La tragedia ferroviaria de Urda, Toledo, es ya la segunda que vive España en apenas nueve meses. Con 69 personas fallecidas y más de 180 heridos hasta el momento, la vía Madrid-Andalucía vuelve a sufrir uno de los accidentes más mortales de la historia del país. Como indicaron las primeras investigaciones, el accidente se habría producido por un AVE que alcanzó a un tren Iryo que estaba detenido en la vía. Por ahora, no se ha esclarecido si se debe a un error humano o a un fallo del sistema de seguridad, o ambas. Son más de 500 los pasajeros que iban a bordo de los dos trenes colisionados (397 en el AVE y 147 en el Iryo, entre ellos un bebé) y cientos de ellos han necesitado de primeros auxilios y de atención psicológica , así como sus familiares. Para brindar apoyo psicológico, los servicios de emergencia han desplegado en varias estaciones de trenes y pabellones para atender tanto a los supervivientes como a sus seres queridos que lo precisen. Después de sobrevivir a una catástrofe de este tipo, las primeras sensaciones suelen ser tan intensas como variadas: desde miedo y ansiedad hasta una profunda confusión de lo sucedido o problemas para dormir. “ Hay personas que se sienten incluso culpables porque ellos han sobrevivido mientras otras tantas lo están pasando mal o han perdido la vida”, señala a Infobae el psicólogo sanitario Alberto Miranda, director de AMV Psicología. Ante una situación en la que sentimos que estamos en peligro, “nuestro cerebro activa mecanismos automáticos de supervivencia”, expone el psicólogo Andrés Montero Conde, director de Ethos Psicólogos, a este medio. “Algunas personas reaccionan intentando escapar, otras actúan casi sin pensar y otras se quedan completamente paralizadas. Ninguna de estas respuestas significa que la persona haya reaccionado bien o mal: son mecanismos de protección ante una amenaza extrema ”. Puesto que “no todas las personas reaccionan igual”, no todas desarrollarán un trastorno psicológico : “Experimentar miedo, angustia o recuerdos involuntarios después de una experiencia traumática no significa necesariamente que se vaya a desarrollar un trastorno psicológico”, señala Montero. Por ello, de acuerdo con Miranda, en estos primeros momentos “no hay que exigirle a una persona que supere ni mucho menos lo que ha ocurrido, ni que hable de ello si no quiere”. La clave sería hacer que se sienta segura, que descanse y que esté acompañada para recuperar esa sensación de control de su vida. Según cita Miranda, “hay investigaciones que dicen que son cinco los principios fundamentales para favorecer una recuperación en estas catástrofes, que serían la seguridad, la calma, la sensación de eficacia personal, la conexión social y esperanza”. Un apoyo psicológico sin tiempos ni exigencias Si con el tiempo aparecen dificultades importantes para llevar una vida normal (ataques de pánico, pesadillas recurrentes, recuerdos involuntarios del accidente o empieza a condicionar seriamente su vida), es entonces cuando se recomienda realizar una intervención especializada. “ Recuperar la confianza no significa conseguir que la persona vuelva a subir a un tren sin sentir absolutamente nada de miedo, sino que el recuerdo del accidente deje de controlar sus decisiones y limitar su vida”. Sin exigencias ni prisas en la recuperación emocional es también como debe realizarse el acompañamiento a las personas más cercanas de las víctimas del accidente. En aquellos que tienen recibir la noticia más dura de todas, la del fallecimiento de un ser querido, la labor del psicólogo debe estar orientada hacia el respeto de los tiempos que necesite cada uno. Como bien apunta Montero, “no existe un calendario universal del duelo”, que puede ser especialmente complejo ante la muerte repentina de un ser querido, “porque a la pérdida se suma el impacto traumático de las circunstancias en las que se ha producido”. De igual modo es importante la manera en la que se da una noticia de este calibre, que ha de tener lugar en un entorno privado y transmitirse con claridad. El director de AMV Psicología añade que es crucial “responder a estas emociones con empatía y huir de frases como ‘el tiempo lo cura todo’ o ‘tienes que ser fuerte’”. Como explica Montero, aunque estas expresiones se digan con buena intención, “pueden hacer que la persona sienta que no tiene derecho a expresar su sufrimiento”. Un miedo que puede extenderse Los accidentes de trenes de Adamuz y Urda, ambos en la circulación de Madrid-Andalucía, suman ya 115 fallecidos, a la espera de la posible confirmación de más muertos en el que ha tenido lugar en Toledo el pasado 28 de octubre. Las dos tragedias, sumadas a las constantes incidencias que experimenta la red ferroviaria española en todos los puntos del país desde hace tiempo, han sembrado entre la población un temor generalizado al transporte ferroviario . “Desde luego que la exposición a las noticias en muchos aspectos puede generar miedo a viajar incluso en personas que no han vivido ”, cuenta Miranda a este medio. La explicación psicológica llega por la heurística de la disponibilidad, en la que, según la psicología, “nuestro cerebro utiliza esa facilidad que tiene de recordar determinados acontecimientos para estimar esa probabilidad”. De esta manera, “la cercanía emocional con las víctimas y la sensación de que podría habernos pasado a nosotros pueden alterar temporalmente nuestra percepción de seguridad”, aclara el director de Ethos Psicólogos. “Cuando vemos todas estas imágenes repetidas en el tiempo, podemos empezar a percibir el tren como el medio de transporte más peligroso, aunque su riesgo estadístico no diga lo mismo”, narra Miranda. Más que un apoyo psicológico, lo que puede resultar útil a aquellas personas que han quedado asustadas tras el accidente es consultar solo información fiable y limitar la exposición a ciertos contenidos informativos.
La tragedia ferroviaria de Urda, Toledo, es ya la segunda que vive España en apenas nueve meses. Con 69 personas falleci





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