Por décadas se leyó al otro Murakami a la sombra del primero. Haruki era el de los gatos, el jazz y los pozos secos, el que salía a correr todas las mañanas. Ryu jugaba tenis, buceaba y seguía con devoción la Fórmula 1. Para la crítica fue el enfant terrible de la literatura japonesa, el autor de culto que le dio a Takashi Miike el material de Audición (1999) y que dirigió Tokyo Decadence (1992) y Kyoko (2000). Un provocador, acaso un proveedor de violencia para los festivales de cine de medianoche. Y sin embargo, durante años apareció en TV Tokyo entrevistando a presidentes de empresas en Cambrian Palace, con la calma de un analista financiero. Bajo esa singular fachada había algo más hondo. El primero en verlo fue el propio Haruki, que dijo que debajo de lo que escribía su tocayo había un pozo de petróleo . Ryu Murakami (que murió el 17 de octubre en su casa, a los 74 años, aunque la noticia se conoció recién seis días después) fue, en el fondo, un cronista de la resaca . La gente a la que le gustan las películas de horror es básicamente gente con vidas aburridas. Quieren sentirse estimulados, tienen que reafirmarse de alguna forma, porque cuando una película que realmente da miedo termina, se obtiene la confirmación de que sigues vivo, de que el mundo todavía existe tal como existía antes. Esa es la verdadera razón por la que se hacen películas de horror, son amortiguadores de traumas, y si desaparecieran de pronto perderíamos una de las pocas formas que tenemos de aplacar la ansiedad de la imaginación. Y te aseguro que veríamos una gran escalada en el número de asesinos seriales y matanzas masivas. Después de todo, cualquier lo suficientemente estúpido como para sacar la idea de matar gente de una película bien podría tener la misma idea viendo las noticias, ¿verdad? Ryu Murakami El vecino incómodo Nació el 19 de febrero de 1952 en Sasebo, en la prefectura de Nagasaki, y pasó sus primeros dieciocho años a la sombra de la base naval estadounidense. De adolescente marchó contra la presencia militar norteamericana. Años después se describiría como uno de esos “chicos extraños” que convirtieron la rabia en arte . Ese vecino nunca se fue de sus libros. Está en los soldados drogados de Azul casi transparente (1976), la novela que publicó con 24 años y que le dio el premio Akutagawa. Reaparece veinte años después con otra cara, la del gaijin Frank, el turista gringo de Sopa de miso (1997) que desde la primera página irradia la energía perturbadora de un asesino en serie. Todos los estadounidenses tienen algo de solitario. No sé cuál será la razón, salvo quizás que todos descienden de inmigrantes Ryu Murakami El reverso del City Pop Sopa de miso transcurre en los últimos días del año, en Kabukicho, el barrio rojo de Tokio. Kenji, un joven que se gana la vida guiando a extranjeros por la noche tokiota, acepta a Frank como cliente. Lo que sigue es un viaje en caída libre por el laberinto turbio del barrio, entre ultraviolencia, soledad y vacío existencial. Por ahí desfila la fauna nocturna de la ciudad, una mezcla notable de caracteres humanos y máscaras de cordura. Si el City Pop fue la banda sonora de la burbuja de los ochenta, con sus autos descapotables y sus atardeceres de cóctel, Murakami escribió lo que vino después : la mañana siguiente, la cuenta impaga, el karaoke con olor a cigarro y humedad. La novela ganó el premio Yomiuri en 1998, con un jurado que presidía Kenzaburo Oé. Habría que agregar que pocos escritores han oído la ciudad como él. En la escena del pub de omiai, el local donde hombres y mujeres se reúnen a buscar pareja, uno alcanza a escuchar las pistas MIDI envasadas y los parlantes reventados sonando hacia la calle. Todo el mundo quiere hablar de sí mismo, y todo el mundo quiere escuchar la historia de los demás, así que nos turnamos para hacer de reportero y de celebridad Ryu Murakami Sangre sobre el tatami Su prosa es clínica, acelerada y profundamente bizarra . Murakami describe un descuartizamiento con la misma calma con que un manual describe el armado de un mueble. Esa frialdad le valió la etiqueta de autor gore, que siempre le quedó corta. Da la impresión de que la violencia era para él la forma más honesta de mostrar algo que los modales japoneses tapaban: personas rodeadas de gente y, aún así, completamente solas . Pues bien, en sus novelas siempre llega la misma hora. Los neones de Kabukicho se apagan, los locales bajan la cortina y el cliente vuelve a su hotel. Ryu Murakami pasó cincuenta años escribiendo sobre esa luz gris de las cinco de la mañana , cuando ya no queda música que tape el silencio y cada uno camina a su casa con lo que vio. Lo que hace que alguien sea agradable o desagradable es su forma de comunicarse. Cuando la gente está mal, su comunicación también lo está Ryu Murakami Como dato, buena parte de sus mejores libros - Sopa de miso , Azul casi transparente , los cuentos Decadencia de Tokio , 69 y Audición (de donde vienen las citas que acompañan este texto)- circulan en español en las ediciones del sello chileno Abducción Editorial , con traducción de J. C. Cortés, que captura el tono clínico y acelerado de Murakami con una cadencia cercana y sin los modismos ibéricos de otras versiones.
Ryu Murakami El vecino incómodo Nació el 19 de febrero de 1952 en Sasebo, en la prefectura de Nagasaki, y pasó sus prime




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