Nacida y criada en Pinamar, entre los médanos y el sonido de las olas, Camila Orsi (29) creció con la libertad de una infancia de rulos al aire, corriendo sin preocupaciones por la costa. A los 17 años decidió armar las valijas y mudarse a Buenos Aires para volcarse de lleno la actuación. Sin embargo, en medio del ritmo frenético de la gran ciudad, el destino le tendió un puente hacia las pasarelas. Tras superar las exigencias iniciales de una industria rígida y apostar por el trabajo independiente, se convirtió en una de las modelos más cotizadas del medio, logrando hitos internacionales como ser la primera embajadora argentina de marcas emblemáticas como Calvin Klein con su retrato gigante en pleno Times Square. Hoy, representada por la agencia Lo Management, colabora con firmas como Dior Beauty, Yves Saint Laurent y Guerlain, mientras se consolida en las fashion weeks de Nueva York y Europa. Pero la vorágine, a veces, también necesita un ancla. Para reencontrarse con su intimidad y sanar los desamores, el desarraigo y los tropiezos del medio, Camila se refugió en las letras, heredando la pulsión de escribir de su padre y de su abuela. Sus poemarios Donde no hago pie (lanzado en pandemia y agotado en apenas dos semanas) y el reciente Lo único que se ve desde la orilla la consolidaron como una voz fresca y sensible de su generación. Hoy, mientras explora proyectos en ficción y se desempeña como embajadora del Teatro Colón, convive en su departamento porteño con su pareja, el cantante y actor italiano Ruggero Pasquarelli. –Empecemos por la forma en que te presentás: “actriz, modelo y escritora”. ¿Por qué elegiste ese orden y no otro? –El orden de los factores no altera el producto, pero creo que mi primera pasión desde chica nació desde la actuación, desde mis clases de teatro, y esa fue la razón por la cual me mudé a Buenos Aires. En el camino para ser actriz me topé con el modelaje y siento que fue el primer mundo que me abrió las puertas. Me metí de lleno porque me sentí muy incluida y abrazada por un universo que no conocía; le puse toda la energía que merecía y hoy se convirtió en uno de mis principales trabajos. Después, en una necesidad de volver a mi yo interior porque la ciudad me había mareado un poco, encontré esta salida y esta pasión en la escritura. Creo que hoy tengo la suerte de que todos estos mundos, aunque parezcan distantes, puedan convivir en un mix perfecto. –Naciste y creciste en Pinamar. ¿Qué conservás de ese entorno cuando te toca enfrentarte al ritmo acelerado de Buenos Aires? –Me deja muy tranquila saber que esa nena libre que fui siempre va a estar ahí. Creo que a veces me encandilo un poco con las luces de Buenos Aires, pero saber que existe esa niña interna dentro mío, con los rulos, que corría por el mar sin importarle cómo se veía ni cómo la observaban, es muy lindo. Me siento más fuerte porque, aunque sea paradójico, siento que esa niña puede sostener mucho a mi yo de grande. Así que vuelvo a ella constantemente. –¿La escritura es una herencia familiar o un refugio íntimo? –Siempre necesité el papel y el lápiz. Crecí viendo a mi papá dibujar y escribir, y a mi abuela hacerlo en secreto; ver que ella nunca se animó a mostrar su obra me dio la valentía para hacerlo. Hoy las mujeres podemos alzar la voz, expresar lo que nos pasa, decir lo que nos afecta y hablar de nuestros amores y desamores, y quiero aprovechar ese espacio. –Empezaste a modelar muy joven, ¿te enfrentaste a exigencias corporales muy estrictas? –El modelaje fue el primer mundo que me abrió las puertas laboralmente. Por inexperiencia, creía que tenía que encajar y me forzaba a ser parte de eso, pero cuando entré entendí las exigencias que requería, tomé la decisión de ser parte solo si me aceptaban como era. Algunos piensan que es superficial o cerrada, pero era un error mío creer eso. Por suerte tuve esa lucidez de niña y, con el tiempo, la moda se adaptó a mí y no yo a ella. Por eso hoy la disfruto tanto. –Hiciste historia al convertirte en la primera embajadora argentina de Calvin Klein. ¿Qué te pasó cuando viste tu cara gigante en Times Square? –Es uno de esos momentos que voy a llevar siempre en el corazón. Fue ver el trabajo de tantos años concretado de una manera enorme. Lo mejor fue estar al lado de mi mejor amigo, quien me vio crecer, golpearme, darme la cabeza contra la pared, llorar y reír en este mundo del modelaje. Estar de la mano, con un café, saltando en Times Square y abrazados, fue la mejor parte. –¿Todavía existe cierto prejuicio sobre si una cara bonita puede ser, además, profunda o inteligente? –Sin dudas el prejuicio sigue estando. Cuando comencé a escribir, empecé a leer libros de modelos, como el de Emily Ratajkowski ( My Body ). Llevaba el libro para todos lados y la gente me decía: “¿Qué hacés leyendo el libro de Em Rata? ” , como cuestionándome. Hay que hacer un esfuerzo extra para demostrar que una es sensible y puede ser miles de cosas al mismo tiempo. –En tu poesía te desnudás emocionalmente. ¿Te costó mostrarte vulnerable? –Me costó mucho por el síndrome del impostor; sentía que a una modelo no le iban a dar la credibilidad suficiente para sacar un libro de poesía. Primero luché conmigo y después con la gente, pero la pelea más dura fue interna. El resto recibió mis poemas de manera muy amorosa y gratificante. El desafío más grande siempre es la lucha con uno mismo. –Estás en pareja con Ruggero Pasquarelli, que también transita el arte desde la música y la actuación. ¿Cómo conviven bajo el mismo techo esos dos mundos creativos? –Vivir con Ruggero es de las cosas más fabulosas que me pasaron. Es un privilegio crecer a su lado; me ayuda, me enseña y nos hacemos crecer mutuamente. Nos entendemos muchísimo: sabemos cuándo el otro necesita silencio o compañía, y no lo tomamos como algo personal cuando alguno necesita estar a solas porque respetamos el proceso creativo. –¿Cómo recordás el vértigo de las pasarelas internacionales y las grandes capitales de la moda? –Hay una vorágine especial en trabajar en el exterior y desfilar para marcas internacionales, pero es un encanto que la moda tiene en cualquiera de sus formas, incluso en nuestro país. –Si pudieras escribir ahora mismo la sinopsis de lo que querés que suceda en la próxima página de tu vida, ¿qué diría ese capítulo? –“Después de tanto tiempo todo el esfuerzo empieza a dar sus frutos. Entonces nos preguntamos: ¿este es el final o es solo el comienzo?” –¿Y qué capítulo te saltarías? –No me saltaría ninguno, por más doloroso que haya sido. Todos son parte de mi historia y pude convertir cada capítulo caótico en algo mejor... Aunque algunas citas estuvieron de más [risas].
Nacida y criada en Pinamar, entre los médanos y el sonido de las olas, Camila Orsi (29) creció con la libertad de una in





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