Los factores de la economía, entre los que la doctrina clásica enuncia a la Tierra, el Trabajo y el Capital -para concluir incluyendo a la capacidad empresaria- y, por último (nosotros) al derecho como los pilares (y costos) de la producción, aparecen en tensión a partir del remake de Friedrich Hayek desde la llegada al gobierno de Milei . En especial en su abordaje sobre la “incompletitud” o existencia del conocimiento disperso al que es (o era) imposible acceder desde la limitación humana de análisis de tanta información (datos) como los que se ponen en movimiento al dispararse el juego de la oferta y la demanda y, de allí, los precios en un mercado determinado . Sin necesidad de aclarar que el contexto histórico, geopolítica y tecnológico de su obra impulsora al Nobel ha cambiado muchísimo desde aquel cercano 1974, me permitiré hacer algunas observaciones que impactan en la vida cotidiana del mercado argentino . Cualquiera que haya leído o conocido las opiniones del suscripto sobre la IA sabrá que admito el respeto por esa fenomenal herramienta digital , su inimitable procesador de textos, su maravillosa producción audiovisual y su inconmensurable capacidad y velocidad de análisis, pero siempre estoy lejos del difundido endiosamiento que palpita el reemplazo de la razón humana que campea en esta moda de temporada. De aquí que a la teoría sobre la dificultad de acceso a un vasto conocimiento de las fuerzas del mercado por la dispersión del volumen de datos en circulación le hizo un leve desgaste inicial (1985) la aparición de las planillas Excel y luego, ley de Moore mediante, aquel conocimiento disperso hoy se encuentra bastante concentrado, y con la facilidad de acceso que brindan las IA y sus informes. Obviar entonces que no es accesible la información, por ejemplo, del impacto ambiental que genera el tránsito por mares territoriales y océanos de los inmensos buques de contenedores de origen asiático hasta nuestros puertos, obviando pactos internacionales como Quebec , solo era un argumento sostenible en los años de la Cortina de Hierro o del desastre de Chernobyl . La emisión monopólica estatal de moneda cede paso a las blockchain, y el Compre Nacional desapareció bajo la legítima iniciativa de la Ley Bases . El debate instalado desde el poder ejecutivo, ya ha sido controvertido desde todos los puntos del espectro ideológico nacional (e internacional). Nótese que la amplitud de ese debate y su profundidad es sólo (y nada menos) que efecto de la fuerza comunicacional del emisor . La legitimación política que instala a la máxima autoridad política y administrativa nacional, también le entregó un poder informal o blando (Nye) que se diferencia sustancialmente de las actuaciones en paneles o medios de comunicación en los que otrora participaba sin los atributos presidenciales, como dije, legítimamente ungidos. Ahora bien, en los costos de transferencias indicados por la OCDE y, en especial para el caso que nos ocupa, en las recomendaciones de la OCDE sobre el valor a obtener por el dinero público invertido (VFM por su sigla en inglés) aparecen categorías de estudio para el análisis de las ofertas en contrataciones públicas (o privadas de tal magnitud que tienen impuesto el sistema licitatorio por su dimensión y escala en el mercado) en las que la variable final del precio es uno de los ítem de cálculo de la ecuación económica financiera de la oferta total. Así, las características del proveedor, su conducta impositiva , su solidez económica y capacidad técnica juegan un rol que no puede imponerse sin la observación detallada del impacto ambiental, de la paridad de los costos de transferencias (impositivas) al comparar ofertas internacionales y, un poco incluidas en esas obligaciones tributarias y otro poco por su propio peso, del valor por dinero (VFM) que se obtiene a partir del derrame que produce el pago de la contratación en el ámbito local de desarrollo. La teoría del VFM ha llegado abrazada al avance tecnológico y a la visibilizacion de las desigualdades sociales antes ocultas en aquel conocimiento disperso lúcidamente identificado por Hayek. Desregular es una de las formas o métodos más fuertes de regulación. La regulación de hoy, que incluye la apertura de fronteras con el objetivo de mejorar la oferta de bienes y servicios históricamente protegidos o subsidiados se transforma en una quimera si las reglas de juego no contemplan el análisis del valor que destina el Estado (y sus actores de mercado) al dinero público que se transfiere a las empresas privadas. No por antigua el agua deja de apagar la sed, y no por remanida la idea de la existencia binaria de capital y trabajo pierde vigencia. El capital es ahora más internacional (o multinacional) y más concentrado que nunca. Su fin primordial y lícito es la obtención de ganancias y necesita de un proceso virtuoso de reinversión, pago de salarios y obligaciones locales que contribuyen, otra vez, a las condiciones indispensables para crear nuevas ganancias. Es así que la infraestructura pública (intergeneracional) contribuye al desarrollo de las empresas y su pago vuelca dinero al mercado local que vuelve a subirlo al circuito económico desde el consumo. Ese círculo virtuoso se deteriora a máxima velocidad cuando la moneda se emite sin razonabilidad alguna, cuando el déficit público sobrepasa la lógica de los compromisos constitucionales de garantías intergeneracionales de los servicios públicos y la no distorsión del mercado (art. 42 CN). Pero nótese que cuando los costos de transferencias no son evaluados por los consumidores corporativos (públicos y privados) de obras, bienes y servicios, las reducciones de medidas aduaneras y arancelarias para mejorar la competencia producen el efecto contrario y consecuente de ocultar el valor que no se merituó en las ofertas locales, nacionales o regionales que incluyen en sí mismas la protección a la salud, la discapacidad, la invalidez, la paridad de género y el retiro de la fuerza local del trabajo (art. 75: 23 CN) Ese valor oculto sale del círculo virtuoso de la competencia leal internacional, se constituye en una espiral de desigualdades injustas (como analizó Dubet) y entra en la cadena de subsidios y prestaciones públicas que soporta el Estado Nacional. Por ende, beneficia al capital con la transferencia de riqueza y el esfuerzo de la carga impositiva, social y previsional de toda la sociedad dando por resultado el inmediato abandono del esfuerzo de la capacidad empresarial por la comodidad de esa situación que se contenta con una plantilla Excel gananciosa sin otro aporte intelectual o emprendedor que el de las transferencias y des emparejamientos internacionales de impuestos. Es entonces, cuando dejamos atrás la discusión de la competencia por la desregulación impositiva a la producción extranjera para entrar en un esquema inconstitucional y encubierto de subsidio al salario , la salud y la previsión de los trabajadores de otros países en desmedro de la mano de obra local altamente calificada. Es indispensable que el esquema sea criterioso y virtuoso. El valor por dinero no es un principio atribuible a ninguna escuela económica de izquierdas. Por el contrario, es el capitalismo puro que debe garantizar competencia leal. Rogamos a los responsables del impulso de contrataciones estratégicas y de alto impacto económico que analicen con las mejores herramientas que brinda la tecnología para honrar la observación de Hayek sobre el conocimiento disperso y que apliquen las indicaciones y recomendaciones de la OCDE de la OMC y del Protocolo de Quebec, contenidos por ejemplo en los compromisos públicos que YPF publicita en su sitio oficial (política de calidad, ambiente y seguridad) para evitar las fuertes distorsiones en el mercado que implican las ofertas de empresas extranjeras que ocultan la pérdida del valor del dinero público y atentan contra los compromisos internacionales que hemos incorporado a nuestra legislación local. *El autor es Presidente del XX Congreso Asociación Iberoamericana de Estudios de la Regulación (ASIER) 2027
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