Muchos las han calificado de históricas, por lo que supone un referéndum a la gestión de Donald Trump en su segundo periodo. Otros porque aspiran a un cambio radical en la política internacional en materia de conflictos, el apoyo a Israel, las ofensivas contra Irán. Y algunos otros más porque suponen un enérgico y auténtico contrapeso desde el Congreso en manos de los demócratas después de una sonora victoria el día de hoy. No comparto ninguno de los anteriores, excepto las crecientes posibilidades de una rotunda derrota para Trump y los republicanos en la jornada de este martes. Sin duda, habrá cambios en la Cámara de Representantes y en muchas gubernaturas, ya que se disputan 38. También podría haber un resultado apretado en el Senado. Veremos. Pero las consecuencias de los números que arrojen las urnas, me parece, no estarán directamente en los efectos inmediatos de su gestión. Explico por qué. Trump ha gobernado por decreto, ha emitido más de 160 órdenes ejecutivas instruyendo al gobierno y a sus agencias a adoptar una serie de acciones. Es decir, en los hechos, más allá de su “Big Beautiful Law”, que excedía los gastos del gobierno y su capacidad financiera de endeudamiento, no ha enviado iniciativas de ley al Congreso. ¿Qué quiere decir esto? En los hechos instaló una autocracia. Desde la guerra con Irán —que hubiese requerido por ley autorización del Senado— hasta los operativos, presupuesto y cheque en blanco a ICE para perseguir, detener y deportar supuestos inmigrantes ilegales, Trump ha ordenado a diestra y siniestra sin contemplar los procesos políticos, legislativos o judiciales. Es decir, una autocracia de facto. La Suprema Corte, con mayoría conservadora gracias a sus tres jueces designados en su primera presidencia (2017-2021), se ha inclinado, aunque no en todas, a favorecer sus decisiones cuando llegan hasta ese alto tribunal buscando detener los atropellos. Ha perdido algunas, pero en general, nadie ha podido detenerlo. Esto no cambiará con el resultado de esta noche. La clave para la Cámara de Representantes es que ahí reside la autorización del presupuesto, y será justamente donde los demócratas apretarán hasta el exceso de cierres gubernamentales —que también ya han sucedido en el pasado reciente— para intentar detener su sobreendeudamiento y su gasto superfluo en arcos monumentales y salones de baile. Muy probablemente avancen —los republicanos no lo han permitido hasta ahora— comisiones de investigación por la corrupción rampante del clan Trump y sus allegados. Miles de millones, negocios, contratos y privilegios para sus incondicionales. El Congreso de Oposición abrirá estas investigaciones y afectará indefectiblemente su imagen pública y el futuro de sus hijos en libertad. Recordemos que tiene la facultad del indulto bajo criterio absolutamente individual. En términos de política internacional, no anticipo grandes cambios. Seguirá el apoyo irrestricto a Israel, aunque ahora, tal vez, bajo algunas condiciones de negociación. Probablemente un tono menos beligerante y más negociador con Irán. Ha habido ya dos intentos —incluso a nivel de la Corte que perdió el gobierno, por cierto— por detener los aranceles que han dañado sensiblemente las cadenas de suministro a nivel mundial, pero, sobre todo, a los consumidores en Estados Unidos. Seguirá empecinando en grabar las mercancías que entran al mercado estadounidense, aunque los números señalan que son los ciudadanos quienes están pagando el precio. En estos días se registraron avances en diálogo y negociación con Canadá, después de que votantes —tradicionalmente republicanos en estados como Michigan— se quejaron enérgicamente de las torpezas del gobierno para afectar la provechosa y productiva relación comercial con su vecino del norte. Trump es un narcisista compulsivo y continuará con su retórica del mejor gobierno, la mejor presidencia y el mejor titular del Ejecutivo en la historia. Y, por supuesto, no aceptará datos, cifras o evidencias que demuestran lo contrario. Hoy, las urnas tendrán que decidir. Los votantes lo rechazan y lo castigan por ser el presidente más corrupto de la historia y uno de los más dañinos para la economía familiar y doméstica. Esto se debe a dos razones: la inflación no controlada, que fue una promesa incumplida de campaña, y el aumento de los precios de los combustibles debido al cierre del estrecho de Ormuz y la desastrosa campaña contra Irán. El gran riesgo de la jornada de hoy está en su rechazo a los resultados, a fomentar el discurso de negación y fraude por parte de los demócratas. Ahí sí que el resultado puede complicarse.
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