Mantenerse en el tiempo siempre es sinónimo de tener que elegir entre quedarse con lo que funciona o atreverse a cambiar. Lori Meyers lleva desde 1998 surfeando ese dilema: del lo-fi ‘a la granadina’ que los acercó tanto a Los Planetas o a bandas británicas del palo de Teenage Fanclub, pasaron a finales de los 2000 a un registro más pop con canciones para llenar estadios. Tras esta fase, quizá la de mayor éxito en cuanto a cifras se refiere, llegó el turno de la psicodelia electrónica y la sofisticación de sus producciones. “Lori Meyers ya tiene una personalidad muy propia, pero es verdad que queremos seguir progresando y avanzando. No somos personas a las que nos guste quedarnos en nuestra zona de confort”, apunta Antonio Noni López , cantante y guitarrista de la banda. Él, Alejandro Méndez (guitarra y voz) y Alfredo Núñez (batería) han pasado por la redacción de Infobae para hablarnos de Disonancia , el nuevo trabajo de una banda cada vez más cerca de los 30 años de carrera. “Con los siete discos que teníamos es verdad que nos quedaba una colección de canciones que podríamos seguir tocando muchísimo tiempo más sin necesidad casi de un disco . Podríamos haber seguido en festivales donde lo que se quiere es que enseñes tu mejor repertorio. Pero es verdad que, para nosotros, como artistas y como compositores, siempre hay algo que te lleva a seguir trabajando en algo de tu interior que tienes que exteriorizar de alguna manera. No es presión: es algo personal que tienes que decir”. “No tenemos un contrato donde se nos exija un tiempo de entrega” Disonancia parte de un concepto psicológico, la disonancia emocional: pensar o sentirse de una determinada manera y, sin embargo, exteriorizarlo de otra forma. Esto estaba presente en todas las canciones que la banda había trabajado con Ferrán Gisbert, productor del disco. “Como otros títulos, salió al final”, confiesa Alejandro, quien recuerda cómo la banda descubrió en esta sencilla palabra un término capaz de englobar, tanto musical como letrísticamente, el proyecto de la banda. “Este disco ha sido un pelín más vomitado, ha salido rápido, como nos gusta a los Lori, más intuitivo. Era eso lo que íbamos buscando”, afirma Noni. Con todo, habían pasado cinco años desde el último álbum de la banda (lanzaron Espacios Infinitos en 2021), una cifra poco habitual en un momento en el que la industria no para de sacar novedades. “Nosotros no tenemos un contrato donde se nos exija un tiempo de entrega. Con el disco anterior, vinieron tres o cuatro años de gira, tiempo para que las canciones se fueran estirando, comprendiendo y, digamos, asentando a través del directo”, dice por su parte Alfredo. Pero, a pesar de haber llevado durante mucho tiempo la etiqueta de banda indie , Lori Meyers no se sitúa fuera de la industria. “Yo creo que no existe ahora mismo la música independiente como tal”, sentencia Noni. “Existen modos alternativos de hacer las cosas, y en su momento esta etiqueta sirvió mucho para identificar grupos que hacían cosas fuera de lo que se marcaba como mainstream. Da igual si una canción la escuchan solo dos personas: si la has subido y está en la industria, ya no es indie ”. Una banda sin reivindicaciones políticas El lanzamiento del primer adelanto de Disonancia , Dictadura , coincidió con una serie de manifestaciones en la Puerta del Sol de Madrid en las que jóvenes hacían el saludo fascista y portaban banderas franquistas. Nada que ver con la canción de Lori Meyers, donde se habla de una relación amorosa (“toda una tortura de mis sentimientos”, dice la letra), pero que plantea si la banda estaba jugando con la pérdida del significado de la palabra original. “Lo hicimos para que todos los periodistas nos hicierais esta pregunta”, ríe Noni. “Es una palabra un poco olvidada, pero que al mismo tiempo está de moda. Cuando haces letras, tienes que buscar ganchos que hagan al fan preguntarse el porqué de lo que escucha”. Por su parte, Alejandro señala que Lori Meyers nunca ha sido una banda políticamente reivindicativa . “Hacemos todo lo contrario: invitar a la música a cualquier creencia religiosa, futbolística, política o de raza. Nuestra expresión es universal”. Sus palabras recuerdan a las que, recientemente, James Hetfield pronunció en un concierto, refiriéndose a la polémica entre Ed Sheeran y Macklemore por su postura sobre Palestina. “No estamos aquí como otros artistas para influir en vosotros”, dijo el cantante de Metallica. “Creo que en eso lleva razón”, coincide Noni. “¿Crees que me interesa a qué partido político vota quien compra una entrada? Me da igual". Para el cantante, el músico es un “artista circense” que expresa su arte, pero al mismo tiempo vende un espectáculo que, además, en su caso no es individual. “Yo todavía no sé lo que votaría Lori Meyers. Sé lo que yo votaría, pero no lo que votaría el resto”, añade. “Lo que hemos defendido siempre los artistas es eso, que cuando la gente venga a nuestros conciertos se olvide de sus problemas, de los amores, de los políticos y los religiosos, porque para eso está ese espacio comunal para todos”, concluye Alfredo. Hacia ese sentimiento común es a donde buscan llegar con Disonancia . “Cuando haces cualquier cosa, quieres que alguien lo reciba, le toque la fibra y piense que es algo real, que no es impostado y se ha hecho con el corazón. Quieres que, en algún ámbito de su vida, le haya servido para solucionar un problema o para crearlo”.
Mantenerse en el tiempo siempre es sinónimo de tener que elegir entre quedarse con lo que funciona o atreverse a cambiar




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