El cuerpo no solo sigue el ciclo de luz y oscuridad. Las bacterias intestinales pueden detectar cuándo comemos y activar señales que mejoran la absorción de nutrientes, según una investigación de la Universidad Carnegie Mellon , en Estados Unidos. El hallazgo sitúa a parte del microbioma como un regulador de los ritmos cotidianos del organismo y aporta pistas sobre la relación entre los horarios de las comidas, el metabolismo y problemas como la obesidad o la desnutrición. El estudio estuvo dirigido por Zheng Kuang , profesor asociado del Departamento de Ciencias Biológicas de Carnegie Mellon. Su equipo analizó una cepa bacteriana del intestino capaz de responder a la presencia de alimentos y de comunicarse con las células intestinales mediante moléculas producidas durante la digestión. “ Estas bacterias no tienen acceso a la luz ”, explicó Kuang en declaraciones difundidas por la universidad. “ En cambio, utilizan los alimentos como señal para medir el tiempo, como un reloj . Cuando comemos, producen moléculas que se comunican con nuestras células intestinales y ayudan a coordinar la absorción de nutrientes”. El microbioma usa la comida como una señal de tiempo Los ritmos circadianos son los ciclos internos que organizan funciones corporales a lo largo de unas 24 horas, como el sueño, la temperatura y la liberación de hormonas. La luz es una de las señales más conocidas para sincronizarlos, pero este trabajo plantea que el intestino cuenta con otra referencia: la llegada de comida. La investigación muestra que determinadas bacterias del microbioma intestinal aprovechan los alimentos como indicador de que es momento de activar mecanismos vinculados con el uso de nutrientes. En términos sencillos, los microbios detectan que hay comida disponible y envían un aviso químico a las células del intestino para que se preparen a extraer mejor los componentes de esa comida. Ese diálogo entre bacterias y organismo ayuda a explicar cómo la microbiota puede influir en los ritmos diarios del cuerpo. El microbioma es la comunidad de microorganismos —como bacterias, hongos y virus— que habita en un entorno concreto; en este caso, el aparato digestivo. Según MirageNews , portal de noticias australiano, los investigadores buscaban responder una pregunta persistente en este campo: de qué manera las bacterias intestinales intervienen en los ciclos cotidianos del cuerpo y, por esa vía, afectan la salud general. El fitato activa una señal para absorber nutrientes La cepa estudiada metaboliza fitato , un compuesto natural presente en alimentos como los frutos secos, las semillas y los cereales. Al procesarlo, las bacterias generan moléculas que activan una proteína de las células intestinales. Esa proteína pone en marcha genes relacionados con la absorción de nutrientes. Dicho de otro modo, la bacteria transforma una sustancia presente en los alimentos en un mensaje químico que el intestino interpreta. La consecuencia es que el organismo ajusta su capacidad para captar nutrientes cuando estos están disponibles. “Estas bacterias evolucionaron junto con los humanos durante millones de años”, señaló Kuang . “ Cuando había alimento disponible, era beneficioso absorber la mayor cantidad de nutrientes posible ”. La explicación propuesta por los autores remite a un contexto de escasez. Durante buena parte de la historia humana, conseguir suficientes calorías no fue una situación garantizada. En ese escenario, contar con microorganismos que ayudaran a aprovechar al máximo los alimentos podía representar una ventaja para el crecimiento y la supervivencia. En dietas altas en calorías, la misma vía favoreció grasa en ratones El equipo utilizó modelos de ratón para estudiar las consecuencias de esta comunicación entre bacterias e intestino bajo distintos tipos de dieta. En animales que recibieron alimentos con muchas calorías, las bacterias capaces de activar esta ruta se vincularon con una mayor acumulación de grasa . El resultado no implica que las bacterias sean, por sí solas, una causa de obesidad en las personas. La investigación se realizó en ratones y las aplicaciones clínicas todavía requieren estudios adicionales. Sin embargo, señala un posible mecanismo por el cual una adaptación ventajosa en épocas de hambre puede tener efectos distintos en un contexto actual de acceso frecuente a alimentos densos en calorías. “En el pasado, esta relación nos ayudó a crecer y sobrevivir. Hoy vivimos en un entorno diferente, con acceso constante a alimentos ricos en calorías”, afirmó Kuang. “ Un sistema que antes era beneficioso ahora puede contribuir a problemas metabólicos ”. Los problemas metabólicos incluyen alteraciones en la forma en que el cuerpo obtiene, almacena y utiliza energía. La obesidad forma parte de este grupo de condiciones, aunque su aparición responde a múltiples factores, entre ellos la alimentación, el nivel de actividad física, el descanso, la genética y el entorno. Las bacterias también mejoraron el crecimiento con pocos nutrientes Los investigadores evaluaron la misma vía en animales alimentados con dietas pobres en nutrientes, diseñadas para asemejarse a situaciones de desnutrición . En ese contexto, las bacterias y las moléculas que producían ayudaron a mejorar el crecimiento de los animales, ya que les permitieron obtener más provecho de una cantidad limitada de alimento. La capacidad de aumentar la absorción puede resultar perjudicial si existe una disponibilidad constante de calorías, pero podría ser útil cuando los nutrientes escasean. Su efecto, por tanto, depende del ambiente alimentario y del estado nutricional. Las bacterias analizadas también están presentes en humanos y que podrían hallarse en menores cantidades en niños con desnutrición que en niños sanos, una hipótesis que los científicos deberán investigar de forma específica. El estudio no establece una pauta médica individual ni prueba que modificar los horarios de las comidas pueda prevenir la obesidad o curar trastornos nutricionales. Aun así, sus resultados respaldan la importancia de la regularidad alimentaria como un factor que puede contribuir a la coordinación entre el organismo y sus microorganismos. “La sincronización entre cuándo comemos y cuándo nuestro cuerpo espera alimento parece ser muy importante”, indicó Kuang. “ Mantener patrones de alimentación consistentes puede ayudar a favorecer una relación saludable entre el microbioma y el cuerpo ”. El siguiente paso será determinar si aumentar la presencia de estas bacterias o de sus moléculas puede beneficiar a poblaciones con inseguridad alimentaria. Kuang también mencionó posibles usos en la producción ganadera, aunque esas aplicaciones aún se encuentran lejos de trasladarse a la práctica.
El cuerpo no solo sigue el ciclo de luz y oscuridad. Las bacterias intestinales pueden detectar cuándo comemos y activar






Comentarios