“Droga Róża” escribe con pluma y tinta en una hoja un comisario polaco de fines del siglo XIX decidido a quitarse la vida y dejar una nota a su amada, aunque el libreto de la serie La Muñeca siempre lo interrumpe porque debe investigar los delitos de la trama. Me sorprende la paradoja de “droga”, que hasta fonéticamente suena igual en español, pero que tiene un significado tan distinto y poco “querible”. Porque si alude a un fármaco, es para curarse de algo, y si se refiere a una adicción, es peor. ¿Cómo algo se llama como se llama? Es una pregunta que me da vueltas muchas veces y me genera una amplia gama de intrigas. ¿Quién fue el herrero que diseñó el primer picaporte y lo bautizó así delante de los primeros sorprendidos por la invención de ese elemento que de tan cotidiano ya nadie lo tiene en cuenta? ¿Por qué el tarugo se llama tarugo? ¿Quién decidió que la biela lleve ese nombre? Esa imposición de nombres a todo –de objetos a las partes del cuerpo humano, los fenómenos climáticos o los componentes de la naturaleza- me deslumbra. Y hasta admiro, sin saber su identidad, a quien decidió nombrar paprika a la paprika... porque tiene una sonoridad que marida con su sabor; es “droga”.
“Droga Róża” escribe con pluma y tinta en una hoja un comisario polaco de fines del siglo XIX decidido a quitarse la vid


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