Con tres horas de lluvia continua e intensa , los cerros de Lima pueden desestabilizarse y generar deslizamientos sobre las viviendas asentadas en sus laderas. La advertencia la formuló Fernando Neira , especialista en gestión de riesgo de desastres, en entrevista con Willax , en el marco de las primeras inundaciones registradas en Tumbes ante el adelanto del fenómeno El Niño . Neira recurrió a episodios documentados para respaldar su afirmación. En 2009 y 2010, lluvias de esa magnitud provocaron un alud en el Asentamiento Humano Señora de los Milagros, en Comas , así como situaciones similares en Collique y Ventanilla . “Es posible que se formen dependiendo de la intensidad de lluvia”, sostuvo el experto, en referencia a nuevos eventos de ese tipo en la capital. El factor que amplifica el riesgo actual frente a episodios históricos como el de 1970 es demográfico. La ocupación masiva de cerros en Lima ha multiplicado la cantidad de viviendas expuestas. “Va a ser peor”, afirmó Neira, al comparar el escenario presente con el de hace más de cinco décadas. Antes, el peligro se concentraba en las quebradas; ahora se distribuye por toda la periferia urbana de altura. A ese riesgo se suma la formación de lo que el especialista denominó “cuencas ciegas” : zonas donde el agua se acumula sin salida por falta de drenaje. Según Neira, ante una lluvia sostenida, podrían quedar sumergidos varios bypass y calles enteras, con un impacto que va más allá de los asentamientos en laderas. La quebrada del Pedregal, en San Juan de Lurigancho , concentra uno de los focos de mayor peligro en Lima. Su composición rocosa hace que, ante una activación, el flujo arrastraría bloques de gran tamaño sobre las construcciones instaladas en sus márgenes. Neira señaló que las familias que allí residen están advertidas, pero permanecen en el lugar. “Sería cuestión de tomar una decisión política respecto a qué hacer con esta zona de riesgo”, planteó. El especialista indicó que las condiciones actuales del mar peruano son compatibles con una repetición del escenario de 1970 en Lima. “Puede darse. Pueden darse las condiciones para que se repita lo que ocurrió en el año 70”, afirmó. Proyectó que Lima podría enfrentar lluvias convectivas intensas entre febrero y marzo, en línea con lo que ya ocurre en el norte del país y lo que se registró en Guayaquil , donde las tormentas eléctricas generaron alarma en los últimos días. Tumbes ya registra inundaciones y tiene entre dos y tres horas para evacuar antes de que el agua sea considerable Las primeras precipitaciones de la temporada en Tumbes generaron inundaciones durante la noche previa a la entrevista. Para Neira, el fenómeno era previsible: “Ha habido una respuesta atmosférica a una condición excesiva de calentamiento del agua” . Las lluvias convectivas registradas en el norte peruano responden a esa dinámica y, según el experto, se adelantaron levemente respecto a las proyecciones originales. Ante una alerta de lluvia inminente, el tiempo disponible para actuar es acotado. Neira precisó que las inundaciones en Tumbes pueden volverse considerables en un lapso de dos a tres horas desde el inicio de lluvias intensas. En ese margen, recomendó identificar las rutas de evacuación definidas por las autoridades locales en coordinación con el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), cortar el suministro eléctrico y poner a resguardo los bienes. Para anticiparse a las alertas, Neira recomendó el seguimiento de los reportes del Centro Nacional de Meteorología e Hidrología (CENAMI), que publica información en tiempo real a través de redes sociales, con datos provenientes de satélites de la NASA. “Los que están en zonas de riesgo tendrían que tener seguimiento a los reportes de CENAMI”, indicó. La baja ejecución del presupuesto para el Niño y la ausencia de cultura de prevención dejan a la población más expuesta El contexto presupuestal agrava el panorama. Hasta junio, solo el 27% de los fondos destinados a obras de prevención ante el fenómeno El Niño había sido ejecutado en Tumbes, según denuncias de autoridades locales. Recién a partir de julio, con el ingreso del nuevo gobierno, se aceleró la ejecución, aunque sin llegar al 90% de lo asignado. “Eso evidencia una debilidad estructural” , señaló Neira. El especialista identificó además un problema de fondo en la gestión de emergencias del país: el modelo está orientado a responder desastres, no a prevenirlos. “No hay una conducción que minimice los riesgos, sino que trabajemos en función a manejar desastres”, afirmó. Esa lógica reactiva, dijo, se combina con la ausencia de cultura de prevención en la población. “No tenemos cultura de prevención o de manejo de alertas”, fue categórico. Neira describió una situación recurrente: las personas que viven en zonas de riesgo no reaccionan hasta que el agua ya las alcanza. “Hasta que tengas el agua encima”, graficó. En ese punto, trazó una distinción sobre la responsabilidad del Estado: el gobierno cumple con emitir alertas y recomendaciones, pero la decisión de evacuar recae en la población. Para los casos en que esa decisión no se toma, como ocurre en la quebrada del Pedregal, planteó que la única salida es política. “Hay que comenzar a trabajar a futuro”, concluyó.
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