A finales de los años 60 surgieron movimientos de rebeldía juvenil en distintas partes del mundo, particularmente en Francia, cuyos testimonios fueron difundidos por figuras de la cultura mexicana como Carlos Fuentes. En 1964, el Movimiento por la Libertad de Expresión de Berkeley defendió la participación política estudiantil; en diciembre, cerca de 800 estudiantes fueron arrestados. En abril de 1968, las protestas en la Universidad de Columbia cuestionaron decisiones universitarias y vínculos militares. El 30 de abril, mil policías desalojaron los edificios ocupados y arrestaron a más de 700 estudiantes, con alrededor de 100 heridos. En mayo, París vivió una movilización que rebasó las aulas. En octubre, México experimentaría su propio movimiento estudiantil. De lo ocurrido en París, Carlos Fuentes escribió, el 31 de julio de 1968, “ París: la revolución de mayo ”, publicado en el suplemento La Cultura en México , de la revista Siempre! , de José Pagés Llergo. Posteriormente, Excélsior , de Julio Scherer, publicó otro tabloide sobre el tema. Al llegar a París casi al final de la revuelta, Fuentes convivió con estudiantes en las barricadas y escribió una crónica y reflexión política: aquella no era una insurrección contra un gobierno, sino contra el futuro de la sociedad industrial. Al reencontrar el texto, rescato frases que aún calan: “Unirse al diálogo, a la fraternidad y al amor de una revolución que, en primer lugar, ha tenido lugar en las conciencias y en los corazones. Los contactos se multiplicaron, se iniciaron, se restablecieron. Hubo una revuelta —tan importante como las barricadas estudiantiles o la huelga obrera— contra la calma, el silencio, la satisfacción, la tristeza. Padres e hijos encontraron una posibilidad de comunicación (o certificaron que la habían perdido). Maridos y mujeres se separaron por incompatibilidad política, moral y erótica (pues se trata de sinónimos). Otras parejas se conocieron en las barricadas, en el debate permanente del Odeón, en la marcha: el amor nació con la velocidad misma de los acontecimientos”. Carlos Fuentes relató la queja de Jacques, un psicoanalista amigo suyo: los consultorios se vaciaron porque la revolución sustituyó al psiquiatra. Una joven le dijo: “Ustedes quieren adaptarnos a esta sociedad idiota”. También criticó que L’Humanité llamara a Daniel Cohn-Bendit “anarquista alemán” y apoyó su expulsión de Francia. Fuentes resumió el espíritu de aquellos días: “Mientras más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor, y mientras más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución”. En otro suplemento de Excélsior aparecieron consignas como “La imaginación al poder” y “Cuidado con lo que sueñas, no vayas a tener la mala suerte de conseguirlo”. Otra frase sintetizó el ánimo de aquellas semanas: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Años después, Fuentes escribiría sobre Tlatelolco. Casi seis décadas después, París vuelve a los titulares por la fragilidad de sus finanzas públicas. En el segundo trimestre de 2026, su deuda alcanzó, según las cifras citadas, 119% del PIB; el déficit se estima en 5.4% y aumentan los costos de financiamiento. Los intereses reducen recursos disponibles para escuelas, hospitales, pensiones e inversión pública. Según reportes de prensa internacional, las protestas reunieron 480 mil manifestantes el día 13, más de 500 mil el 17, según la CGT, y más de 800 mil el 24 de octubre. Las movilizaciones reflejan un debate que va más allá de las cifras: las decisiones públicas afectan directamente a la población y sus expectativas. La lección que me llevó de aquel 68, vivido desde una banca de preparatoria, es que la paz social no depende de lo que el Estado prometa, sino de su capacidad para cumplirlo con los recursos que recauda. Entre las barricadas de 1968 y las cuentas públicas de 2026 hay una distancia histórica considerable, pero París mantiene una pregunta esencial: ¿cómo construir un futuro con mayores oportunidades sin comprometer los recursos de las próximas generaciones? PD: A mi estimado Carlos Ramírez, por compartirme el texto “ París: la revolución de Mayo ”, de Carlos Fuentes.
, de José Pagés Llergo. Posteriormente, Excélsior , de Julio Scherer, publicó otro tabloide sobre el tema. Al llegar a P




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