En el piso de Otro día perdido (Eltrece), Mario Pergolini protagonizó un divertido momento. Rodeado de Agustín “Rada” Aristarán y Evelyn Botto , el conductor soltó una desopilante confesión sobre su hermana Sandra que tomó por sorpresa a todos: “Mi mamá me quería mucho más a mí y papá también . Perdoná, Sandra, si estás mirando, es hora que lo sepas”. La frase, dicha con la ironía que distingue a Pergolini, fue mucho más que un chiste. Fue la puerta de entrada a un relato íntimo que el conductor rara vez permite en público. Sandra Pergolini , un año y medio mayor que él, eligió desde siempre una vida diametralmente opuesta a la de su hermano: sin cámaras, sin micrófonos, sin el ruido permanente que rodea a una figura del espectáculo. Es médica cirujana, desarrolló su carrera lejos de cualquier exposición mediática y, hasta esta semana, era prácticamente desconocida para el público. El intercambio surgió en el contexto de una conversación sobre la dinámica entre hermanos, disparada por las anécdotas de Rada sobre su propio hermano, contrabajista de jazz y programador egresado del MIT con honores. La pregunta sobre quién era más querido por los padres derivó, casi naturalmente, en que Pergolini se animara a hablar de Sandra. Y cuando lo hizo, lo hizo a su manera: con humor, con cariño y con una honestidad que sus seguidores saben reconocer. “A mí me decís ‘abrí a alguien’ y no sabría qué hacer. Ella sabe hacer mejor su trabajo” , dijo el conductor, dejando en claro la admiración que siente por su hermana. La broma con el bisturí —“tiene un cuchillo en la mano, sabe de dónde cortar”— funcionó como una forma de hablar de ella sin quitarle la privacidad que siempre preservó. Fue una mención cargada de respeto, envuelta en el humor que Pergolini usa como idioma propio. Detrás de esa dinámica familiar aparece también una historia más compleja. Sandra fue, según se supo en otras oportunidades, quien mantuvo el vínculo con Edmundo Pergolini, el padre del conductor, hasta su fallecimiento en 2022. Mario sostuvo durante años una relación distante con su progenitor, y fue su hermana quien estuvo más cerca durante los últimos tiempos. Hija de Edmundo Silvestre y Beatriz Mancione, Sandra construyó su lugar en la familia desde la discreción y la solidez, dos atributos que su hermano no duda en reconocerle públicamente. Lo notable del momento televisivo es que Pergolini, quien durante décadas manejó con precisión el misterio alrededor de su vida privada, eligió este formato distendido para abrir una ventana. No fue una entrevista formal ni un programa pensado para las confesiones. Fue una conversación entre colegas que derivó, casi sin quererlo, en una declaración de amor fraternal con forma de bomba nuclear verbal: “Es hora que lo sepas”. La ironía del mensaje también tiene una vuelta: Pergolini pasó años construyendo una carrera sobre la base de la inteligencia y el ingenio, y sin embargo fue él mismo quien señaló a Sandra como “la más inteligente de la familia”. Esa definición, lanzada sin mayores rodeos, dice tanto del hermano que la recibe como del que la pronuncia. Para quien construyó un imperio mediático desde los años noventa con CQC , la radio y la tecnología, reconocer públicamente que hay alguien más inteligente en casa no es un dato menor. Sandra Pergolini no da entrevistas, no participa de eventos y no existen imágenes públicas suyas. Esa elección consciente de preservar su intimidad contrasta con la omnipresencia de Mario en el debate cultural argentino. Sin embargo, esta semana, sin proponérselo, quedó en el centro de la escena. No por lo que ella dijo, sino por lo que él eligió contar.
En el piso de Otro día perdido (Eltrece), Mario Pergolini protagonizó un divertido momento. Rodeado de Agustín “Rada” Ar



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