Las gotas que caían sobre el Hipódromo Palermo no impidieron que el maestro Liu Ming , referente de taichí y de la medicina taoísta, ofreciera su demostración. Al contrario: la convirtió en el punto de partida de su charla. “Esta lluvia nos demuestra que la naturaleza está practicando taichí” , dijo frente a los cientos de presentes que lo aclamaban. ¿A qué se debe su declaración? A que el taichí –que muchos pensaría que es solo un ejercicio físico- es en verdad una filosofía de vida. “Representa el funcionamiento armonioso del cielo y la tierra. Cuando lo practicamos mediante formas hacemos una, podríamos decir ‘coreografía’, para lograr la armonía del cuerpo. Ustedes en Occidente dirían: ‘Mi vida tengo que seguirla en la verdad’; y en China diríamos ‘mi vida es para seguir al taichí’. Enseguida le encontró el lado auspicioso al clima, contó que en China transcurre por estas fechas una estación llamada Lluvia de Arroz, muy valorada desde hace siglos por los pueblos que dependen de ese cultivo. Para él, el aguacero es un regalo para la tierra. Con un toque de humor, se presentó como “chino” y subrayó que, más allá de la distancia que hay entre su país y la Argentina, ambos lugares comparten el mismo sol, la misma luna y la misma tierra. Mencionó como un momento trascendental de su vida cuando tuvo de paciente al papa Francisco (para ese entonces Jorge Bergoglio) durante casi una década y contó que viene de una familia vinculada a la medicina que le permitió desde joven aprender de grandes maestros. Una inspiración lo trajo después a la Argentina, cuya cultura, confesó, le resulta inmensa. “Llegué hace 20 años y nunca más me fui”, expresó a la vez que contó que aquí, desde el primer momento, sintió que tenía una misión por cumplir. El momento más esperado Retomando la conversación sobre el taichí, recordó que la UNESCO reconoció la práctica y la ubicó dentro de la cultura milenaria china. “El taichí no es un ejercicio de gente común, es un ejercicio de sabios” , aseguró respecto de quienes consideran que es algo poco profundo y “al alcance de cualquiera”. Llegó entonces la parte más esperada. Antes de mostrar el movimiento, concentró la atención en el cielo y la tierra y explicó que la respiración es un vaivén de yang y yin , un intercambio entre ambos. Después eligió uno de los gestos más populares del taichí, “manos como nubes” , y lo explicó con una imagen: el sol envía su energía a la tierra, que la recibe, la depura y la devuelve. Con los brazos, dijo, se busca incorporar ese ciclo al propio cuerpo. Aclaró que, si bien estaba demostrando la práctica de una forma simple, se trata en verdad de una secuencia antigua de 71 movimientos. Concentrados en la música que acompañaba y los movimientos que hacía el maestro, los presentes parecían hipnotizados. La sala se fue distendiendo y al cierre, el maestro dijo que quienes quieran seguir aprendiendo y profundizando sobre esta filosofía de vida lo pueden contactar mediante su cuenta de Facebook o Instagram.
A que el taichí –que muchos pensaría que es solo un ejercicio físico- es en verdad una filosofía de vida. “Representa el





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