Comentamos el viernes que INEGI publicaría un dato oportuno del PIB por ahí de 3% de crecimiento, como ocurrió. También decíamos que este crecimiento está concentrado en unas pocas actividades, por lo que no conviene exagerar su importancia. Hay un fenómeno excepcional con las exportaciones de equipo electrónico, que tiene su origen en la explosión de la inteligencia artificial y en la danza arancelaria de Trump, que hizo más atractivo para varios países asiáticos pasar por México. Por esa razón, las exportaciones de máquinas para procesamiento de datos y sus partes se multiplicaron por 7.5 veces en dos años, mientras las importaciones lo han hecho en 5 veces. A pesar de esa gran diferencia, el valor agregado del subsector ha crecido bien, pero nada comparable: 15% en esos dos años. La otra actividad manufacturera que ha crecido mucho ha sido refinación, que sigue siendo una fuente de pérdidas para Pemex, pero en la contabilidad nacional “aporta” valor agregado. En los servicios, si consideramos esos mismos dos años (de agosto a agosto), hay varias actividades que crecen, pero la mayoría lo hace de 2024 a 2025. De entonces para acá, la única con crecimiento relevante es comercio al mayoreo, precisamente porque por ahí pasan las importaciones y exportaciones mencionadas. Algo aportan las telecomunicaciones y la salud, pero el mayoreo crece tres veces más rápido. Tal vez por eso ese crecimiento de 3% no se refleja en una mayor recaudación de ISR, que se ha desplomado, pero sí en IVA, que se cobra mucho en aduanas. Confirmando lo que platicamos el viernes: es un crecimiento que ocurre en el exterior de México. Tal vez por eso no se nota mucho entusiasmo empresarial, como indican las encuestas publicadas ayer por INEGI. Nuevamente comparando 2024 con 2026, la confianza empresarial ha caído 7% en lo general, pero 8% en manufacturas, 7% en comercio y 7.3% en servicios. Donde menos cae es en construcción, apenas 3%, pero cae, lo que no parece coincidir con el crecimiento reportado en actividad industrial. En cuanto al “momento adecuado para invertir”, hay una caída de 13% en construcción, 22% en manufacturas, 9% en comercio y 7% en servicios. Esta caída no es algo momentáneo. Servicios lleva 30 meses reportando un nivel inferior a 50 puntos en el momento adecuado para invertir, que es el umbral del pesimismo, digamos. Comercio lleva 90 meses, manufacturas 159 meses, y construcción, 190, es decir, ya casi 16 años. A lo mejor ya se acostumbraron, y por eso no se dan cuenta del crecimiento que de pronto ha aparecido. Esta escéptica columna insiste en que el crecimiento reportado está apenas en el papel. No se nota en el empleo (el índice de personal en sectores económicos ha caído 2% desde agosto de 2024, mientras que de los 239 mil puestos de trabajo creados desde septiembre de ese año, según el IMSS, 225 mil son autoaseguramiento, lo que deja apenas 14 mil nuevos empleos en dos años); ya vimos que no se nota en recaudación, y tampoco se percibe entre empresarios. Pero para las cifras macro sí sirve: con el PIB nominal creciendo por encima de 7%, el nivel de deuda bruta del gobierno rebasa 55% del PIB. Si el crecimiento fuese menor, la deuda representaría un mayor porcentaje, acercándonos a la región peligrosa. Por cierto, ahora que en septiembre no se registró transferencia a Pemex (que se anota como ingresos de la empresa), el déficit saltó un par de décimas, para ubicarse en 4.3% del PIB, y aquí también ayudó el crecimiento. Cuando había contrapesos, pero especialmente decencia, no había necesidad de tener malos pensamientos. Después de ocho años, ya es difícil confiar. Como vimos, eso mismo piensan los empresarios.
Comentamos el viernes que INEGI publicaría un dato oportuno del PIB por ahí de 3% de crecimiento, como ocurrió. También





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