Mauricio Macri disfrutó de su buena sintonía con Michel Temer luego de meses de vínculo apenas protocolar con Dilma Rousseff , aunque el margen de maniobra de aquel interinato en el país vecino fue limitado. Su sucesor, Alberto Fernández , convivió entre roces y desplantes con Jair Bolsonaro , hasta un último tiempo de alineamiento con el retornado Luiz Inácio Lula da Silva . La historia de desfases ideológicos y desencuentros entre los gobiernos de la Argentina y Brasil se convirtió en los últimos años más en regla que en excepción, y tuvo su punto cúlmine con la pésima relación personal que sostienen, desde hace tres años, Javier Milei y el actual presidente brasileño. En silencio durante toda la jornada en la quinta de Olivos , el Presidente afrontará el último tramo de su mandato enfrentado con un Lula que demostró, una vez más, una capacidad de resiliencia política poco común. Un mazazo inesperado , que aguó la fiesta que Milei, y también la administración de Donald Trump, tenían en mente luego de la primera vuelta, hace sólo tres semanas. Además de apoyar sin retaceos a Flávio Bolsonaro en el proceso electoral que culminó este domingo, el presidente argentino no escondió en ningún momento que no figuraba en sus planes sostener un vínculo fluido con su par de Brasil, a quien desde el inicio de su camino hacia la Casa Rosada asoció con el kirchnerismo. Cada vez que lo criticaban por tildar de “corrupto” y “ladrón” a Lula da Silva, Milei recordaba la “ayuda” del entonces presidente brasileño a Sergio Massa , cuando el entonces ministro de Economía buscaba suceder a Fernández. Para su sorpresa y del universo libertario, los resultados de este domingo revirtieron la tendencia de la primera vuelta, y su enemigo declarado resurgió casi de milagro de sus cenizas . Había, en la noche de derrota, poco margen para pensar en un replanteo del vínculo bilateral, por lo que el matrimonio por conveniencia entre ambas gestiones podría continuar como hasta ahora. Sin embajadores en funciones , sin coordinación alguna entre presidentes que evitan siquiera cruzarse, pero con silencioso trabajo conjunto en organismos compartidos y un intercambio económico que no se frenó a pesar de las rispideces entre libertarios y petistas. A diferencia de la lúgubre reacción de libertarios y sus socios macristas, que durante la jornada anticipaban una victoria contundente, el festejo de los peronistas invitados al bunker de Lula comenzó cuando la tendencia era irreversible. La inconfundible marcha justicialista se mezcló con cánticos contra Milei, a quien también desde el PT asociaron con el contendiente derrotado en la noche del domingo, y con Donald Trump , ilusionado con terminar de pintar de azul el continente. La veloz felicitación de Cristina Kirchner , otra de las ganadoras a distancia de las elecciones, compartió cartel con la alegría de Cecilia Nicolini , la asesora en temas internacionales enviada a San Pablo por el gobernador Axel Kicillof , que apostaba al triunfo de Lula da Silva como aliciente para sus propias ambiciones presidenciales. “Axel ya está sacando el pasaje”, afirmaban, exultantes, cerca del gobernador bonaerense cuando el resultado en favor del PT era inamovible. Festejar antes de tiempo, se sabe, puede ser contraproducente. Con un ánimo bastante parecido al triunfalismo, Milei, la Cancillería y varios de sus funcionarios de confianza habían recordado, inmediatamente después del triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta, el fuerte apoyo que el Presidente le había dado, incluso con su presencia en la presentación de su candidatura, hacia fines de julio en San Pablo. Anoche, en medio del silencio y el desconcierto , en el Gobierno se consolaban afirmando que la tendencia de derrota de los oficialismos, verificable en varias elecciones presidenciales en el continente, no tuvo su correlato en las urnas brasileñas, por lo que −teorizaban− no tiene por qué darse en las elecciones presidenciales de 2027. “ Tampoco van a poder decir que Bolsonaro lo va a destronar a Milei en la relación con Estados Unidos, o que los presos ganan elecciones ”, ironizaban desde un despacho importante, intentando buscar el lado positivo de una derrota tan contundente como inesperada. Más de un funcionario estará lamentando la diatriba más reciente de Milei contra Lula, al acusarlo hace pocos días de “zurdo ladrón” y expresar su deseo de que “su último truco de campaña sucia no incluya robarse la elección ”. La sospecha de fraude, rebatida en duros términos por Itamaraty, no era tomada ni siquiera por los leales a Bolsonaro, al menos en las horas que siguieron al conteo provisional. Se abre, a partir del primer día de 2027, cuando Lula asuma su cuarto período al frente del gobierno brasileño, una etapa distinta, aún con los mismos actores, pero con un Lula fortalecido que buscará reforzar su imagen de defensor de la soberanía del continente frente a la avanzada norteamericana. Paradójicamente, la bandera de soberanía nacional de las Islas Malvinas, tomada con energía por el Gobierno en los últimos meses, es uno de los pocos puntos en común con la línea de la cancillería brasileña, esbozada por el encargado de Negocios de Brasil, Eduardo Uziel , en el festejo del día de la Independencia en el teatro Colón. Una gala a la que, por orden del Gobierno, no asistió ningún alto funcionario nacional. Impulsor de los Brics, grupo que Argentina abandonó de modo voluntario al inicio de la gestión Milei, Lula seguirá resistiendo en el Mercosur los pedidos de una mayor flexibilidad en los acuerdos bilaterales. El bloque regional seguirá enredado en discusiones internas, más allá de que el acuerdo con la Unión Europea promete beneficios para todos sus miembros. Milei se quedó, luego de contados los últimos votos, sin su esperado socio. Sí sostendrá, como hasta ahora, a uno de sus principales antagonistas con miras al año que viene. Y seguirá de cerca a un rival que, de seguro, no la tendrá fácil para gobernar, con el congreso y las principales gobernaciones en su contra.
Mauricio Macri disfrutó de su buena sintonía con Michel Temer luego de meses de vínculo apenas protocolar con Dilma Rous






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