En su oficina, a metros del Congreso, Federico Pastrana tiene las medallas de la última maratón de Buenos Aires y de varias carreras de trail en la montaña. Entre sus libros aparece el de Pablo Gerchunoff y Lucas Llach, El ciclo de la ilusión y el desencanto . Desde ahí sigue mes a mes los indicadores laborales y llegó a una conclusión que, según dice, tardó en ser percibida por la política y los analistas. La Argentina atraviesa una crisis distinta a las de los últimos 20 años, marcada por dos anomalías y una paradoja. El empleo registrado privado cae hace 14 meses como si el país atravesara una crisis devaluatoria , pero el Gobierno controla el dólar y el desempleo no se dispara. Y todo ocurre con un superávit comercial récord. Licenciado y magíster en Economía por la UBA, Pastrana se formó en estabilización y macroeconomía en el Cedes, trabajó en la Subsecretaría de Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, en el equipo de Marta Novick, y fue vicepresidente del BICE durante la gestión de Axel Kicillof . En el gobierno de Alberto Fernández participó, junto con Sebastián Etchemendy, del diseño del pacto social que se cayó con la pandemia, experiencia que luego escribieron en el think tank Fundar. Es profesor en las universidades nacionales de Avellaneda y de San Martín y en 2022 fundó, junto con Pablo Moldovan, la consultora C-P. —Tenemos un mercado laboral donde el desempleo no subió tanto pese al ajuste que se hizo, pero cae el empleo formal y sube la informalidad. ¿Cómo lo analiza? —Hay dos paradojas en el momento que hacen que la crisis tardó en ser percibida por la opinión pública, la política y los analistas. En la consultora hacemos el seguimiento mensual de los indicadores laborales y lo que más nos llamó la atención es que el empleo registrado no paraba de bajar. Uno lo toma con naturalidad, porque hay un cambio mundial hacia el cuentapropismo para buscar mayor flexibilidad y la relación de dependencia tradicional no está más. Pero se fue acumulando, acumulando, y en ningún momento se destacaba que se contraía permanentemente. Hace 14 meses que el empleo registrado privado cae de forma consecutiva, no hay ningún mes que revierta. Cuando hicimos la cuenta, nos dio en el último año una contracción similar a la del inicio del Gobierno, que tenía los efectos de la fuerte devaluación. Esto no es normal, es una anomalía. —¿Es raro porque las últimas grandes caídas del empleo asalariado siempre se dieron con crisis financieras y suba del dólar? —Lo raro es que en ningún lado aparezca una crisis muy grande y que el empleo registrado esté sintomatizando como si estuviera en una crisis devaluatoria tradicional y muy fuerte, como la inicial. Hasta el Gobierno dice que al inicio hubo un ajuste muy fuerte. Bueno, ahora en volumen está pasando lo mismo. Y ni siquiera es el público, es el privado. Y lo raro es que debería subir la tasa de desempleo, que no ocurre en la misma proporción. Esto es porque el ajuste pasa por los ingresos: la gente pierde el empleo formal y se refugia en la informalidad, donde gana mucho menos. Otra rareza es que siempre se dice que quien gobierna el dólar gobierna la Argentina. No está pasando eso. Hoy el Gobierno domina el dólar, pero el riesgo país sube, la popularidad cae y hay una crisis sin perspectiva de salida. Es otra anomalía, una crisis importante en la que no sube tanto el desempleo y que está acompañada de estabilidad cambiaria. Rarísimo. Las crisis acá son devaluatorias. En la consultora contamos 12 recesiones en los últimos 30 años y nueve estuvieron vinculadas a crisis devaluatorias. Para encontrar las que no, hay que ir a los 90, a la crisis del Tequila y a la que arrancó en 1999. Ahí se ve un mecanismo de ajuste más o menos parecido, con rasgos similares y otros diferentes. —El Gobierno destaca que tiene superávits gemelos (fiscal y comercial) y además hoy tenemos un mundo que demanda lo que la Argentina tiene para ofrecer. —Esa es la paradoja. Tenemos términos de intercambio muy altos y la economía no crece. Eso no pasa nunca. El superávit comercial es el más grande del que se tiene registro. ¿ Pero por qué las empresas siguen echando trabajadores y nadie contrata? —¿Qué explicación le da? —El problema está en las herramientas del programa económico, que prioriza la desinflación. Este mismo programa logró en 2024 bajar mucho la inflación y tener efectos expansivos muy notables. La recuperación en V o pedo de buzo que había dicho el Presidente efectivamente sucedió. Pero el programa siguió igual y no pueden creer que no funcione. Hace un tiempo que esos efectos están rotos. A los economistas nos explican que lo que funciona, funciona en todo tiempo y lugar, y eso es mentira. En la práctica las políticas no tienen los mismos efectos en distintos contextos. —¿Por qué funcionó entonces y ahora no? —En su momento pasamos de 25% o 12% mensual a 4% en seis meses, con paritarias muy indexadas, así que los salarios se recuperaron. Eso cambió fuerte en 2025, cuando el Gobierno discutió abiertamente con Comercio, el sindicato mayoritario, y le dijo que no quería que recuperara los puntos perdidos. Hay planes de estabilización que desindexan, fijan un nuevo nivel salarial y logran una recuperación, y por eso son expansivos. Acá no. “Nosotros no rompimos contratos”, dicen en el Gobierno. Bárbaro, pero tampoco existe un pacto social y la economía sigue indexada. Y la estabilidad cambiaria ya no tiene el mismo poder desinflacionario. Con una economía indexada, la inflación tiene un componente inercial que el dólar quieto no logra romper. —Si los ingresos están indexados, ¿por qué perdieron poder adquisitivo? —Después de la indexación de inicios de 2024 hubo ancla salarial, es decir, salarios por debajo de los precios. Y desde la salida del cepo, en abril del año pasado, la inflación se aceleró de 1,6% en junio de 2025 a 3,4% en marzo pasado. Comercio negoció 1% mensual durante seis meses y perdió ocho puntos. ¿Se puede decir que la economía va a expandirse cuando el principal gremio pierde ocho puntos? No va a pasar. La política salarial obligó a los gremios a negociar sistemáticamente por debajo de la inflación, y eso le dio al programa un sesgo recesivo. En 2024, si veníamos negociando al 5% y la inflación caía al 3%, se ganaban dos puntos por mes. Ahora los contratos estaban al 2% o al 1,5%, con inflación de 2% o 3%, y nunca se recuperó. —¿Por qué la economía no reacciona aunque baje la inflación? —Porque la pauta sigue en torno al 2%, con sumas fijas que no alcanzan para una recuperación sistemática. Hay un estancamiento salarial en niveles bajos en el sector privado registrado, que es el que mejor está comparado con el público y los informales. Aun así, al menos el 70% de los sectores está por debajo de los niveles de actividad de 2023, y las que suben no son empleo intensivas. Muchos pierden su empleo formal y se refugian en la informalidad, sin vacaciones ni licencias, y con ingresos más bajos, lo que retroalimenta la crisis. Hicimos un estudio que muestra que quienes perdieron un empleo registrado privado y al año trabajaban por su cuenta tuvieron una pérdida de ingresos promedio del 30%. Gente que cobraba $1,5 millones de convenio y pasó a cobrar $800.000. Además, los ingresos de los informales son muy procíclicos. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que hay que tomar con pinzas, muestra una caída de 15 puntos en los últimos dos trimestres. Cuando el Gobierno dice que mejoraron los ingresos de los informales, está viendo una foto de hace uno o dos años. —¿Y los jubilados? —El 40% de los jubilados tiene sus ingresos indexados, así que cuando baja la inflación tiene un alivio. Pero el 60% que cobra el bono tiene una porción que se licúa mes a mes, porque está congelado. Con inflación de 2% mensual, un ingreso congelado pierde 2% por mes, y acumulado en el año es un montón. Lo mismo pasa con el Progresar o la Tarjeta Alimentar. Son en total 15 millones de personas. Es un ajuste invisible de la política fiscal, que ajustó un montón y sigue ajustando. A eso se suma un shock de precios internacional de la san hostia que encareció los servicios públicos, y tenemos el peso de la deuda de las familias. Todos esos gastos son fijos. Es una estabilización con ingresos demasiado bajos y eso tensa la estabilización del programa. Cuando hay un sendero de recuperación no hay tantos problemas, pero cuando la cosa se pone fea, el reclamo social aparece muy rápido. Es una agenda que, si el Gobierno reelige, la va a tener a los cinco minutos. —¿El reclamo social tardó en llegar? —Uno asocia la conflictividad con los niveles de ajuste, y es un sesgo nuestro. Los politólogos dicen que el conflicto emerge por distintas razones. Los conflictos se desarrollan cuando existe la posibilidad de ganarlos; si creés que vas a perder, en general no entrás. Y en 2024 la actividad y los ingresos se recuperaron, aunque a niveles muy bajos. Los jubilados tuvieron un ajuste real del 40% respecto de los 10 años anteriores; los asalariados registrados, del 20%. Al inicio de un gobierno todos dan más oportunidad. Distinto es con 14 meses de caída del empleo registrado y un gobierno que no consigue dar perspectiva ni siquiera a los mercados financieros con las políticas que siempre sugieren, como los superávits gemelos. Y los mercados son procíclicos: apoyan mientras todo anda bien, pero se corren si anda mal. —¿Qué margen tiene el Gobierno de cara al año electoral? —La desinflación no es expansiva como fue en otro momento y las anclas del programa, sobre todo la fiscal y la de ingresos, son recesivas y regresivas. El Gobierno quiere mover el crédito y no puede, porque la mora es muy alta. La estabilidad cambiaria es condición necesaria para la recuperación, pero viene con coeficientes de apertura muy grandes que le pegan al sector productivo. Hay un dato muy elocuente. El coeficiente de apertura de empresas y de contrataciones de personal está en los niveles de 2002. Ni siquiera en los de 2018. —¿Qué quiere decir eso? —Que el sector privado formal se está comportando como si la economía estuviera totalmente muerta. El cierre de empresas sube, pero no explica la magnitud de la crisis. Lo que la explica es que no se abren nuevas empresas y que las empresas no contratan a nadie. Echan y no contratan. Cuando el Gobierno dice que el superávit fiscal da perspectiva, creo que es falso. El equilibrio fiscal ayuda a la macro, pero no da perspectiva. Y el año que viene debería ser más complicado en términos de sector externo. Todo esto lo discutimos en el marco de una anomalía, que es la estabilidad cambiaria. No creemos que haya la volatilidad típica de un año electoral, pero va a haber, y hay un escenario malo en el que la cosa se puede poner muy complicada. —El Gobierno culpa a la oposición. —Eso lo hacen todos los gobiernos. Pero todos los economistas sabemos que son problemas del propio gobierno. La oposición siempre estuvo y, sin embargo, la economía se expandió, se estancó y ahora entra en recesión. —¿Dejar subir el tipo de cambio ayudaría a reactivar? —No veo efectos expansivos en una suba del tipo de cambio. Una política de apreciación te garantiza inestabilidad de corto plazo, y si la dejás acumular te puede llevar puesta la política económica. Pero el Gobierno resignó toda la política industrial, que permitía proteger a ciertos sectores sin poner el tipo de cambio tan alto. Una devaluación tiene efectos recesivos y regresivos que antes de alguna forma se contrapesaban. Si lo recesivo y lo regresivo del programa está en la política fiscal y en la salarial, ¿por qué tocar otra política va a expandir? Si los pilares no se modifican, las perspectivas tampoco.
—Lo raro es que en ningún lado aparezca una crisis muy grande y que el empleo registrado esté sintomatizando como si est




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