¿Dónde empieza España? ¿Cuándo comienza a gestarse el relato de ‘lo español’ ? Los historiadores, como periodistas del pasado, se encuentran en numerosas ocasiones ante la dificultad de explicar qué sucedió realmente y qué versiones han moldeado nuestra manera de entender España, Francia, Tailandia o Nigeria. Belén Bricio (Móstoles, 1994) ha sabido sortear con elegancia el reto de hacer accesibles investigaciones históricas sin caer en simplificaciones que han dado pie a mitos , bulos y medias verdades. “Me interesaba mostrar que esas ideas no son algo abstracto ni exclusivo de discursos políticos, sino que forman parte de nuestras conversaciones ”, cuenta a Infobae la historiadora y divulgadora. Ni es novedoso ni único en España que algunos dirigentes políticos manoseen la Historia para ponerla al servicio de su ideología . En nuestro país, uno de los episodios más utilizados en ciertos sectores de la política de extrema derecha es el de la Reconquista. Para Bricio, es “la que mayor peso ha tenido en la construcción de la identidad española”. De hecho, en 2019, Vox arrancó su campaña electoral en Covadonga en “un acto cargado de simbolismo”, puesto que fue en este paraje asturiano donde Pelayo consiguió la primera gran victoria frente a los musulmanes en el año 722. El concepto de la “Reconquista” no se utilizó durante los ocho siglos que los musulmanes ocuparon la península, más tiempo incluso del que estuvieron los romanos. “No es casual que hablemos de la romanización como un proceso fundamental en nuestra historia y que muchas veces describamos la presencia musulmana exclusivamente en términos de invasión y dominación , cuando ambas cosas comenzaron con conquistas militares”, señala Bricio, que acaba de publicar La España que no nos contaron (Bruguera, 2026). Esta visión tradicional de la formación de Al-Ándalus vendría a señalar que existiría una España anterior a la llegada de los musulmanes, y que había pasado ocho siglos luchando por recuperar su territorio. No obstante, el problema de esta interpretación es que “proyectamos esa identidad nacional contemporánea sobre sociedades medievales que no se concebían a sí mismas en esos términos ”. Más aún si tenemos en cuenta que existían alianzas entre gobernantes cristianos y musulmanes (precisamente El Cid , imagen del héroe cristiano, estuvo al servicio de reyes musulmanes , recuerda la historiadora). Héroes y villanos de España: ni tan ‘loca’ ni tan ‘hechizado’ La Historia, simplificada, oscila entre el relato de personajes heroicos como Pelayo o El Cid y otros que hemos maltratado con mayor o menor conciencia, como es el caso de Juana I , “la Loca”, o Carlos II, “el Hechizado”. “Tanto una cosa como otra te impide comprender quiénes fueron realmente ”, sostiene la divulgadora. En el caso de la hija de los Reyes Católicos, Bricio lamenta que sean muchas las personas que han escuchado hablar de ese supuesto desequilibrio mental, pero apenas unas pocas conozcan las circunstancias políticas que rodearon su vida, como el hecho de que estuvo recluida en Tordesillas durante 46 años, con su capacidad para ejercer el poder “condicionada por los intereses de su padre, su marido y, después, su hijo”. Según explica Bricio, los personajes de Pelayo o El Cid no han perdurado hasta nuestro tiempo solo por lo que hicieron, sino porque encajaron en una narrativa (literaria, historiográfica...) de los orígenes de España basada en la resistencia, la valentía y la defensa del territorio. “Es curioso ver cómo tenemos esa facilidad para convertir a determinados personajes históricos en héroes y a otros en caricaturas ”. Una dictadura, pero con pantanos y Seguridad Social Más allá de la Reconquista o de personas con nombre y apellido, el imaginario español también se ha forjado a través de ideas falsas como la de una España unida frente a la invasión napoleónica. No es casualidad que los afrancesados , explica Bricio, sean un episodio al que apenas se le dedica tiempo en las clases del instituto. “ Resultaban incómodos para este relato patriótico posterior”, matiza. Precisamente en la continuación y construcción de este relato patriótico se movió la propaganda franquista, tan potente que todavía hoy hay quienes rebaten una Guerra Civil y una dictadura con el argumento de pantanos y Seguridad Social, porque “al final todos los gobiernos construyen infraestructuras, aprueban leyes y gestionan servicios públicos”. El problema, en este caso, aparece por utilizar estas actuaciones para justificar un régimen político . Lo que se omite de los famosos pantanos de Franco es que ya existían proyectos antes del estallido de la Guerra Civil, como el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, recuerda Belén Bricio. Algo parecido ocurre con la Seguridad Social, pues, aunque durante la dictadura se aprueba su Ley de Bases en 1963, España ya contaba con antecedentes de protección social. Además, Franco reformó en 1954 la Ley de Vagos y Maleantes aprobada durante la Segunda República (dirigida originariamente a “proxenetas y vagabundos”) para incluir a los homosexuales , quienes pasaron a considerarse sujetos susceptibles de ser internados en campos de concentración como el de Tefía , en Fuerteventura. La Historia y las historias no siempre van de la mano A pesar de los represaliados y los exiliados, hay quienes romantizan aquella época simplemente porque no sufrieron la opresión. En este sentido, Bricio expone que tendemos a recordar el pasado a través de las experiencias personales: “Muchas veces confundimos una etapa de nuestra vida con las condiciones políticas y sociales de aquella época. Una persona puede recordar su infancia durante el franquismo como un periodo feliz y ese recuerdo es perfectamente legítimo. Pero haber sido feliz durante una dictadura no significa que se viviera mejor en ella ”. Algunas afirmaciones populares como que “con Franco se vivía mejor” o que “durante el franquismo podías dormir con la puerta abierta” pueden entenderse como experiencias personales legítimas, pero que en absoluto recogen la realidad al completo, opina la divulgadora. “La seguridad no consiste únicamente en que no te roben en casa; también significa que puedas expresar tus ideas sin miedo, poder manifestarte, organizarte políticamente o vivir tu sexualidad sin sufrir ningún tipo de repercusión”. Nuestra experiencia personal, pese a ser genuina, no puede ser ciencia. Por ello, la historia no se limita a recopilar fechas o anécdotas, sino a estudiar, siguiendo un método riguroso, quiénes fuimos, qué hicimos y por qué somos los que somos.
Los historiadores, como periodistas del pasado, se encuentran en numerosas ocasiones ante la dificultad de explicar qué





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