Uno de los datos de la Encuesta Intercensal (EIC) 2025 que más ha generado alertas infundadas es la caída de la tasa global de fecundidad (TGF) en México. Este indicador mide el número de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida reproductiva si se mantuvieran las tasas de fecundidad por edad del año de referencia. Según la EIC, la TGF pasó de 1.9 en 2019 a 1.2 en 2024. El descenso de la TGF no es un fenómeno nuevo, sino que se ha producido de forma ininterrumpida desde que alcanzó un máximo de 6.8 hijos por mujer en la década de los sesenta del siglo pasado. La caída de la fecundidad en México ha coincidido, con algunos años de desfase, con la transición demográfica mundial, que se aceleró a partir de mediados de los años sesenta. Esta transición no tiene por qué interpretarse de forma negativa. Una posible explicación fue propuesta por el gran economista estadounidense y premio Nobel Gary S. Becker (1930-2014). Su teoría, ampliamente influyente y sometida a numerosas pruebas empíricas, explica el descenso de la fecundidad como resultado de la decisión de los padres de sustituir cantidad por calidad, invirtiendo más en la educación, la salud, la nutrición y el desarrollo de cada hijo. Un primer error de interpretación sobre los efectos del descenso de la TGF en México consiste en atribuirle un acortamiento del llamado “bono demográfico”, es decir, el período durante el cual la razón de dependencia (RD), definida como el número de dependientes por cada 100 personas en edad de trabajar, disminuye y se mantiene baja. Desde los años ochenta, la RD ha venido descendiendo hasta alcanzar, según la EIC, un valor de 42 en 2025. Aunque el bono demográfico representa una oportunidad potencial para el crecimiento económico, un segundo error de interpretación consiste en considerar que el descenso de la fecundidad perjudica el dinamismo económico. Este error puede identificarse mediante una descomposición estándar del PIB per cápita en capital, trabajo y productividad total de los factores. En esta formulación, el trabajo puede contribuir al crecimiento del PIB por habitante de dos maneras: mediante un aumento de la tasa de empleo (TE), es decir, la proporción ocupada de la población en edad de trabajar, o mediante una disminución de la RD. Mis cálculos para el período 1980-2012 indican que la contribución del trabajo al crecimiento del PIB per cápita fue positiva exclusivamente por el segundo canal, mientras que la del primero fue ligeramente negativa. Dado que entre 2020 y 2025 la RD bajó de 47 a 42 y la TE aumentó respecto a 2020, año de la pandemia, cabe conjeturar que la contribución del trabajo durante este quinquenio fue positiva por ambas vías. Otra confusión sobre la fecundidad consiste en suponer que una caída más pronunciada necesariamente elevará la RD. Aunque una menor fecundidad acelera el envejecimiento, también reduce la dependencia infantil. El efecto sobre la RD total dependerá de cuál de estos cambios predomine, así como de la mortalidad, la esperanza de vida, la estructura por edades y la migración. Si la RD total aumenta, ese cambio puede tardar varios años en producirse. Otro error es suponer que una menor TGF necesariamente reduce el crecimiento potencial del país. La experiencia de Corea del Sur, China, Singapur y Taiwán muestra que una economía puede mantener un fuerte crecimiento del PIB por habitante aun sin bono demográfico, si la innovación, la inversión y la productividad compensan el menor crecimiento de la fuerza laboral. La pregunta clave para México es si puede aprovechar el dividendo demográfico que aún conserva y acelerar sostenidamente la productividad mediante la innovación y la creatividad. La experiencia de otras economías del sur y sudeste asiático demuestra que esa combinación es posible, aunque no está garantizada. Un último error consiste en suponer que una fecundidad inferior al nivel de reemplazo, estimado en 2.1 hijos por mujer, reducirá de inmediato la población y la innovación. La población puede seguir creciendo durante décadas si los nacimientos superan las defunciones. Además, la educación, la automatización y la inversión en investigación pueden compensar con creces una fuerza laboral menos numerosa. Tal vez la preocupación de fondo de muchos observadores sea que el envejecimiento genere una carga fiscal excesiva para los jóvenes. Sin embargo, el problema no radica en la menor fecundidad de las familias, sino en el diseño de las políticas asistenciales del Estado. En suma, la caída de la fecundidad no condena a México a un menor crecimiento. La prosperidad dependerá menos del tamaño de la población que de la capacidad del capital humano para impulsar la innovación, la creatividad y, con ellas, la productividad.
Uno de los datos de la Encuesta Intercensal (EIC) 2025 que más ha generado alertas infundadas es la caída de la tasa glo

コメント