Para hablar de los premios que tiene Francis Ford Coppola (Detroit, 1939) es casi más fácil hacerlo de los que le faltan. El director estadounidense, autor de algunas de las películas más importantes del siglo XX, desde El padrino (1972) y El padrino II (1974) hasta La conversación (1974) o Apocalypse Now (1979), acumula cinco Oscar, seis Globos de Oro, dos Palmas de Oro y un BAFTA. Incluso, una Concha de Oro en el Festival de San Sebastián por Llueve sobre mi corazón , en 1969. A esa colección de galardones se le sumó en 2015 el Premio Princesa de Asturias de las Artes . El jurado destacó entonces su “independencia emprendedora y creativa” y una trayectoria que había ejercido una “decisiva influencia en la transformación y renovación de la industria y el arte cinematográficos”. Precisamente durante su discurso en Oviedo, el cineasta reflexionó sobre el valor del arte y la incapacidad de este para influir en los horrores del mundo . “Algo que he notado durante el entusiasmo de este honor de Asturias: el supuesto de que un director de cine, y la fama que trae consigo, es capaz de usar el cine para resolver los problemas del mundo ”, dijo a mitad del discurso. “¡Ojalá que fuera así, pero, desafortunadamente, no ostento tal poder! Puede que un día sea capaz el cine de realizar tales milagros, pero, de momento, es como Prometeo, atado por las cadenas del “mercantilismo”, controlado y neutralizado en el nombre de los beneficios exentos de riesgo". El cine frente al mercantilismo De la misma manera, el también guionista y productor, defendió que el arte puede servir también para entretener , una postura que su generación, en la que encajó a cineastas como Ingmar Bergman, Akira Kurosawa, Federico Fellini, Roberto Rossellini y Luis Buñuel , defendía: “Nosotros sentíamos que sí, sin duda. Esto siempre ha sido el objetivo ”. Sin embargo, tal y como expresó el cineasta, el cine, estaba cambiando gracias a la tecnología, algo que una década después se ha acentuado gracias a la inteligencia artificial. Lejos de ver esos avances como una amenaza, el productor afirmó entenderlos como una oportunidad. “Toda arte interpretativa es una creación y un subproducto de la tecnología ”, dijo. “Esta es la emoción verdadera de la especie humana; que cada generación de niños pueda correr más rápidamente, saltar más alto, tocar instrumentos musicales con una excelencia técnica asombrosa y soñar con expresiones cinematográficas nuevas que ni siquiera podemos sospechar”. Esa defensa del riesgo creativo ha seguido marcando su carrera. Después de décadas intentando sacar adelante Megalopolis , Coppola decidió financiar personalmente la película con unos 120 millones de dólares y mantener la propiedad del proyecto, precisamente para poder realizarlo al margen de las fórmulas comerciales habituales. Estrenada en Cannes en 2024, la cinta llevó hasta el extremo esa voluntad de experimentar que ya reivindicaba en Oviedo casi una década antes. Aquel discurso de casi ocho minutos terminó, además, con una cita de Miguel de Cervantes , perteneciente a la segunda parte de El Quijote .
Puede que un día sea capaz el cine de realizar tales milagros, pero, de momento, es como Prometeo, atado por las cadenas






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