Los pilotos con grandeza y los que aspiran al título no se refugian en especulaciones, y Andrea Kimi Antonelli no teorizó ni se aferró a las matemáticas en Austin, en el Gran Premio de los Estados Unidos . Corrió el 18vo episodio del calendario con el espíritu de un campeón, de un rey que llega para dominar la nueva era de la Fórmula 1 . Novena victoria en la temporada, la mitad de los grandes premios que se cumplieron en el año, y una diferencia de 123 puntos, sobre 125 que restarán para la finalización del curso , sobre su compañero de garaje George Russell, dejaron al talentoso joven italiano en la puerta del gran festejo, ese que un piloto de su país no celebra desde 1953, con Alberto Ascari. La próxima semana, en la cita que el Gran Circo desarrollará en el autódromo Hermanos Rodríguez, de Ciudad de México, la estrella de Mercedes podrá rubricar la sobresaliente tarea: terminar en el noveno casillero del clasificador será suficiente para las estadísticas, aunque los números están lejos de ser el motor de Antonelli, la joya que tiene pasta de campeón. Un desastre solamente podría derrumbar el margen gigantesco para rematar la faena que forjó en la primera mitad del año, una catástrofe impediría que rompa con el récord que inscribió Sebastian Vettel, que en 2010 le dio a Red Bull la primera corona, con 23 años, 4 meses y 11 días. Antonelli cumplió 20 años dos meses atrás -el 25 de agosto- y en la tierra de los vaqueros no anduvo con rodeos: con una vuelta de ensueño firmó el mejor tiempo en la prueba de clasificación, la séptima en la temporada, para romper la racha de ocho grandes premios –desde Spa-Francorchamps- sin partir desde el mejor cajón de la grilla. “ Quiero ganar de la mejor manera. Es un estado mental que va a seguir así hasta el final de la temporada ”, apuntó el boloñés que, a pesar de salir como perdedor en el estreno del año, en Melbourne, donde se impuso Russell, descubrió los métodos para progresar y mejorar en cada segmento en donde demostraba debilidades: junto con el equipo atacó la falencia en las largadas y en Austin hizo gala de su aprendizaje. Una partida imperial, el primer acto para un triunfo demoledor , por un margen de 13 segundos sobre el primer escolta, Charles Leclerc (Ferrari), y 54 segundos de distancia ante Russell, que luego de aquel inicio auspicioso se hundió y resultó dominado por el talentosos italiano, que en su segundo año en la F1 se adueñó del garaje. Una primera fila entre el gran candidato y Max Verstappen (Red Bull Racing), el piloto que la cátedra condecora como el mejor de la actual parrilla y vencedor de las dos carreras que precedieron la apertura de la gira americana, agitaba una batalla emotiva al girar en las primeras curvas del trazado texano. Nada de eso sucedió, porque Antonelli no dio espacio ni tiempo: una reacción aguda al apagón de los cinco semáforos rojos y la respuesta endeble del tetracampeón representó un duelo de un western del lejano oeste, donde solo uno queda en pie . Al cumplir un giro, el piloto de Mercedes marcaba el pulso con una distancia en el cronómetro de 2,3 segundos sobre MadMax , que perdió y recuperó el segundo puesto ante Leclerc; el monegasco se impondría al final del gran premio y los dos acompañarían a Antonelli al podio. Para coronarse en Austin, Antonelli necesitaba que Russell terminara noveno –o más retrasado- y Lewis Hamilton (Ferrari), quinto o una peor posición. El británico cruzó la meta en el octavo puesto y el séptuple campeón del mundo y quien abrió la ventana para que el boloñés ocupe la butaca, cuarto. Lejos de pedir información al equipo sobre las situaciones de los rivales, cumplió con el plan de carrera y no incurrió en faltas –excesos de límites de pista-, esas que pueden acarrear penalizaciones y lamentos. Una estrategia de una parada, la más previsible, después de largar con neumáticos de compuesto medio y rematar la tarea con duros, invitó a Verstappen a inventarse un diseño diferente para incomodar: el cambio de guion no resultó -el neerlandés hizo tres stint , dos con gomas blandas y uno con medias-, pero sin ritmo debió contentarse con completar el podio. “ Toda la semana me estuvieron remarcando no olvides los límites de pista y solo me excedí en uno , cuando salí de boxes y me encontré con un Williams que venía un poco lento”, comentó Antonelli, con una sonrisa, a la transmisión de ESPN . El resumen del triunfo de Antonelli en el GP de EE.UU. “Gran manera de terminar el fin de semana: era importante la carrera para mí y el equipo, porque se trabajó mucho con las actualizaciones . La estrategia fue muy buena: era una apuesta y el equipo la ejecutó muy bien. Extendimos con el medio el primer stint y con el duro teníamos todo para ganar”, señaló, quien después de una temporada oscilante, como la del año pasado, en la nueva era de los autos de la F1 desplegó todo su potencial para arrasar. Talento, mente fría, temple, voracidad, soportar presiones, adaptarse a un coche nuevo desde lo técnico y los motores... Con 20 años marca el ritmo y no hay rivales que se le resistan . Fiel a su costumbre, se abrazó con su padre Marco y se lanzó en vuelo hacia los mecánicos para celebrar y, como si se tratara de un ritual, pidió un teléfono celular y se tomó una selfie con ellos. Jo Bauer , el oficial de la FIA encargado de tomar el peso de los pilotos, lo espero junto a la balanza y le entregó el papel en el que no debe figurar un número menor a 82, que son los kilos que debe marcar la báscula, incluyendo el buzo, guantes, casco, botas y el dispositivo HANS. En el cooldown room , donde los integrantes del podio esperan hidratándose y observando imágenes de la carrera, Verstappen y Leclerc, a los costados de Antonelli, lo alentaron: “ Vamos Kimi en México ”. El domingo, la F1 seguramente ungirá a un nuevo campeón del mundo, el más joven de su historia.
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