Entre 1990 y 2023, el número de personas que vivían con anorexia o bulimia nerviosa aumentó 71% en el mundo , hasta alcanzar 18,1 millones de casos estimados. Cerca de siete de cada diez correspondían a mujeres y el 41,2% se concentraba entre los 10 y los 24 años, según un análisis publicado en la revista JAMA Psychiatry . El estudio no permite atribuir ese aumento a una causa única. Los trastornos de la conducta alimentaria responden a una combinación de factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales , y las estimaciones también pueden verse influidas por cambios en la detección, los criterios diagnósticos y la información disponible en cada país. Australia registró la tasa más alta entre los países y territorios incluidos, con 1.026,5 casos estimados por cada 100.000 habitantes. Le siguieron Mónaco , con 873,6; Irlanda , con 642,5; Luxemburgo, con 635,6; Bermudas, con 626,5; Finlandia, con 599,7; Noruega, con 595,5; España , con 574. En Argentina , la tasa combinada fue de 366,4 casos estimados por cada 100.000 habitantes , esto es un 62% superior al promedio mundial de 225,6. Ante la consulta de Infobae, Rolando Salinas (MN 72.241) , jefe del Instituto de Salud Mental y Medicina Psicosomática del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud y Epidemiología de la Universidad Católica Argentina (UCA) , planteó que “ en los últimos años observamos una mayor demanda de atención por trastornos de la conducta alimentaria, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes ”. El especialista señaló que la tendencia resulta consistente con los datos internacionales, aunque aclaró que los trastornos también se presentan en la adultez y “ no deben considerarse enfermedades exclusivas de la adolescencia”. Mujeres, adolescentes y jóvenes: los grupos más afectados por trastornos de conducta alimentaria “ Estamos observando un aumento en la incidencia de estos casos en menores de 15 años ”, señalaron a Infobae la licenciada en nutrición Ornela Dagotto y la licenciada en trabajo social María José Faccini , del Programa de Adolescencia del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) , al ser consultadas sobre los resultados de la investigación y el incremento de los trastornos de la conducta alimentaria en edades tempranas. Las especialistas vincularon este escenario tanto con el acceso cada vez más precoz a las redes sociales y como con la mayor capacidad de detección durante las consultas médicas pediátricas. El estudio internacional, encabezado por el Hospital Infantil de la Universidad Médica de Nanjing, China, y realizado con datos del estudio Global Burden of Disease 2023, examinó la evolución de ambos trastornos en 204 países y territorios entre 1990 y 2023. Los autores proyectan que el total mundial ascenderá a 21,8 millones de personas hacia 2050. Las cifras no equivalen a diagnósticos registrados en hospitales o consultorios. Son estimaciones poblacionales elaboradas a partir de revisiones de estudios, encuestas, registros civiles y modelos estadísticos. Además, el análisis se limita a anorexia y bulimia, por lo que no mide la totalidad de los trastornos de la conducta alimentaria. La bulimia nerviosa reunió la mayor parte de los casos estimados, con 14,2 millones de personas, y aumentó 75,1% desde 1990. La anorexia nerviosa alcanzó 3,9 millones de casos, un incremento de 57,9%. El aumento de los casos no se distribuyó de forma uniforme. A escala regional, Australasia presentó la mayor prevalencia estandarizada por edad, con 946,4 casos por cada 100.000 habitantes. Europa Occidental quedó en segundo lugar, con 502,4. El estudio advierte que esas diferencias geográficas pueden responder tanto a variaciones epidemiológicas como a la disponibilidad y calidad de los datos, por lo que las comparaciones entre países requieren cautela. “La investigación estima que el número de personas afectadas aumentó un 71% durante ese período, hasta alcanzar los 18,1 millones. Es importante aclarar que ese porcentaje corresponde al aumento del número absoluto de casos. Cuando se consideran los cambios en el tamaño y la estructura por edades de la población, el incremento de la prevalencia fue del 20,6% , lo que confirma una tendencia creciente, aunque de menor magnitud”, aclaró el especialista del Hospital Alemán . Perú y Ecuador quedaron al frente de América Latina En América Latina, Perú tuvo la tasa combinada más alta de anorexia y bulimia, con 468,8 casos estimados por cada 100.000 habitantes en 2023. Ecuador, con 457,1, y Guyana, con 438,4, completaron los primeros puestos de la región. Después se ubicaron Bolivia, con 394,5; Brasil, con 389,6; Chile, con 386,3; Uruguay, con 380; y Argentina , con 366,4. La tasa argentina superó también las de Surinam, Paraguay y Colombia. Venezuela presentó el valor más bajo entre los países relevados en el gráfico regional, con 257,1 casos por cada 100.000 habitantes. Como conjunto, América Latina y el Caribe concentraron una tasa de 305,8 casos por cada 100.000 habitantes. La subregión andina alcanzó 359,2, mientras que América Latina tropical registró 321,7 y América Latina central, 285,3. Mujeres y jóvenes concentran una parte mayor de los casos Siete de cada 10 casos de anorexia y bulimia se dan en la población femenina, las mujeres representaron 12,6 millones de los casos estimados en 2023, equivalentes al 69,4% del total. Entre los hombres, el cálculo fue de 5,5 millones. La tasa estandarizada por edad fue de 318,3 por cada 100.000 habitantes en mujeres y de 135,7 en hombres. Más del 40% de los casos correspondió a personas de 10 a 24 años . La prevalencia combinada de anorexia y bulimia tuvo su punto más alto entre los 20 y los 24 años. Al analizar cada condición por separado, el pico se ubicó entre los 15 y 19 años para la anorexia y entre los 30 y 34 años para la bulimia. Los autores señalaron que la mayor carga entre las mujeres puede relacionarse con factores biológicos, psicosociales y socioculturales, cuya expresión varía según el contexto. También plantearon que los varones pueden estar subdiagnosticados , una de las razones por las que recomiendan mejorar la vigilancia epidemiológica y reducir las barreras de acceso a la atención. Salinas señaló que las dificultades para identificar el problema pueden variar según el género. “ Las barreras pueden ser diferentes entre mujeres y varones ”, afirmó. En ellos, explicó, la preocupación por el cuerpo puede expresarse mediante la búsqueda de mayor musculatura, dietas restrictivas o ejercicio físico compulsivo, conductas que a veces reciben validación social y pueden demorar la consulta. Dagotto y Faccini indicaron que las manifestaciones pueden variar con la edad: “Mientras que en adolescentes mayores predominan el deseo explícito de adelgazar o la insatisfacción con la figura, los preadolescentes suelen expresar el rechazo alimentario mediante molestias somáticas ”, explicaron. Mencionaron dolores abdominales, sensación de plenitud precoz, náuseas y miedo a tragar, atragantarse o vomitar. En ese grupo, añadieron, pueden no aparecer conductas purgativas como los vómitos autoinducidos o el uso de laxantes. “ La conducta dominante es la restricción dietética o el rechazo selectivo sensorial ”, señalaron. “La adolescencia es una etapa particularmente vulnerable por las transformaciones corporales, la construcción de la identidad y la importancia que adquieren la imagen personal y la aceptación social”, precisó Salinas. De todos modos, el especialista remarcó que estas afecciones también pueden presentarse en la adultez . La consulta temprana puede evitar complicaciones físicas y emocionales Los trastornos de la conducta alimentaria requieren atención especializada y temprana. La anorexia nerviosa puede provocar complicaciones cardiovasculares, metabólicas y nutricionales, además de asociarse con riesgo de suicidio. La bulimia, por su parte, puede producir alteraciones hidroelectrolíticas y cardíacas, aun cuando el peso de la persona se mantenga dentro de rangos esperados. La detección precoz puede involucrar a familias, escuelas, pediatras, clínicos, nutricionistas y profesionales de salud mental. Cambios persistentes en la relación con la comida, preocupación intensa por el peso o la imagen corporal, aislamiento, restricción o purga y alteraciones en el estado de ánimo son motivos para consultar con un equipo especializado. El especialista del Hospital Alemán advirtió que las restricciones alimentarias, las dietas rígidas, el ejercicio excesivo o la preocupación persistente por el peso pueden confundirse inicialmente con hábitos saludables. A ello se suman la vergüenza, el temor a ser juzgado y la dificultad para reconocer que se necesita tratamiento. “ La detección temprana es fundamental, porque permite intervenir antes de que estas conductas se consoliden y produzcan consecuencias físicas y psicológicas más graves ”, sostuvo Salinas. En cuanto a las señales de alerta en casa, las profesionales del Hospital de Clínicas recomendaron prestar atención a “ cambios sutiles en la mesa y las conductas alimentarias ”. Entre ellos mencionaron una lentitud inusual al comer, separar los ingredientes en el plato, masticar de manera prolongada, beber grandes cantidades de agua entre bocados, desmenuzar o mover la comida para aparentar que se ingirió, buscar excusas para comer a solas o realizar actividad física compulsiva. La detección tardía durante la adolescencia puede tener consecuencias clínicas, cognitivas y emocionales. “ En esta etapa el cuerpo y el sistema nervioso están en pleno desarrollo ”, advirtieron Dagotto y Faccini a Infobae. Entre los efectos posibles enumeraron la detención del crecimiento, el retraso puberal, las complicaciones cardiovasculares, la interrupción de la escolaridad y la pérdida de espacios de socialización. Las especialistas también alertaron sobre las barreras para acceder a atención especializada en el sistema público. Señalaron la saturación y las listas de espera en centros de referencia, junto con la escasez de hospitales de día e internaciones breves específicas para adolescentes. La investigación estima que la cantidad de personas con anorexia o bulimia llegará a 21,8 millones en 2050 , un alza prevista de 20,3 % frente a 2023. “ La conducta alimentaria tiene una dimensión psicológica compleja . Las redes sociales y los modelos corporales idealizados pueden contribuir a estas dificultades, aunque sería incorrecto atribuirles una causalidad exclusiva. Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades de origen multifactorial , en las que intervienen condiciones individuales, familiares, psicológicas y socioculturales”, concluyó Salinas.

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Entre 1990 y 2023, el número de personas que vivían con anorexia o bulimia nerviosa aumentó 71% en el mundo , hasta alca