Javier Villanueva Madrid, 2 nov (EFE).- Metódico y reflexivo, Jordi Ribera, que cumple este lunes diez años desde que dirigió su primer encuentro al frente de los Hispanos, esconde bajo sus apacibles formas un feroz competidor que ha llevado a la selección española de balonmano a vivir uno de los períodos más brillantes de su historia. "Yo juego un partido y me gusta ganar y al siguiente partido me gusta volver a ganar. Me gusta más ganar de lo que algunos se piensan por mi forma de ser y sé que si ganas y ganas al final terminas conquistando los campeonatos, pero no me obsesiona ningún título en concreto", señaló Ribera en una entrevista concedida a la Agencia EFE. De hecho, Jordi Ribera parece casi tanto o más orgulloso de los más de 900 jugadores que han pasado por las jornadas de tecnificación que instauró nada más llegar al cargo que de las siete medallas -dos oros y una plata continentales, dos bronces mundiales y dos bronces olímpicos- que ha conquistado con el equipo nacional. Pregunta.- ¿Se imaginaba cuando se hizo cargo de la selección que iba a estar diez años al frente del equipo? Respuesta.- Nunca pensé que fuera a durar tanto. Pensé que, probablemente, estaría un ciclo siempre que acompañaran los resultados, porque cuando llegué había la sensación de que había que acometer un relevo generacional y que la selección no iba a tener ya los éxitos que había tenido. Por eso, sabía que los primeros resultados podrían marcar un poco todo. Cuando llegó el Europeo de 2018, tras caer un año antes en el Mundial de Francia en los cuartos de final ante Croacia por un gol, tenía la sensación de que era como un examen. Si iba bien, habría futuro, y si iba mal, pues probablemente todo se acabaría ahí. De hecho, el Europeo empezó mal, porque estuvimos a punto de quedarnos fuera, pero el equipo reaccionó y acabó siendo campeón y eso nos dio un impulso hacia adelante. P.- ¿Con qué se queda de estos diez años? R.- Me quedo con el proyecto que se ha generado. Un proyecto que engloba todas las categorías, empezando por las jornadas de tecnificación del CAR de Granada por las que han pasado, desde que empezamos en 2017, más de 900 jugadores, algunos de los cuales ya están en la selección e, incluso, dos de ellos ya han ganado una medalla olímpica. Y luego está claro que ha habido resultados puntuales por los que sientes una gran satisfacción, como son las dos medallas olímpicas, pero es el proyecto en general lo que más me ilusiona. P.- ¿Considera más importantes los dos bronces olímpicos que los dos oros europeos? R.- Cuando llegué heredé un poco el hecho de que no se hubiera estado en Río y durante cuatro años estar en los Juegos Olímpicos se convirtió en una obsesión. Tengo la sensación de que el equipo, cuando ganó el Europeo de 2020, estaba casi más contento por la clasificación olímpica, por quitarse de encima ese lastre, que por ganar el propio campeonato. P.- ¿Fue posiblemente esa selección del Europeo de 2020 la más redonda? R.- En el Europeo de 2020 tu ibas perdiendo de dos o tres, pero tenías la sensación de que el partido lo ibas a ganar y al final lo ganabas. Tenías una selección con un nivel de madurez en el campo y una cantidad tal de recursos que le permitía en cualquier momento, si las cosas no iban bien, cambiar y al final ganar el partido. P.- Si no hubiese llegado la pandemia y los Juegos de Tokio no se hubieran retrasado un año ¿cree que España hubiera sido campeona olímpica?. R.- Los Juegos Olímpicos siempre son muy inciertos, pero sí que es verdad que la selección hubiese llegado en el mejor momento. P.- ¿Cuál ha sido su peor momento con la selección? R.- Fue tras el Europeo de Alemania 2024. Nos acababan de eliminar en la primera fase del Europeo y en tres meses teníamos por delante la clasificación para los Juegos Olímpicos y para el Mundial. Esos meses para mí fueron los peores. Los recuerdo como meses de tensión, de presión, de plantearse muchas cosas, pero al final se sacó todo adelante, se llegó a los Juegos y se consiguió una medalla que para mí es la pera, porque si en Tokio se llegaba con un equipo muy hecho, a París llegamos con una selección, digamos, más experimental. P.- ¿Le gustaría que se le recordase más por su faceta de formador que por los títulos que ha ganado con la selección?. R.- Mi idea cuando vine aquí era generar un proyecto y creo que lo hemos conseguido. El trabajo que hemos hecho va más allá de los resultados y eso que este período de diez años es en el que más medallas se han conseguido, pero hay más cosas detrás. Por ejemplo, el 49 por ciento de los jugadores nacionales que hay en estos momentos en la ASOBAL han pasado por el CAR de Granada. P.- ¿Qué le faltaría por conseguir con la selección? R.- No quiero que se piense que no soy ambicioso, pero no me muevo por la gloria. Yo juego un partido y me gusta ganar y al siguiente partido me gusta volver a ganar, me gusta ganar más de lo que algunos piensan por mi forma de ser y sé que si ganas y ganas al final terminas conquistando los campeonatos, pero no me obsesiona ningún título en concreto. P.- En 2028 se acaba su contrato con la selección. ¿Le gustaría continuar? R.- La verdad es que no pienso mucho en ello. Si sigo será porque creo que puedo aportar algo, si decido dejar el balonmano será porque creo que ha llegado el momento y si decido ir a un club será porque me siento con energía para empezar un proyecto nuevo. Cuando llegue el momento de tomar una decisión, la tomaré, pero todavía no lo he pensado. EFE
Javier Villanueva Madrid, 2 nov (EFE).- Metódico y reflexivo, Jordi Ribera, que cumple este lunes diez años de



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