos de poder durante la democracia, que Eckell asociaba con prácticas de la dictadura. Su pintura dialogó con obras de los alemanes Otto Dix y George Grosz a través de referencias interpictóricas. Hacia fines de los años 90, su lenguaje se volvió más sintético y depurado. El trazo mantuvo su dimensión gráfica y gestual, pero con el tiempo incorporó tonos más cálidos, asociados con la naturaleza, el juego y emociones menos turbulentas que las presentes en sus trabajos de posdictadura. En 1984 fue distinguida junto con Carlos Alonso y León Ferrari en la primera Bienal de Artes Visuales de La Habana. Un año después participó de la Bienal de París y de la XVIII Bienal Internacional de San Pablo. Su recorrido también incluyó las bienales internacionales de Cali, Cuenca, Valparaíso, Osaka, Milán, Venecia, Praga y Porto Alegre. En 1992 recibió el diploma al mérito de la Fundación Konex en Artes Visuales, y en 1996 obtuvo el Gran Premio de Honor de Dibujo en el Salón Nacional de Dibujo y Grabado. Eckell ganó en 1997 el Primer Premio Costantini del Museo Nacional de Bellas Artes. Esa institución le había dedicado una exposición individual en 1995 y conserva en su acervo El candidato , un óleo sobre tela realizado en 1986 e incorporado por donación de la Fundación Antorchas en 1989. Sus obras también forman parte de las colecciones del MALBA, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el Museo Sívori, el Museo de Arte Contemporáneo de Skopje, el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, The Bronx Museum of the Arts, en Estados Unidos, y Deutsche Bank de Buenos Aires. La artista realizó exposiciones individuales en la Argentina y en galerías y museos de Holanda, Estados Unidos, Alemania y Perú. Además, intervino en muestras colectivas en Argentina, Brasil, Ecuador, Chile, Italia, Alemania, Japón y China. El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires recordó que durante su Programa Anual 70 Aniversario incluyó dos obras de Eckell en exposiciones de su patrimonio. El masaje 2 , un dibujo a color de 1979, fue exhibido en Moderno y MetaModerno , mientras que Paseo campestre , de 1984, integró La memoria de la colección. El Moderno en el Parque , proyecto realizado con el Parque de la Memoria por el 50º aniversario del inicio de la última dictadura militar. La artista Claudia Aranovich definió a Eckell como “creativa, sagaz, inteligente, innovadora” en una publicación en Facebook. La investigadora y curadora Andrea Giunta escribió en Instagram que su “naturaleza delicada contrastaba con la fuerza, el abigarramiento, la violencia contenida en sus pinturas” y pidió una exposición antológica para evitar “las políticas del olvido que afectan la obra de muchas mujeres artistas”.
Ana Eckell murió a los 78 años el 20 de octubre en la ciudad de Buenos Aires, informó su familia. La pintora y dibujante





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