Madrid, 28 oct (EFE).- Familias alojadas en una sola habitación, acuerdos informales de alquiler, casas en malas condiciones o subarriendos son algunas de las fórmulas de superviviencia que están aumentando y que arrojan aún más a la exclusión social a las personas que no pueden acceder al mercado ordinario de la vivienda. Lo advierte Cáritas, en el estudio 'La vivienda imposible: Del alquiler inaccesible al realquiler de supervivencia' presentado este miércoles, que alerta de que una de cada cuatro personas atendidas por la entidad católica realquila habitaciones. La exclusión residencial afecta a hogares jóvenes, monoparentales, personas migrantes, con baja intensidad laboral o con ingresos insuficientes o variables, recoge el informe que advierte de que la mitad de las personas que ahora viven en alquiler no tendría un nivel de ingresos suficientes para acceder de nuevo al mercado del alquiler. "Son 266.435 personas atendidas por Cáritas que viven sin seguridad jurídica de un contrato que permite el acceso a derechos y que les cierra puertas como a las prestaciones sociales y el poder desarrollar una vida normalizada, como acceder a la nevera o a la cocina cuando se necesite", ha señalado el sociólogo de la Fundación FOESSA, Thomas Ubrich. El informe detalla cómo el realquiler de habitaciones en un piso compartido se ha convertido en uno de los recursos utilizados por familias expulsadas del mercado ordinario de vivienda, en ocasiones mediante relaciones contractuales débiles, informales o incluso sin contrato, y con una tendencia a prolongarse. "Se trata de una falsa salida a la que se ven abocadas miles de familias y lejos de resolver el problema de fondo genera otras consecuencias igual de graves", ha aseverado María González Dyne, secretaria general de Cáritas Española, quien ha denunciado que se están alquilando incluso pasillos en pisos compartidos. Cuando hay cambios muy frecuentes de vivienda, se interrumpen continuamente las relaciones vecinales, dificultando la consolidación de vínculos de confianza y de redes informales de apoyo, tan significativas para los procesos de integración social. La persona permanece en una situación de "presencia sin permanencia", habitando diferentes espacios, pero sin llegar a integrarse en ninguno de ellos, ha expuesto el sociólogo. "La habitación se convierte en el único lugar disponible para descansar, comer, guardar pertenencias -incluso comida-, relacionarse, estudiar, trabajar o cuidar de los hijos e hijas. Un espacio mínimo de supervivencia que concentra todas las funciones de la vida cotidiana que deberían de repartirse en una vivienda adecuada", ha enfatizado. Y ha advertido de que los efectos de la precariedad habitacional no recaen únicamente sobre las personas adultas, sino que se proyectan de manera directa sobre la infancia y la adolescencia, condicionando su seguridad y bienestar y dificultando el ejercicio cotidiano de la crianza. El 50,6 % de las personas que alquilan "si hoy tuvieran que entrar de nuevo el mercado" no tendrían un nivel de ingresos suficientes para acceder hoy al mercado del alquiler, es decir, que no encontrarían una renta que no supere un umbral máximo de esfuerzo del 30 % de sus recursos, expone el informe. Además, siete de cada diez personas inquilinas no podrían acceder a la financiación requerida para comprar una vivienda. "El acceso a la vivienda se ha convertido en un mecanismo de selección social en nuestro país", ha añadido Ubrich, quien ha argumentado que "no basta con construir más casas, sino planificar para quien se construye y dónde". Además, la emergencia se manifiesta en condiciones materiales deficientes: el hacinamiento grave afecta ya al 7 % de la población (3,4 millones de personas), proliferan las infraviviendas y las condiciones de insalubridad. Cáritas señala que la respuesta no puede limitarse a producir más vivienda en abstracto, sino que es necesario diferenciar instrumentos según grupos y territorios. "La respuesta debe producir y movilizar vivienda efectiva, asequible y socialmente orientada, capaz de responder a quienes hoy quedan fuera tanto de la compra como del alquiler ordinario", ha indicado el experto. Para Cáritas aumentar la construcción puede ser necesario en determinados territorios, pero será insuficiente si no se orienta parte de esa producción hacia vivienda asequible, alquiler social y ampliación sostenida del parque público. Diferencia aquellas comunidades donde la compra es claramente más excluyente que el alquiler: Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Cantabria y Madrid. En otras, el alquiler aparece como la opción relativamente más problemática porque los ingresos son bajos, bien porque la oferta de alquiler es escasa o tensionada: Navarra, Extremadura, Castilla y León, Ceuta y Castilla-La Mancha. En otras ambos regímenes presentan tensiones similares, como La Rioja, Aragón, Melilla y País Vasco. Madrid también presenta una situación crítica: el 89,2 % de la población queda por debajo del umbral de compra y el 73,7 % por debajo del umbral de alquiler, concluye. EFE

QUOTE · 引述
Madrid, 28 oct (EFE).- Familias alojadas en una sola habitación, acuerdos informales de alquiler, casas en malas