La economía mexicana está creciendo más de lo que se esperaba, ya se lo hemos comentado. Las preguntas pertinentes ahora son: ¿qué tan extendida está esa mejoría? ¿Puede sostenerse el impulso en los próximos meses? El viernes, el INEGI reportó que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) aumentó 0.6 por ciento en agosto respecto a julio y 3.5 por ciento anual, con cifras desestacionalizadas. Esta última fue la tasa más alta desde septiembre de 2023. El dato confirma la aceleración que comentamos el miércoles en este espacio. Pero el desglose permite ver algo más: el crecimiento se mueve a tres velocidades. La sorpresa ya está modificando los pronósticos para todo 2026. Banamex elevó el suyo a 2 por ciento y Banorte lo llevó a 1.9 por ciento. Apenas el martes 20 de octubre, la Encuesta Citi mantenía una mediana de 1.4 por ciento. El próximo viernes conoceremos la estimación oportuna del PIB del tercer trimestre. Mientras llega, conviene detenerse en las actividades que están detrás del repunte. La primera velocidad aparece en el comercio mayorista, que creció 12.2 por ciento anual en agosto. Su dinamismo coincide con el auge de las exportaciones de equipo de cómputo y con la demanda estadounidense de infraestructura tecnológica. Ese dato no permite atribuir todo el avance a la tecnología, pues el mayoreo también atiende a empresas que compran insumos y a operaciones vinculadas con la exportación, pero la correlación con el auge exportador vinculado con la IA es indiscutible. El ensamble de equipo de cómputo genera actividad y empleo en México, pero utiliza componentes importados. Por eso, el aumento de las exportaciones no se ha traducido directamente en una expansión equivalente del valor que se genera dentro del país. La oportunidad está en conseguir que más proveedores mexicanos participen en esa cadena. Así podría ampliarse el efecto del auge exportador sobre la economía nacional. La segunda velocidad es la de la construcción, que avanzó 7.9 por ciento anual. Banamex atribuye parte de esa recuperación a la inversión pública y a señales de mejoría en la privada. Una obra genera compras de materiales, demanda para proveedores y contratación de trabajadores. De ahí la importancia de que esta recuperación tenga continuidad. En agosto, sin embargo, la construcción no creció respecto al mes anterior. Un solo mes no basta para hablar de la pérdida de impulso, pero sí obliga a observar con datos posteriores si fue una pausa o el comienzo de una desaceleración. La tercera velocidad se aprecia en el comercio minorista y en algunos servicios al consumidor. El primero creció 2.4 por ciento anual, casi diez puntos porcentuales menos que el mayoreo. El alojamiento y la preparación de alimentos, actividades que también atienden al turismo, cayeron 3.1 por ciento. Hay servicios con resultados mejores: los financieros avanzaron 3.7 por ciento y los de salud, 3.8 por ciento. La recuperación es desigual incluso dentro del sector terciario. Por eso conviene evitar que la fortaleza del dato agregado oculte los rezagos. El empleo ofrece otra señal de esa desigualdad. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de septiembre registró 60 millones de personas ocupadas, 267 mil menos que un año antes. Además, la proporción de la población en edad de trabajar que participa en el mercado laboral bajó de 59.6 a 58.5 por ciento. El contraste, sin embargo, está en el IMSS, cuyos puestos registrados que pertenecen a la economía formal aumentaron 1.6 por ciento anual en septiembre. Son mediciones con coberturas diferentes, pero juntas muestran que la mejoría del empleo todavía no es generalizada. ¿Puede mantenerse el impulso en el cuarto trimestre? Hay razones para ser prudentes. El avance mensual del IGAE pasó de 0.8 por ciento en julio a 0.6 en agosto. Para septiembre, la estimación oportuna apunta apenas a 0.1 por ciento, aunque todavía falta conocer el dato observado. También será más exigente la comparación con el cierre de 2025, cuando la economía repuntó. Eso puede moderar las tasas anuales por una base de comparación más alta, pero su trayectoria dependerá de cuánto crezcamos en los próximos meses. La continuidad del impulso tecnológico dependerá de la demanda externa y de las condiciones comerciales. En la construcción importarán tanto la ejecución del gasto público como la recuperación de la inversión privada. El dato oportuno del PIB del tercer trimestre que el INEGI dará el viernes permitirá calibrar mejor la magnitud del repunte. Para saber si puede durar, habrá que observar si las empresas contratan más y si las familias aumentan su gasto. Esa será la señal de que las actividades que hoy avanzan más despacio también comienzan a acelerar.
El viernes, el INEGI reportó que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) aumentó 0.6 por ciento en agosto r




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