Eduardo Etcheto fue uno de los grandes arquitectos detrás de la histórica consagración de los Cóndores M20 en la World Rugby U20 Challenger . El riguroso trabajo liderado por el entrenador argentino, junto a su cuerpo técnico y una nómina de 30 jóvenes rugbistas, situó al país en la cima de la novel categoría, consolidando un hito sin precedentes que deja réditos inmediatos para el alto rendimiento nacional y la formación de nuevos talentos. Una vez concluida la gesta planetaria, el head coach del quince nacional hace una pausa para conversar con El Deportivo . En una entrevista en profundidad, Etcheto repasa las claves de un proceso que se extendió por casi cuatro años antes de levantar la copa, abordando el impacto del compromiso interno del plantel, la proyección de estos jugadores hacia el seleccionado adulto y los avances en infraestructura para el desarrollo del rugby chileno. ¿Cuál fue la primera emoción o imagen que se le vino a la cabeza cuando terminó el partido frente a Bélgica y se confirmó el título invicto? Obviamente que tengo mucha felicidad, sobre todo por lo que hizo este grupo de chicos. En estos últimos 10 meses transitamos el proceso junto a ellos y a todo el staff . Hay mucha satisfacción por el logro conseguido. Se me viene a la cabeza que muchos de estos deportistas arrancaron con nosotros y los reclutamos cuando tenían 15 y 16 años, y participaron de unos cuantos procesos para representar a sus seleccionados juveniles. Hoy terminan cerrando esa etapa juvenil con este campeonato, así que lo primero que se me viene a la imagen es cuando estos chicos llegaron a nuestros programas de Federación y hoy se están yendo de la etapa juvenil ya jugando con una madurez y una adultez que me sorprende. Durante el torneo prácticamente arrasaron con todos los rivales... Es importante reconocer que nosotros tuvimos la oportunidad de prepararnos de una manera que tal vez otros seleccionados que participaron de este torneo no tuvieron. No le resta mérito a lo que nosotros hicimos con los chicos, pero es importante destacar eso. Hoy la Federación tiene un programa de formación juvenil que es difícil de encontrar en otras partes del mundo. Gran parte de los jugadores que integran los seleccionados entrenan entre tres y cuatro veces por semana con nosotros, es decir, están inmersos en un programa que los aborda desde diferentes áreas y eso hace que, al cabo del tiempo, obtengan el rendimiento deseado. Eso nos permitió a nosotros ser ambiciosos en cuanto a la forma de jugar y a la propuesta. En los tres primeros partidos el equipo adquirió un nivel en ataque y en defensa que nos hizo entusiasmar a todos, incluso a la gente que los venía a ver. Entonces llegamos a la final sabiendo que enfrentábamos a un equipo que era totalmente diferente a los que habíamos enfrentado en la primera etapa del torneo y que la final era como un torneo aparte. Era un rival que la mayoría de sus jugadores juegan en las academias del rugby francés. Era un equipo que proponía un rugby desafiante y nos iban a obligar a estar al tope de nuestras posibilidades. Incluso, comenzaron perdiendo la final ante Bélgica y luego consiguieron remontar con holgura... El inicio del partido fue difícil para nosotros, nos costó en los primeros minutos acomodarnos y llevar adelante lo que habíamos planeado. Sucede, también, que al capitán le sacan una roja por 20 minutos y que no puede volver a entrar, por lo que se hace más cuesta arriba el partido. Eso hizo que cerráramos filas, nos juntáramos más y no apeláramos tanto al juego, sino al carácter de estos chicos, lo cual confirmó que no solo saben jugar bien, sino que, como te decía, están con una madurez y con un deseo de conseguir las cosas que se proponen que te llega a asombrar. Muchos de estos jugadores llevan trabajando en un proceso de cuatro años. ¿Cuál fue el salto cualitativo que dio esta generación para salir campeón? En el transcurso de toda esta etapa que ellos han tenido, hay una base de chicos que se mantuvo y que ha dado un salto en su rendimiento. De a poco han empezado a sentir que competir contra seleccionados internacionales era algo natural para ellos. Cuando arrancamos, los primeros partidos contra otros seleccionados eran mucho más complejos. Hoy estos chicos se animan a jugar en cualquier cancha, independientemente de que puedan ganar, perder, jugar bien, jugar más o menos, jugar no tan bien; pero han forjado un carácter que los invita a jugar en cualquier lugar. La gira por Sudáfrica, a fines de mayo, nos transformó completamente. Fue el golpe definitivo para dar el salto y convencernos de que estábamos en presencia de un grupo de chicos quería realmente generar ese impacto en la cultura del rugby juvenil chileno. Jugamos contra el campeón del mundo y contra equipos de la élite mundial. Independientemente de que los resultados numéricos no fueron tan favorables, terminó de convencernos de que estábamos para cosas importantes. ¿Qué metodología de trabajo se llevó a cabo para llegar tan compenetrados al torneo? Este proceso fue de 10 meses, 40 semanas y 160 entrenamientos. Esos números los repetimos permanentemente a lo largo de los 10 meses para que ellos tengan claridad de dónde estábamos parados y a hacia dónde íbamos y a dónde queríamos llegar. Les mostramos todo el camino que íbamos a recorrer desde el 12 de diciembre del 2025 al 17 de octubre de 2026. Cuando les mostramos los objetivos que teníamos y cuál era nuestra meta, pudimos definir un propósito común y a partir de ahí ponernos a trabajar. El gran secreto fue tener en claro cuál era el propósito común. Ese era el único camino para llegar a donde nosotros queríamos llegar. Esa evolución va de la mano con la remodelación al Parque Mahuida . ¿Cuánto ha cambiado las condiciones de trabajo para el rugby chileno respecto a años anteriores y qué margen de mejora todavía existe en infraestructura? Cuando nosotros arrancamos en el 2022 —no estoy hablando de hace 10 años atrás— teníamos que llegar de madrugada a sacar los caballos que había en la cancha. Con la gente de la Federación juntábamos la bosta de los caballos que quedaba en la cancha para que cuando llegaran los jugadores pudieran entrenar en un lugar medianamente decente. El primer torneo que fuimos a jugar con estos chicos que terminan saliendo campeones —que fue un M17 en Argentina— estuvimos de viaje durante 22 días, donde los jugadores se hospedaron en un cuartito para 16 personas. Esas eran nuestras posibilidades, pero lo estábamos haciendo con la misma pasión y con el mismo amor con el cual hoy vamos a un gimnasio de nivel mundial, donde se puede jugar partidos de nivel internacional y alojando en hoteles súper lujosos. La evolución que ha tenido en estos cuatro años el área de infraestructura va a una velocidad que te asusta, pero también nos entusiasma y nos genera muchísima más responsabilidad para que la propuesta que tenemos desde Federación para entrar al rugby juvenil sea cada vez más interesante. ¿Cómo ve la proyección de estos jugadores a la selección adulta o a franquicias como Selknam? Hay un grupo de jugadores que tienen una semana de descanso y vuelven a trabajar con nosotros, así como también hay un grupo de jugadores que se va al programa de Seven adulto para viajar a competir a Dubái. Otros irán a hacer la postemporada en lo que nosotros llamamos Academia Nacional, pensando en una posible pretemporada de Selknam en enero del año que viene y, si tenemos suerte, alguno de estos chicos puede irse a la gira a Europa de Cóndores. El resto seguirá trabajando con nosotros porque hay una base. La mitad de este plantel que salió campeón son de la categoría 2007, es decir, tienen menos de 19 años y el año que viene van a liderar el proceso M20. ¿Cuál es el plan inmediato que tiene para el grupo de deportistas para que no se pierda el ritmo de competencia? El hito que teníamos para esta temporada fue el del título. Este domingo hicimos el cierre con ellos al mediodía y tienen una semana de descanso. A partir de ahí, empiezan su postemporada. Competencia en lo inmediato no tienen, salvo aquellos que vayan a jugar al Seven o si alguno de estos chicos es convocado para la gira a Europa con Cóndores. Después no tienen ninguna competencia oficial a nivel de selección nacional, pero sí tienen una cantidad de semanas en la que elevaremos los números de medición, la carga en el gimnasio, las carreras, algunas cuestiones técnicas que queremos trabajar y la parte nutricional. Bueno, abordamos algunas áreas que durante la competencia es más difícil. En el balance general, ¿qué representa a nivel nacional? En la charla en el camarín, cuando hicimos el cierre del torneo, les transmití un mensaje. Les dije que todavía no tomamos dimensión del impacto que va a tener lo que ellos acaban de hacer, en la comunidad en general y en el rugby en particular . Primero, porque va a haber chicos que seguramente los hayan visto, se hayan inspirado y quieran empezar a jugar nuestro deporte. Por otro lado, porque hay chicos que los han visto ganando un torneo representando a su país y van a decir: “Si él está y él lo puede lograr, ¿por qué yo no?”, y van a comenzar a entrenarse más y a querer jugar más y a enamorarse más de este deporte con el afán de tener la posibilidad de ser convocado a un futuro seleccionado. Y lo otro es que se ven 30 chicos con un propósito común a lograr un objetivo, con disciplina, con muchísima humildad, con un sentido de pertenencia; eso es asombroso. Es algo que va muchísimo más allá de nuestro deporte. Creo que eso es lo que más nos tiene que enorgullecer a todos los que participamos y compartimos tiempo con ellos, porque 30 jóvenes decidieron resignar momentos de ocio y de compartir con sus familia para dejar en lo más alto a la camiseta que representa a su país.
Obviamente que tengo mucha felicidad, sobre todo por lo que hizo este grupo de chicos. En estos últimos 10 meses transit




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