Desde la llegada de Javier Milei al Gobierno, el mensaje hacia el sector privado cambió de tono: menos Estado, más libertad para hacer negocios y un discurso explícitamente orientado a atraer inversiones . Esa mirada también se tradujo en algunas medidas de desregulación. El RIGI y los cambios en materia laboral apuntaron principalmente a las grandes compañías, pero hubo señales dirigidas a emprendimientos más pequeños, como el relanzamiento de las Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS) y la creación de la figura del trabajador independiente con colaboradores. Las SAS, de hecho, son un buen ejemplo de los cambios en las condiciones para crear una empresa. La figura fue creada en 2017 por la Ley 27.349 de Apoyo al Capital Emprendedor, con la promesa de que un emprendedor pudiera constituir una sociedad de manera digital, rápida y a menor costo que una sociedad anónima tradicional. Durante el gobierno de Alberto Fernández, sin embargo, la Inspección General de Justicia (IGJ) modificó el régimen y frenó su utilización. En abril de 2024, la IGJ volvió a habilitarlas y estableció un procedimiento para constituirlas en un plazo de hasta 72 horas. El proceso de simplificación continuó en septiembre último, cuando la IGJ derogó 33 artículos de distintas resoluciones y eliminó requisitos que consideró innecesarios para la registración . Entre los cambios se encuentra la eliminación de la precalificación profesional obligatoria, una mayor flexibilidad para definir el objeto social y la posibilidad de contar con una sede electrónica complementaria . A eso se sumaron otros cambios que impactaron sobre la operación cotidiana de las empresas, como la caída de la inflación y, para determinados sectores, la eliminación de algunas trabas a las importaciones. El nuevo escenario macroeconómico permitió trabajar con mayor previsibilidad en algunos aspectos, aunque no borró otros obstáculos: cuestiones como la caída del consumo y las dificultades para acceder al financiamiento todavía pesan sobre buena parte del entramado productivo. Pero una cosa es que las condiciones para hacer negocios parezcan haber cambiado y otra es que eso se traduzca en más empresas. Por ahora, los números no muestran ese resultado. Según el Monitor Mensual de Empresas de Fundar, elaborado a partir de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, en junio de 2026 había 481.015 empresas en el país, 31.342 menos que en noviembre de 2023 , el último mes completo antes de la asunción de Javier Milei. Eso representa una caída del 6,1%. Solo en junio -último dato disponible- dejaron de existir 709 empresas y se acumularon 17 meses consecutivos de descenso. La foto, de todos modos, no es igual para todos. De los 18 sectores analizados por Fundar, nueve crecieron y nueve cayeron en la comparación mensual de junio, mientras que 14 registraron una baja interanual. Servicios administrativos y servicios personales estuvieron entre los que más crecieron, mientras que alojamiento y gastronomía fue el sector más golpeado en ese mes. La pregunta, entonces, no es solo si es más fácil emprender en la Argentina, sino para quién y en qué tipo de actividad: mientras las pymes de sectores tradicionales enfrentan una realidad, el ecosistema de startups tecnológicas se mueve con otras reglas y, además, atraviesa un cambio que no viene de la política local sino de la irrupción de la inteligencia artificial. Semáforo en verde El Global Entrepreneurship Monitor (GEM), el estudio internacional que releva las condiciones para emprender en distintos países, ofrece una primera aproximación a esta pregunta. El último informe disponible, correspondiente a 2025, muestra una Argentina que mejora respecto de años anteriores, aunque todavía se encuentra lejos de contar con un entorno especialmente favorable para crear y desarrollar empresas . El Índice Nacional de Contexto Emprendedor (NECI) fue de 4,1 puntos sobre 10, por debajo del promedio global de 4,7. En el ranking internacional, sin embargo, el país avanzó hasta el puesto 39, por encima de países como México y Brasil, aunque todavía detrás de casos como Chile y Uruguay. Una de las particularidades que muestra el estudio es cuánto parece depender el contexto emprendedor argentino del ciclo político. La dimensión “Políticas de gobierno” pasó de 2,63 puntos en 2000 a un máximo de 6,32 en 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, para luego desplomarse hasta 1,83 en 2022, el nivel más bajo registrado por el país desde que existe el GEM. En 2025, esa dimensión volvió a mejorar y, junto con “Burocracia e Impuestos” y “Programas de gobierno”, mostró una recuperación , aunque todavía lejos de los niveles alcanzados durante el gobierno de Macri. Igualmente, no todas las variables se mueven al ritmo de los gobiernos. El financiamiento, por ejemplo, aparece como una debilidad estructural: prácticamente nunca superó los 4,85 puntos y en 2025 cayó a 3,02, su nivel más bajo desde 2002. Algo similar ocurre con la burocracia y los impuestos, que con 2,99 puntos sobre 10 constituyen la mayor brecha entre la Argentina y el promedio mundial, de 4,61. El financiamiento y las transferencias de investigación y desarrollo también aparecen entre las dimensiones en las que el país más se aleja de los resultados globales. Otro dato del GEM ayuda a complejizar todavía más la foto. La Tasa de Actividad Emprendedora (TEA) alcanzó en 2025 el 21,4%, lo que ubicó a la Argentina en el noveno puesto del ranking global . Pero una tasa alta de actividad emprendedora no necesariamente equivale a un ecosistema con mejores condiciones para crear compañías sostenibles y escalables. En América Latina, el 82,4% de los emprendedores declara como motivación ganar un ingreso porque no encuentra trabajo disponible. En la Argentina, esa proporción llegó al 92%. La propensión a emprender es alta, pero buena parte de esa actividad sigue vinculada a la necesidad más que a la identificación de una oportunidad. “En general el emprendedor de la Argentina no es tanto de encontrar oportunidad, sino de salir a buscar algo que le dé trabajo en épocas de crisis . Es un emprendedor de supervivencia, pero vos no sabés cuántos de estos van a sobrevivir. Sigue siendo difícil. Hay un montón de temas todavía por resolver: financiamiento, apoyo institucional o aversión al fracaso, siguen siendo los principales frenos”, explica Fausto García, director del Centro de Entrepreneurship del IAE Business School, organismo encargado de desarrollar el capítulo local del GEM. Pero cuando se mira específicamente al mundo de las startups , la foto empieza a mostrar algunos matices. María Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina, plantea que conviven dos realidades. “ Hay dos caminos en paralelo. Las pymes argentinas, un sector muy golpeado por la carga impositiva y la apertura de las importaciones y después el sector emprendedor, donde nosotros ponemos el foco, y que hoy está muy bien ”, señala. Para Bearzi, una de las señales está en el capital de riesgo: “En lo que va de este año ya se superaron los US$ 400 millones invertidos. Casi se duplicó todo lo del 2025 en la Argentina”, explica y menciona casos como los de Ualá, que cerró una ronda de US$ 195 millones, Humand, que levantó US$ 66 millones, o Pomelo, con US$ 55 millones, solo por nombrar los más grandes. Esa diferencia también aparece en la mirada de Martín Lahitou, Board Member de EO Argentina, y agrega que hay dos factores que hoy atraviesan a todos los emprendedores argentinos: la transformación del escenario local y la irrupción de la inteligencia artificial. “ Lo primero que favorece es una cuestión cultural. Hay un cambio de ánimo. Hay un gobierno que cree en los empresarios, que no los persigue, que los felicita ”, señala. A eso suma modificaciones más concretas: “Hoy crear una empresa es un poco más fácil. La IGJ está en un proceso de desregulación y ya bajó mucho el tiempo de constitución de una sociedad”. También menciona entre las señales positivas “haber salido el cepo, abrirse las importaciones y abrirse al mundo”. Sin embargo, hay un motor que sigue impulsando a las startups más allá del contexto. “ El emprendedor argentino nunca esperó una macro con semáforo en verde para seguir apostando, seguir arriesgando y creciendo acá y afuera ”, sostiene Bearzi. Para la experta, esa capacidad de mirar más allá del mercado local, junto con el talento y la búsqueda de soluciones a problemas concretos, son características que siguen distinguiendo al ecosistema argentino. Vientos de cambio Más allá de las medidas concretas, hay cambios en el escenario que están modificando la forma en que los emprendedores piensan y operan sus negocios. Uno de ellos es la mayor estabilidad de la inflación. Para empresas que durante años tuvieron que tomar decisiones en una economía con aumentos de precios permanentes, el cambio no es menor. “Hay que tirar a la basura lo que uno hacía hasta hace un año y volver a hacerlo todo de nuevo”, dice Lahitou. La nueva realidad inflacionaria obliga, entonces, a revisar indicadores, estrategias y hasta las capacidades de los equipos. “Te exige cambiar absolutamente tu estrategia, cambiar tus habilidades como empresario y la de tus equipos. Todos los equipos comerciales se están readaptando: hay que salir a buscar la venta, salir a golpear puertas, abrir clientes nuevos, proponer negocios”, aporta Lahitou. El otro gran cambio, y probablemente el de mayor alcance, no viene de la política sino de la tecnología. La inteligencia artificial está bajando las barreras de entrada para desarrollar productos y servicios y permite que capacidades que antes requerían equipos especializados estén disponibles para empresas mucho más pequeñas . “Tenés estabilidad, bajaron las barreras tecnológicas y tenés apertura. Eso es súper positivo, sobre todo para una empresa que hace tecnología”, resume García. “La contra es que tenes más competencia”. La velocidad del cambio también modifica el desafío. “No hay dudas sobre las posibilidades que la tecnología abre y las abre en el mismo momento para todo el mundo y en todas las geografías”, dice García. El problema ya no es necesariamente construir una aplicación o desarrollar un servicio, sino encontrar la manera de convertirlo en un negocio. “Es fácil hacer producto, pero ¿cómo haces plata con eso?”, plantea. Y agrega: “¿Cuál es el modelo de negocio para capturar valor? Creo que por ahí va el desafío ahora. Y esto es universal”. Para Bearzi, esa democratización tecnológica también cambia el lugar del talento. “La tecnología se democratiza, empieza a ser una especie de commodity y entonces la capacidad emprendedora tiene mucho más peso en la ecuación”, sostiene. En ese nuevo escenario, habilidades como identificar problemas, transformarlos en oportunidades, tomar decisiones y adaptarse pueden convertirse en una ventaja competitiva. La inteligencia artificial también empieza a incorporarse en compañías que no nacieron como empresas tecnológicas. “Estamos mirando cómo el emprendedor argentino tiene la habilidad para incluir la inteligencia artificial incluso en negocios tradicionales”, dice Bearzi. Bien aplicada, agrega, puede convertirse en un diferencial para hacer más competitivas a esas empresas y volverlas más atractivas para el capital de riesgo. El desafío, sin embargo, es que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de adaptación de las organizaciones. “Va rapidísimo y cambia una velocidad que nunca en la historia hemos visto”, advierte García. En ese punto aparece una característica que, según los referentes, precede al actual Gobierno y a cualquier cambio de ciclo: el emprendedor argentino suele buscar la forma de seguir adelante, incluso cuando el contexto para los negocios no acompaña. “El emprendedor no está esperando tanto de la política pública o del Estado. Siempre se arregló solo y se va a seguir arreglando solo, pero esto no es de ahora, esto siempre fue así”, resume Bearzi. La estabilidad puede cambiar las reglas de operación y la IA puede bajar las barreras de entrada, pero la capacidad de detectar oportunidades, resolver problemas y encontrarle una vuelta al negocio parece ser, una vez más, uno de los activos que los emprendedores argentinos tienen más allá del contexto.
Desde la llegada de Javier Milei al Gobierno, el mensaje hacia el sector privado cambió de tono: menos Estado, más liber





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