Esta semana, los Agents Rurals han localizado en el embalse de la Llosa del Cavall , en la localidad de Solsonès (Lleida), una especie invasora procedente de China que, aunque es poco conocida, cuenta con una presencia significativa en todo el mundo. Es la medusa de agua dulce ( Craspedacusta sowerbii ), cuya localización en España no es nueva. Tal y como señala el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), esta especie procedente del río Yangtsé de China se observó por primera vez en nuestro país en el año 1968, concretamente en el embalse de Sau (Barcelona). “Probablemente sus pólipos fuesen transportados junto a plantar acuáticas ornamentales”, indica. Aunque no representa efectos negativos para los humanos —pues, pese a que posee cnidoblastos, la capacidad urticante de su picadura es débil—, sí es negativa para los ecosistemas. “Puede alterar las cadenas tróficas y tiene gran capacidad colonizadora ”, han indicado los Agents Rurals en una publicación en sus redes sociales. Tal y como señala el MITECO, la medusa de agua dulce se dispersa mediante el transporte de sus pólipos por los peces, las plantas ornamentales, las aves acuáticas, las embarcaciones o las infraestructuras hidráulicas. Es por ello por lo que los Agents Rurals recuerdan que “la desinfección de embarcaciones es clave como medida preventiva”. Una pequeña medusa con 400 tentáculos La medusa de agua dulce es de pequeño tamaño, de forma acampanada y translúcida con tonos blanquecinos o verdosos. Mide entre 20 y 25 milímetros de diámetros y cuentan con hasta 400 tentáculos en el borde de su campana que utiliza para sostenerse en el agua (los más largos) y para alimentarse (los cortos). Según un estudio publicado en mayo de este año en la revista People and Nature , de la British Ecological Society, y liderado por la Universidad de Toulon (Francia), la medusa de agua dulce ya se ha reportado en seis continentes a través del transporte involuntarios de sus propágulos asociados con plantas acuáticas o sustratos sumergidos. La primera vez que fue descrita fuera de su área de distribución nativa fue en 1880, en un estanque ornamental de Londres. En el continente europeo, su presencia está en la actualidad bien documentada en varios países, como la República Checa, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Italia y España, donde se ha detectados en la mayoría de las comunidades autónomas . Sus impactos sobre los ecosistemas se producen por su capacidad para alterar las cadenas tróficas . Al alimentarse de organismos de entre 0,2 y 2 milímetros, como el zooplancton, las larvas u otros pequeños organismos acuáticos, puede afectar a la red trófica de las masas de agua en las que se establece. Por el momento, según el MITECO, no se tiene constancia de impactos sobre la economía, aunque sí puede “suponer una molestia secundaria en sistemas de acuicultura o de viveros si prolifera y llega acumularse sobre plantas y filtros”. La amenaza de las especies invasoras La introducción de especies invasoras es una de las amenazas más graves que enfrenta en la actualidad la biodiversidad, que, según muchos expertos, está siendo sometida a una sexta extinción masiva. Estos taxones alóctonos con gran capacidad colonizadora llegan a nuevos enclaves fuera de su área nativa fundamentalmente por la acción del ser humano , ya sea intencionada (por ejemplo, a través del mascotismo , la ornamentación o como recurso para la caza, entre otros) o accidental (mediante el transporte). Los efectos de estas especies invasoras son múltiples: no solo afectan a los ecosistemas en los que se instalan, modificando las redes tróficas, desplazando o depredando sobre la fauna y flora autóctona o modificando el paisaje, sino que también puede ocasionar problemas en la salud humana y en la economía.
Esta semana, los Agents Rurals han localizado en el embalse de la Llosa del Cavall , en la localidad de Solsonès (Lleida






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