El informe de finanzas públicas al tercer trimestre, recién entregado al Congreso, adquiere otra dimensión cuando se cruza con la Ley de Ingresos 2027 que se aprobó la semana pasada. Entre enero y septiembre, la recaudación del ISR cayó 5.3 por ciento real y quedó 137 mil millones de pesos por debajo de lo programado. En el mismo lapso, el IVA creció 12 por ciento real, su mejor registro desde 2021, y superó lo previsto en 144 mil millones. Un impuesto tapó el hueco del otro casi peso por peso. Por eso los ingresos tributarios lucen estables, con un avance de 0.7 por ciento real. La propia Hacienda explica el origen del faltante en ISR. Las declaraciones anuales y provisionales de personas morales presentadas en marzo trajeron menos pagos, reflejo de utilidades empresariales debilitadas en 2025. La retención a sueldos y salarios, en cambio, se mantuvo firme gracias al empleo formal. Del otro lado, el auge del IVA combina un consumo interno resistente con menores devoluciones al sector exportador por la apreciación del peso. Los impuestos a las importaciones ayudaron con un alza de 10.1 por ciento real y siete meses consecutivos de incrementos, aunque quedaron 44 mil millones abajo de una meta que suponía el efecto pleno de los nuevos aranceles. En suma, en 2026 el consumo pagó lo que las utilidades no alcanzaron a cubrir. Ese es el diagnóstico. La novedad es que el paquete fiscal de 2027 apuesta a invertir la ecuación. La Ley de Ingresos prevé una recaudación de ISR de 3 billones 289 mil millones de pesos, 52.5 por ciento del total tributario, dentro de una meta de ingresos tributarios que crecería 3.9 por ciento real frente a lo aprobado este año. Visto contra la ley de 2026, el aumento del ISR luce moderado, de 7 por ciento nominal. Pero frente al cierre que se perfila este año, arrastrando el faltante acumulado, la meta exige un salto de dos dígitos nominales, es decir, un crecimiento real del orden de 8 por ciento. El impuesto que hoy cae 5.3 por ciento tendría que pasar a crecer 8. Mientras tanto, la meta del IVA, de 1.77 billones, quedó prácticamente al nivel del cierre que se dibuja para 2026, lo que supone que su impulso se desvanezca. ¿De dónde saldría ese ISR adicional? No de una recuperación de las utilidades, que nadie puede garantizar, sino de la reforma a la Ley del ISR que acompaña al paquete. Las empresas con ingresos superiores a 50 millones de pesos tendrán un control de deducciones. Cuando éstas no rebasen 96.67 por ciento de sus ingresos acumulables podrán aplicar 99 por ciento de ellas, y si lo rebasan, el tope será ese 96.67 por ciento. La amortización de pérdidas fiscales de ejercicios anteriores se limita a 50 por ciento de la utilidad de cada año, aunque el plazo para aplicarlas se amplía de 10 a 20 años. El límite a la deducción de intereses netos baja de 30 a 20 por ciento. La apuesta es que este paquete de medidas permita el salto del ISR para el próximo año. En contraste, el Resico se ensancha a 5 millones de pesos para personas físicas y a 50 millones para empresas, con lo que el SAT espera sumar hasta 1.6 millones de contribuyentes al padrón. El discurso oficial subraya que no hay impuestos nuevos, y es verdad en el sentido literal. Lo que hay es una base que se ensancha por la vía de acotar lo que puede restarse de ella. Hacienda calcula que estos cambios aportarían entre 130 mil y 140 mil millones de pesos, alrededor de 0.35 puntos del PIB. El análisis del CIEP llega a una cifra similar, 135 mil millones, concentrada en el ISR empresarial. En 2026 la recaudación descansó en gravar el consumo. Para 2027 el diseño regresa el peso a la base empresarial, pero sin esperar a que las utilidades repunten. Una compañía con pérdidas acumuladas o con costos financieros elevados pagará ISR incluso en un año mediocre. El Estado estabiliza su ingreso trasladando parte del riesgo del ciclo al flujo de efectivo de las empresas. El Senado, por cierto, ya concedió las primeras excepciones al excluir del control de deducciones a las armadoras que operan en depósito fiscal y a las gasolinerías. La apuesta tiene sus riesgos. Los Criterios Generales suponen un crecimiento de entre 1.5 y 2.5 por ciento para 2027. Los cálculos del CIEP estiman que medio punto menos de crecimiento costaría unos 30 mil millones de ingresos tributarios y un punto menos borraría 60 mil millones, casi la mitad de lo que la reforma aportaría. Será clave que la economía crezca al menos el 2 por ciento previsto. Hay, además, una lección fresca. La caída del ISR de 2026 apareció en febrero y se agravó en marzo. Los datos del primer trimestre del próximo año nos darán indicios de si la apuesta recaudatoria está funcionando.
No de una recuperación de las utilidades, que nadie puede garantizar, sino de la reforma a la Ley del ISR que acompaña a





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