Un túnel que pasa de negro a gris, una burbuja de luz o un espacio atravesado por verdes, violetas y rosas. Esas imágenes pueden aparecr en relatos de personas que estuvieron en situaciones límite. Un estudio publicado en octubre de 2026 en Frontiers in Psychology concluyó que las experiencias cercanas a la muerte presentan patrones visuales recurrentes y que la forma del espacio percibido se vincula con la presencia o ausencia de colores . La investigación analizó dibujos y testimonios de 50 personas que afirmaron haber atravesado una experiencia cercana a la muerte, conocida por la sigla inglesa NDE. El equipo halló que el tipo de escenario recordado se relacionaba con la manera en que los participantes describían los colores. El trabajo fue firmado por France Lerner , de la Universidad de Haifa ; Paulo Cezar Rocha dos Santos, del Instituto de Investigación y Educación de Río de Janeiro; y Guillaume Tahar, del Instituto Tecnológico de Guangdong-Israel. Los túneles se asociaron con la oscuridad y los arcos con los colores Las experiencias cercanas a la muerte pueden ocurrir durante emergencias médicas, accidentes o situaciones de extremo riesgo. Quienes las relatan suelen mencionar una separación del cuerpo, desplazamientos por entornos desconocidos, luces intensas o la aparición de figuras y presencias. Para estudiar esos recuerdos, los investigadores pidieron a los participantes que dibujaran el espacio visual que conservaban en la memoria. También debían indicar dónde sentían que estaban ubicados, en qué dirección se movían y dónde aparecían luces, imágenes o presencias. A partir de 112 reconstrucciones, el equipo clasificó 108 en cuatro grupos. Hubo 28 espacios con forma cónica, similares a un túnel; 31 arcos elípticos de alta curvatura; 20 arcos de baja curvatura, más cercanos a una superficie plana; y 29 formas cerradas, comparables con una burbuja o un elipsoide. El 78,6 % de los espacios cónicos fue recordado sin colores definidos. En cambio, los dibujos con arcos de alta curvatura fueron mayoritariamente cromáticos: esa característica apareció en el 87,1 % de los casos. Una persona que recordó un espacio de tipo cónico describió “una escalera mecánica en un espacio completamente negro” y la sensación de flotar hacia arriba. Otra relató que avanzaba por un túnel que comenzaba “negro como la noche” y se volvía gris a medida que progresaba. Los participantes que dibujaron arcos más curvos hablaron de experiencias diferentes . Uno mencionó verdes, morados, lavandas, rosas y magentas con una intensidad que consideró superior a la de los colores percibidos en la vida cotidiana. Otro comparó la escena con un prisma que descompone la luz en un arcoíris. Las formas cerradas se vincularon con una sensación de inmersión El grupo de los elipsoides completos fue el único que representó un espacio visual cerrado en todas las direcciones. Algunos participantes dijeron sentirse dentro de una esfera o rodeados por luz. Una de las personas consultadas afirmó que se encontraba “en el centro de una inmensa burbuja de luz que me envolvía completamente”. Otro participante describió una entidad muy brillante y una sensación de unidad con el entorno. El estudio no busca demostrar que las personas abandonan físicamente su cuerpo ni determinar qué ocurre fuera de él. Los autores analizaron cómo quienes atravesaron estas vivencias reconstruyen, en dibujos y palabras, el escenario que recuerdan haber percibido. La investigación distinguió también dos tipos de experiencias fuera del cuerpo. La primera, llamada disociativa, corresponde a la sensación de separarse del cuerpo físico y observarlo desde afuera. La segunda, asociativa, se refiere a una percepción de retorno o reintegración. De los 50 participantes, 18 no informaron ninguna experiencia fuera del cuerpo. Once describieron solo la fase disociativa, nueve solo la asociativa y 12 dijeron haber vivido ambas. En este último grupo, las trayectorias de movimiento recordadas solían seguir sentidos opuestos. El trabajo sobre formas y colores describe cómo las personas recuerdan las experiencias cercanas a la muerte, pero no analiza qué sucede en el cerebro mientras transcurren. Otro estudio , liderado por la neurocientífica Charlotte Martial, de la Universidad de Lieja, propuso una explicación neurobiológica para estos episodios. El modelo, llamado NEPTUNE , reúne trabajos de neurobiología, psicología y farmacología. Su hipótesis es que, cuando disminuye el flujo sanguíneo y el cerebro recibe poco oxígeno —por ejemplo, durante un paro cardíaco—, puede producirse una breve fase de actividad intensa y una liberación de neurotransmisores. Entre las sustancias que podrían intervenir figuran la serotonina, la dopamina, el glutamato, la noradrenalina, el GABA, la acetilcolina y las endorfinas. Cada una participa en funciones distintas, entre ellas el procesamiento visual, la respuesta al dolor, la emoción y la formación de recuerdos. Esta hipótesis sostiene que una combinación de procesos cerebrales podría contribuir a la percepción de túneles, luces, imágenes vívidas y recuerdos muy detallados. Las endorfinas y el GABA se vinculan con la reducción del dolor y el miedo. La dopamina podría reforzar el impacto emocional, mientras que la acetilcolina y la noradrenalina intervienen en la memoria. El modelo contempla además un estado disociativo ante situaciones extremas. Esa respuesta podría reducir la percepción inmediata del sufrimiento físico y mantener cierta actividad mental interna cuando una persona se encuentra en condiciones críticas. Esta explicación biológica no descarta el significado subjetivo que cada individuo atribuye a lo vivido. Tampoco sostiene que todos los episodios sean agradables. Aunque muchos relatos hablan de paz o bienestar, otros incluyen miedo, angustia, oscuridad e imágenes perturbadoras. El estado emocional previo, las creencias personales y las condiciones fisiológicas pueden influir en cómo se vive y se recuerda cada caso. Los investigadores advierten que todavía hay preguntas abiertas El estudio sobre geometría y color tiene límites que sus propios autores reconocen. Los participantes utilizaron un catálogo de pictogramas como punto de partida para sus dibujos, por lo que ese material pudo influir en la forma de reconstruir sus recuerdos. Todavía no puede afirmarse que las formas visuales identificadas sean exclusivas de las experiencias cercanas a la muerte . El estudio permite observar regularidades en una muestra concreta, pero serán necesarias nuevas investigaciones para establecer si esos patrones se repiten en otros estados de conciencia. El equipo trabaja ahora en una plataforma llamada MIST, que permitirá reconstruir estas experiencias en tres dimensiones. La herramienta buscará registrar con mayor precisión la ubicación de cada elemento, la curvatura del espacio y los desplazamientos recordados por los participantes.
Un túnel que pasa de negro a gris, una burbuja de luz o un espacio atravesado por verdes, violetas y rosas. Esas imágene






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