La Argentina atraviesa una etapa decisiva para el desarrollo de Vaca Muerta . La escala que alcanzó la industria del petróleo y el gas no convencional dejó de ser una promesa y empieza a traducirse en proyectos de inversión de gran magnitud. Sin embargo, el desafío ya no consiste solamente en extraer los recursos del subsuelo, sino en construir las condiciones para convertirlos en exportaciones sostenidas, generar empleo y aportar divisas a la economía. La Argentina Oil & Gas (AOG) Patagonia 2026, realizada en Neuquén , reflejó ese cambio de escala: según el balance final de los organizadores, reunió a más de 26.000 visitantes y 590 empresas, con un récord de más de 3.200 reuniones de negocios, en una edición que contó por primera vez con la presencia de un presidente de la Nación. El optimismo tuvo fundamentos concretos. Durante la exposición, el Gobierno destacó el crecimiento de la producción y el potencial de las inversiones en el sector, mientras las empresas presentaron proyectos destinados a ampliar la capacidad productiva y exportadora. Vaca Muerta concentra hoy una parte decisiva de la producción energética argentina: según estimaciones del sector basadas en datos oficiales, hacia mediados de 2026 aportaba del orden del 70% del petróleo y cerca del 60% del gas natural que produce el país. El potencial geológico está probado y el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) busca facilitar proyectos que requieren desembolsos de largo plazo. Ahora bien, conviene distinguir entre lo anunciado y lo concretado. El Gobierno cifró en más de US$ 210.000 millones los proyectos anunciados al amparo del régimen, de los cuales alrededor del 45% corresponde al petróleo y el gas ; pero hasta octubre de 2026 el RIGI acumulaba 25 proyectos efectivamente aprobados por unos US$ 68.000 millones, concentrados casi por completo en energía y minería, y los desembolsos ya ejecutados representan todavía una fracción menor del total comprometido, estimada en torno a US$ 6.000 millones para este año. La diferencia no es menor: anunciar una inversión no equivale a concretarla. El potencial geológico está probado y el RIGI busca facilitar proyectos que requieren desembolsos de largo plazo El principal límite para sostener la expansión aparece en la infraestructura. La producción crece, pero para exportar más petróleo y gas se necesitan oleoductos, gasoductos, plantas de procesamiento y terminales portuarias capaces de transportar los volúmenes previstos. El oleoducto Vaca Muerta Sur , por ejemplo, busca ampliar la capacidad de evacuación del petróleo hacia la costa de Río Negro: con su traza de ducto ya finalizada, la obra supera el 85% de avance y prevé su primera carga de crudo a comienzos de 2027, con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios. En paralelo, el proyecto Argentina LNG , impulsado por YPF junto con la italiana Eni y la emiratí XRG , apunta a producir y exportar gas natural licuado (GNL), es decir, gas enfriado hasta convertirse en líquido para facilitar su transporte en buques. La decisión final de inversión quedó fijada para el 26 de noviembre de 2026, fecha que YPF ratificó durante la propia exposición. La paradoja es que el crecimiento de la producción no elimina automáticamente la necesidad de importar energía. La Argentina puede aumentar su extracción y, al mismo tiempo, necesitar importaciones estacionales para cubrir picos de demanda, especialmente durante el invierno. Además, el gas asociado a la producción de petróleo no necesariamente alcanza para cubrir todos los requerimientos del mercado interno y los futuros compromisos de exportación. Por eso, sostener inversiones en la producción de gas y asegurar reglas previsibles será tan importante como ampliar la infraestructura de transporte. El desafío también es laboral. Durante la exposición, el presidente de YPF, Horacio Marín , señaló que el Instituto Vaca Muerta había certificado a unos 500 jóvenes, pero que apenas alrededor del 3% había conseguido empleo formal en la cuenca . El dato expone una dificultad que no se resuelve únicamente con inversiones: la formación debe estar acompañada por mecanismos de contratación y por una cadena de proveedores capaz de responder a las necesidades de una actividad cada vez más compleja. La Argentina puede aumentar su extracción y, al mismo tiempo, necesitar importaciones estacionales para cubrir picos de demanda, especialmente durante el invierno A estas condiciones se suma la relación entre el Gobierno nacional, las provincias y las empresas. La Nación necesita que el crecimiento energético se traduzca en divisas; las provincias buscan captar una mayor parte de los ingresos y generar empleo local; y las compañías requieren previsibilidad para comprometer capital durante años. Las diferencias sobre impuestos, concesiones y uso de los recursos muestran que el consenso en torno a la necesidad de invertir no elimina las disputas sobre cómo distribuir sus beneficios. El régimen de incentivos para grandes inversiones puede contribuir a generar condiciones favorables, pero la continuidad de los proyectos también depende de la estabilidad jurídica, la infraestructura disponible y la coordinación entre las distintas jurisdicciones. En una actividad que exige desembolsos millonarios y plazos prolongados, las reglas de juego son parte de la competitividad. La discusión sobre Vaca Muerta, por lo tanto, entró en una nueva etapa. La pregunta ya no es solamente cuánto petróleo y gas puede producir la Argentina, sino qué capacidad tiene para transportarlos, procesarlos y venderlos al mundo de manera competitiva. El recurso es real y las inversiones proyectadas muestran la magnitud de la oportunidad. El desafío consiste en que las obras, la producción, el empleo y los acuerdos institucionales avancen al mismo ritmo que las expectativas. Solo entonces el potencial energético podrá convertirse en una fuente sostenida de exportaciones y crecimiento para el país. El autor es codirector del Instituto de Energía de la Universidad Austral
La Argentina atraviesa una etapa decisiva para el desarrollo de Vaca Muerta . La escala que alcanzó la industria del pet





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