La modificación de la OGUC llegó al Tribunal Constitucional. ¿Permitiremos que más personas accedan a las oportunidades de la ciudad? La industria de la construcción, gran fuente de empleo, debe reactivarse. Y las ventajas de una buena ubicación no debieran quedar reservadas a quienes ya viven ahí o pueden pagar sus altos precios. Además, los hogares cambiaron: según el Censo 2024, el promedio es de 2,8 personas y más de un quinto son unipersonales. Las reglas deben reconocerlo. Una persona sola o una pareja no necesita necesariamente la misma superficie que una familia numerosa. Permitir más unidades, algunas menores, amplía sus alternativas, si se diseñan con luz, ventilación y habitabilidad. ¿Dónde está entonces la discrepancia? Primero, en el instrumento escogido para aplicar estos cambios necesarios: la modificación de la OGUC plantea reglas generales que se sobreponen a la planificación local existente. Para quienes cuestionan esta vía, son los planes locales los que deberían ajustarse a los cambios demográficos y a la crisis de acceso a la vivienda. Segundo, en la modulación fina de las reglas propuestas: densidad, distancia a corredores de transporte, estacionamientos, y el reconocimiento de las diferencias entre barrios y comunas. Tercero, que no habría certeza de que lo que se propone genere un mejor acceso a la vivienda a precios alcanzables. Las críticas son atendibles, y sí, la planificación es clave. Pero la actualización de los planes reguladores locales no ha respondido con la oportunidad y alcance que la situación requiere. Muchos de estos planes están desactualizados y su modificación es lenta y difícil. Los municipios responden principalmente a sus vecinos actuales, que pueden temer los efectos del crecimiento: quienes necesitan llegar tienen una representación mucho más débil, y no están ahí para hacerse oír. Y aumentar la oferta de vivienda sin duda aumentará también las oportunidades de encontrar la adecuada a precios justos. Esto no invalida la planificación comunal, pero exige coordinarla con responsabilidades metropolitanas y nacionales, asunto que en Chile no siempre se cumple. Por otro lado, responder a la crisis de acceso es urgente, y dilatarlo es potencialmente explosivo. Hay, entonces, una responsabilidad cuando se cuestiona la incidencia nacional sobre los planes locales: explicar qué alternativa eficaz permitirá abrir esos barrios y en qué plazo. Insistir exclusivamente en herramientas que no han permitido ampliar suficientemente la oferta bien ubicada no elimina la demanda: la desplaza hacia otros lugares, muchas veces más lejanos. Por supuesto, eso no cierra el debate: se puede discutir la modulación fina de estas nuevas normas, y cómo adaptarlas oportuna y ágilmente a las distintas realidades comunales, con las herramientas existentes o con otras nuevas que desarrollaremos para ello cuando sea necesario. Pero hay una cosa clara: la ciudad compacta, en cuyos valores muchos creemos, requiere reglas que permitan que ocurra. Por Ricardo Abuauad , decano Campus Creativo UNAB y profesor UC.
Primero, en el instrumento escogido para aplicar estos cambios necesarios: la modificación de la OGUC plantea reglas gen



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