Era una presencia tan intimidante como insólita. Hacia la segunda mitad de los setenta, en las oficinas de la discográfica Alerce , en el centro de Santiago, era habitual la presencia de agentes de la CNI. Uno de ellos se atrevió a presentarse y conoció al fundador del sello, Ricardo Garcia y su socio, el músico y gestor Carlos Necochea. Con ellos cruzaba la calle para ir a tomarse unas vainas e incluso se llevaba -sin pagar- discos del sello para venderlos por su cuenta. Eran tiempos en que la música de raíz estaba en la mira de la dictadura de Pinochet y dedicarle energías rayaba en la temeridad. “Los CNI estaban ahí permanentemente” , recuerda Viviana Larrea, la hija del fundador y actual directora del sello. “Ellos se transformaron en una parte más de lo que había que hacer todos los días, había que pasar por el lado de estas personas y todo lo que significó, desde el principio, el trabajo lleno de temor pero al mismo tiempo, de una gran valentía”. Alerce, el sello de “la otra música” apareció en 1976. El mismo año en que se inició la Vicaría de la Solidaridad, comenzaba a circular un billete de 100 pesos y en Washington era asesinado el excanciller Orlando Letelier. La disquera surgió desde el impulso de Ricardo García (el seudónimo de Juan Osvaldo Larrea García), un hombre que acumulaba larga trayectoria como discjockey y personalidad de radio que se había ganado un nombre por derecho propio. Pero fue la obra que marcó su vida hasta su muerte en 1990. El medio siglo de existencia se marca con una revisión a si historia con el libro Alerce, cinco décadas de música popular chilena , de la autoría del periodista musical David Ponce. Un trabajo acucioso que recorre la historia del sello en voces de protagonistas de la época y una exhaustiva revisión a los archivos de prensa y los de la propia discográfica. El trabajo gráfico es sobrio pero destaca el color de los artes y las notables fotos -muchas inéditas- tomadas de los lentes de Claudio Mateluna, Antonio Larrea, Juan Carlos Berteló y Miguel Opazo. Además, para el autor significa una aventura que también conecta con el de una generación. “Alerce primero lo experimenté como auditor, o sea, yo siendo niño y joven compré y escuché discos de Alerce partiendo por Silvio Rodríguez, a fines de los 70, comienzos de los 80, El Canto Nuevo, que es súper importante como movimiento”. En realidad, el impulso inicial era celebrar los 40 años, en 2016. Así Ponce comenzó a trabajar en las primeras entrevistas y visitas periódicas al archivo. Pero el tiempo mantuvo su marcha inexorable y el autor pronto notó que acumulaba mucho material. Entonces tomó cuerpo la perspectiva de estirarlo para coincidir para la celebración del medio siglo. “A medida que avanzamos nos dimos cuenta que quedaba algún tiempo para que se cumplieran los 50 años en el 2026, así que finalmente cuadró para que lo termináramos este año y ya lo presentáramos. Fue tomando tiempo porque es un proceso que duró harto porque un libro así no se puede hacer en poco tiempo. Y creo que este es el momento en el cual este libro tenía que salir”, dice el autor. En total realizó la friolera de 174 entrevistas, incluyendo a personajes que alcanzaron a dar su testimonio antes de fallecer, como Patricio Manns, Julio Zegers y Claudio “Pájaro” Araya. “Me parece que eso es un gesto que restituye memoria”. Los primeros capítulos ofrecen un acabado perfil de Ricardo García el fundador del sello. Un poco para marcar su lugar en la historia, pero también para dar cuenta de que incluso antes de levantar Alerce , ya era una persona muy relevante en el ámbito cultural chileno; fue conductor del popular programa Discomanía, como heredero de Raúl Matas, además de gestor e impulsor de la Nueva Canción Chilena, movimiento cuyo nombre se le atribuye a él. En el libro es recordado por una serie de personalidades como Miguel Davagnino, Sergio “Pirincho” Cárcamo, Jorge Coulon, Horacio Salinas, entre muchos otros. “Este libro es también una suerte de homenaje a él” , dice Viviana Larrea. “Es algo que no se ha hecho, su figura está como muy borrada de la memoria, entonces creo que este libro también se constituye como en una apertura de conocimiento de su figura para muchas personas, algo absolutamente necesario”. No solo García tiene su espacio. El libro también traza a sus aliados en la gesta de Alerce, como el músico y gestor Carlos Necochea. “Él fue el primer compañero de ruta de Ricardo García en la creación del sello, fue el primer director artístico. Ricardo García era el director general y Necochea era el director artístico encargado del repertorio, de generar las grabaciones”, explica Ponce. “Y en ese sentido, Necochea tiene un rol súper importante porque él había sido protagonista de la nueva Nueva Canción Chilena, como integrante de Los Curacas, entonces él representa este eslabón entre Alerce con la época de fines de los sesenta, el sello Dicap, la época de la Unidad Popular”. La investigación de Ponce también presenta a otros personajes más recónditos, pero muy importantes para la historia de Alerce, como el gestor cultural Guillermo Haschke, quien estaba avecindado en Francia y fue clave para vincular al sello con los músicos que estaban en el exilio y a su vez, para abrir espacios para artistas locales que viajaban a Europa. Su testimonio está en el libro, gracias a los oficios de Viviana Larrea. “Guillermo Haschke fue un gran amigo de mi padre”, dice la actual directora del sello. “Un hombre súper cercano a la historia de Alerce, él era un ingeniero que se dedicaba a la aeronáutica, pero siempre estuvo muy vinculado a la cultura y con él comienza este intercambio de posibilidades de encuentro de Ricardo García con los músicos del exilio. Y Guillermo además hizo algo muy interesante que fue conseguir el Teatro Olympia de París para llevar algunos músicos de Chile, incluso llevó a Lucho Barrios, porque él era como medio bohemio y le gustaba el bolero. Se graba ahí un disco y luego se publica por Alerce, Lucho Barrios en el Olympia de París”. El libro recorre la historia del sello en toda su amplitud. Asociado a la música popular y a movimientos como el Canto Nuevo, también tuvo una profusa producción de música para las infancias e incluso pensado para los colegios. En efecto, el disco Rondas Infantiles (1979), grabado por un coro de niños y niñas del Colegio Latinoamericano de Integración, es uno de los títulos más vendidos en la historia de Alerce. “Se hicieron muchos discos de música para niños y también se hicieron muchos discos que se llaman Folclore en mi Escuela , justamente para colegios”, apunta Viviana Larrea. “En esa época en que se hicieron esos discos, los niños en los colegios bailaban folclor chileno, no reggaetón. Son discos hermosos, discos que tienen una función didáctica pensadas para los niños”. Además de música para los niños y artistas vinculados al Canto Nuevo -un movimiento que tiene mucha presencia en el libro-, Alerce tuvo una apertura hacia el rock, que le permite exhibir un catálogo robusto con el espesor de nombres como Congreso, Fulano, De Kiruza, Los Tres y hasta Jorge González (con el notable Mi Destino: confesiones de una estrella del rock ). Es decir, a entender del autor, una arista que dice mucho del sello. “Incluso antes de que Viviana asumiera la dirección del sello en los años 90, Alerce empezó a grabar rock a fines de los años 80”, dice. “Y es interesantísimo ver cuál fue la postura de Alerce respecto de eso, porque era justamente la época en que estaba de moda lo que se llamaba el rock latino, grupos como Soda Stereo, Los Enanitos Verdes, en Chile Los Prisioneros. Alerce tuvo una postura siempre fiel a sí misma de tomar esa música pero desde otros bordes”. Por ello su primer disco de rock fue el único álbum de Corazón Rebelde, banda formada por jóvenes hijos de chilenos en el exilio a imagen y semejanza de The Clash. “Alerce tuvo siempre, en toda su historia, una mirada de qué es lo que queremos publicar. No simplemente publicar lo que está de moda, no solamente buscar una especie de Soda Stereo como para replicar eso, sino al revés. incluso como ir a contrapelo de lo que está de moda y poner música más alternativa, pero uno agradece que ese repertorio que tiene a Fulano, el primer disco de Los Tres, a Jorge González”. El libro propone una mirada larga cruzando desde los años noventa hacia el siglo XXI e incluso hasta nuestros días. En los bullentes años de la transición, cuando las multinacionales eran los grandes controladores de la industria, movieron ofertas para comprar Alerce. Es una de las historias poco conocidas que rescata el libro. “Hubo una oferta de 1 millón de dólares”, recuerda Viviana Larrea. “Fue BMG, después vino EMI, pero esa no avanzó tanto como la BMG que avanzó bastante. Por supuesto que es un un momento como de un sismo que se produce ahí, porque la oferta era muy importante. Pero por otro lado aparece lo emocional y el deseo de continuar el trabajo que había iniciado mi padre, poniendo tanta fe, tanta confianza, tanta valentía en que lo que hacemos es importante y que había que hacerlo. Entonces, ahí hubo una discusión. Después, mi mamá decía, pero piénsalo bien, porque yo era la que ponía más obstáculos a la venta. Piénsalo bien. Y yo le dije, mamá, no tengo nada que pensar. Y mi mamá me dijo: prefiero a mi hija que el millón de dólares”. Esa historia de alguna forma ilustra el firme credo de Alerce en mantener en activo esa mirada muy particular de la industria musical. Por eso el libro llega hasta hoy, para dar cuenta que todavía trabajan con artistas. “Eso es súper importante decirlo, porque hay como una especie de idea de que Alerce ya no estamos trabajando o que esto es lo que hicimos. Pero no, nosotros estamos trabajando con grupos nuevos, estamos trabajando con gente que propone otras cosas, otros estilos. Y estamos trabajando con muchos artistas jóvenes fundamentalmente a través de plataformas, porque son escasas las situaciones en que hacemos discos nuevos en formatos físicos. Por eso, para mí, este libro es fundamental para nosotros. Ahí está nuestra historia, ahí está toda la memoria, está todo lo que sucedió, de hoy hacia atrás. Entonces tenemos la oportunidad de que David siga escribiendo la historia de sello Alerce, porque continúa”.
Era una presencia tan intimidante como insólita. Hacia la segunda mitad de los setenta, en las oficinas de la discográfi





コメント