No estaban dadas las condiciones como para que ella se convirtiera en una estrella internacional. Sin embargo, lo logró. Y sin desviarse nunca del camino religioso que había comenzado en su más tierna infancia. Se llamaba Mahalia Jackson . Había nacido el 26 de octubre de 1911 en Nueva Orleans. Y, pese a todas las dificiultades que se le presentaron en la vida, con los años se convirtió en La Reina del Góspel. “ Vas a ser famosa en este mundo y caminarás con reyes y reinas ”, le había dicho su tía, Bell, cuando era una niña. Pero claro, en ese momento, esas palabras representaban solo un deseo y estaban muy lejos de poder convertirse en realidad. Y es que todo parecía adverso en ese entonces. Su madre había fallecido a raíz de una enfermedad desconocida. Y tanto ella como su medio hermano, habían quedado al cuidado de otra de sus tías, Duke, quien debía hacer malabares para poder mantenerlos. Así las cosas, cuando estaba cursando el cuarto grado del colegio primario, Mahalia tuvo que abandonar sus estudios para empezar a trabajar y, de esta manera, poder ayudar económicamente en el hogar . Dejó los cuadernos, los libros y los juegos, para comenzár a limpiar pisos, rellenar colchones y hacer sillas de mimbre como forma de juntar algunas monedas. Y, en su mente soñadora de niña, la idea de convertirse en una estrella de la canción se empezó a desvanecer. Sin embargo, había un lugar en donde podía desplegar todo su talento semana a semana. Y ese lugar era la Iglesia Bautista Monte Moriah . En medio de su difícil situación, la niña encontraba allí la contención que necesitaba. A veces era su propio abuelo el que predicaba. Pero siempre se sentía segura y en casa. Además, se trataba de un espacio donde la música era protagonista. Y ella, con 12 años, empezó a cantar con una voz que lograba hacer estremecer a toda la sala. Las citas eran los miércoles, los viernes y los domingos, cuando la escena se repetía cuatro veces. Mahalia, con un registro contraalto que pocas veces se encuentra en una intérprete femenina, empezó a experimentar esa sensación que tienen los artistas cuando logran conquistar al público. Su voz se escuchaba por fuera de la iglesia. Y todos empezaron a preguntar quién era la dueña de esa garganta prodigiosa. De a poco empezó a creer que lo imposible era posible. Y se empezó a esforzar cada vez más para lograrlo. Hasta que terminó formando un dúo itinerante con el pianista y compositor afroamericano Thomas A. Dorsey , quien luego fuera conocido como El padre del Góspel . En ese momento no lo sabía. Pero, juntos, habían comenzado a gestar la que sería considerada como la Edad de Oro del género. Hicieron presentaciones durante nueve años, cosechando elogios en cada jornada. Luego, Mahalia fue contratada por el sello Apollo, con el que grabó Move On Up a Little Higher de Herbert Brewster . Vendió un millón de copias. Y esto, definitivamente, la catapultó a la fama. Sin embargo, ella nunca olvidó sus orígenes. Siempre se mostró como una mujer de fe, humilde, pero con una fortaleza inquebrantable. Rechazó jugozas ofertas para grabar otro tipo de música que no fuera el góspel. Y aprovechó su popularidad para reclamar por el racismo del que eran víctima los afroamericanos. De hecho, se convirtió en el pilar fundamental de su amigo, Martin Luther King Jr. durante el movimiento de Derechos Civiles de las décadas de 1950 y 1960. Con el sello Columbia, con el que empezó a trabajar en 1954, alcanzó su mayor éxito. Y llegó a tener su propio programa de radio en CBS . Entonces no hubo más dudas: Mahalia era la artista góspel más popular e influyente de los Estados Unidos. Y del mundo . Pero el compromiso social de la cantante tenía que ver, fundamentalmente, con su propia historia. Sus abuelos habían sufrido la esclavitud en carne propia. Y ella misma reconocía los problemas que había tenido por el siemple hecho de “ser negra” y, encima, pobre. Por eso no dudaba en colaborar tanto con su presencia, como lo hizo en 1956 cuando fue invitada a Montgomery para una presentación en el primer aniversario del acto de rebelión de Rosa Parks, conocido como “el boicot a los autobuses”, como también con sus aportes económicos para una causa que era más que justa. Cuentan que, en sus largas charlas telefónicas, cuando King se desanimaba, ella le cantaba desde el otro lado de la línea. Take My Hand, Precious Lord , era uno de los temas que elegía y que, paradógicamente, terminó sonando en el funeral de abmos. El otro era How I Got Over , con el que cerró la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad del 28 de agosto de 1963 y que, en la actualidad, sigue siendo considerado como un canto de protesta a favor de los derechos, ya que habla de cómo superar las adversidades. En aquella oportunidad, Mahalia fue la encargada de animar al activista a improvisar parte de su discurso. “¡Háblales del sueño, Martin! ¡Háblales del sueño!”, le gritó. Entonces él empezó a hablar sin libreto. Y de ahí salió la famosa frase: “ Tengo un sueño”. Si bien nunca se alejó de se alejó de la música religiosa, también cantó en la inauguración presidencial de John F. Kennedy en 1961. Pero cuando el primer mandatario y el propio King ya no estuvieron en este mundo, Mahalia se fue alejando de la escena política. Aunque, para entonces, ya había hecho demasiado. En 1998, su imagen salió en uno de los sellos postales conmemorativos de la serie Legends of American Music “una estrella internacional considerada una de las más grandes cantantes de gospel de todos los tiempos”, pero también por haber sido “una participante activa en el movimiento de derechos civiles”. Y recibió decenas de reconocimientos. Murió el 27 de enero de 1972, a los 60 años. Y su despedida conmocionó al mundo entero. Tuvo dos funerales. El primero fue en Chicago, donde vivió desde los 16 años junto a su tía Hannah . Allí, en la Iglesia Bautista Greater Salem, se reunieron más de 50 mil personas. Al día siguiente, en tanto, se la despidió en el Teatro Arie Crown, donde dijeron presente el alcalde de la capital de Illinois, Richard J. Daley, la escritora y activista Coretta Scott King –esposa de Martin–, el reverendo Joseph H. Jackson encargado de dar unas palabras durante el servicio y los cantantes Sammy Davis Jr., Ella Fitzgerald y Aretha Franklin. Pero los homenajes no se detuvieron. Tres días después, fue despedida en su ciudad natal, donde se congregaron más de cuatro mil personas en el Centro de Convenciones Rivergate entre las que se encontraban el alcalde Moon Landrieu y el gobernador de Luisiana, John McKeithen. Sin embargo, lo más llamativo sucedió en los alrededores del lugar, donde más de 65 mil personas hicieron fila para darle el último adiós. Cantaron artistas como Bessie Griffin y Lou Rawls. Y hubo un cortejo con 24 limusinas que pasaron frente a la iglesia de su infancia, donde había comenzado su sueño. Ese del que Mahalia nunca se apartó.
No estaban dadas las condiciones como para que ella se convirtiera en una estrella internacional. Sin embargo, lo logró.






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