Presidenta Nacional del IMEF Cuando hablamos de perspectivas económicas escuchamos cifras sobre el PIB, inflación, tasas de interés, déficit fiscal y tipo de cambio. Los economistas las analizamos, los medios las publican y los mercados reaccionan. Pero hay una pregunta mucho más sencilla que millones de mexicanos se hacen todos los días: ¿Me va a alcanzar mejor el dinero el próximo año? Porque para quienes vivimos la economía de todos los días, la inflación no es un porcentaje. Es lo que cuesta llenar el carrito del supermercado. El crecimiento económico no es una gráfica. Es la posibilidad de conseguir un mejor empleo, aumentar las ventas de un negocio o tener recursos para salir de vacaciones. Y las tasas de interés no son solamente decisiones del Banco de México. Son lo que pagamos por financiar un automóvil, comprar una vivienda o utilizar una tarjeta de crédito. Por eso vale la pena traducir las perspectivas económicas a un lenguaje que nos permita entender qué está sucediendo y, sobre todo, qué podemos esperar. Primero, México seguirá creciendo, pero lentamente. Las expectativas económicas nos muestran un país que avanza, aunque todavía lejos de su verdadero potencial. La encuesta de septiembre del IMEF estimaba un crecimiento de 1.3% para 2026, mientras que el Fondo Monetario Internacional elevó recientemente su pronóstico a 1.5%. ¿Qué significa crecer 1.5%? Imaginemos una familia que necesita aumentar sus ingresos porque sus hijos están creciendo, sus necesidades aumentan y sus gastos también. Si el ingreso familiar mejora muy poco, seguramente podrá seguir adelante, pero tendrá dificultades para ahorrar, invertir o mejorar significativamente su calidad de vida. Algo semejante sucede con nuestro país. Un crecimiento económico reducido limita la creación de oportunidades, particularmente para los jóvenes que buscan su primer empleo, las pequeñas empresas que necesitan más clientes y las familias que aspiran a mejorar sus ingresos. Segundo, que baje la inflación no significa que bajen los precios. Esta es probablemente una de las mayores confusiones económicas. La inflación anual de septiembre fue de 3.45%. Es una cifra considerablemente más moderada que la observada durante los periodos de mayores presiones inflacionarias. Pero hay una diferencia importante: cuando baja la inflación, normalmente los precios siguen subiendo, solamente lo hacen a menor velocidad. Es como conducir un automóvil a 100 kilómetros por hora y reducir la velocidad a 40. Seguimos avanzando, aunque más despacio. Por eso muchas familias escuchan que la inflación está controlada y, sin embargo, sienten que su dinero sigue sin alcanzar. La verdadera recuperación del poder adquisitivo ocurre cuando nuestros ingresos crecen más rápido que los precios. Tercero, los créditos podrían ser más accesibles, pero debemos ser cuidadosos. Después de un periodo de tasas elevadas, Banco de México ha reducido su tasa de referencia, que actualmente se encuentra en 6.50%. Esto puede ayudar gradualmente a reducir los costos de financiamiento y facilitar proyectos de inversión, consumo y adquisición de vivienda. Sin embargo, no significa que las tarjetas de crédito o los préstamos personales bajen automáticamente sus intereses. Mi recomendación es sencilla: antes de contratar un crédito, comparemos opciones, revisemos el costo anual total y, principalmente, analicemos nuestra capacidad real de pago. Un crédito bien utilizado puede permitirnos construir patrimonio. Uno mal contratado puede comprometer nuestros ingresos durante años. Cuarto, las finanzas públicas también afectan nuestras finanzas personales. Con frecuencia escuchamos que México tiene un déficit fiscal cercano al 4% del PIB. Parece un asunto muy lejano, pero no lo es. Imaginemos que una familia gasta constantemente más de lo que gana. Para cubrir la diferencia necesita pedir prestado. Mientras mayor sea su deuda, una parte creciente de sus ingresos tendrá que destinarse al pago de intereses. Con el gobierno sucede algo similar. Los recursos destinados a financiar deuda son recursos que no pueden utilizarse simultáneamente para otras necesidades, como infraestructura, salud, educación o seguridad. Por eso la disciplina fiscal no debería ser un tema exclusivo de los especialistas. Nos interesa a todos. Quinto, el empleo y la inversión serán determinantes. La economía mexicana tiene oportunidades importantes por su cercanía con Estados Unidos, su capacidad exportadora, su talento y su integración a las cadenas productivas de América del Norte. Sin embargo, necesitamos que esas oportunidades se transformen en inversiones, empleos formales, mejores salarios y mayor productividad. También debemos reconocer que México no tiene una sola realidad económica. La situación de una familia que vive del turismo en Los Cabos puede ser muy diferente de la de un trabajador de la industria automotriz en Guanajuato, un comerciante en Oaxaca o un profesionista en la Ciudad de México. Las perspectivas nacionales son importantes, pero sus efectos se viven de manera distinta en cada región y actividad económica. Entonces, ¿cómo prepararnos para 2027? Mi primera recomendación es no tomar decisiones financieras suponiendo que las condiciones mejorarán automáticamente. Debemos cuidar nuestro nivel de endeudamiento, construir un ahorro para imprevistos, comparar las alternativas de inversión y, sobre todo, continuar desarrollando nuestras capacidades profesionales. La educación financiera es fundamental, pero también lo es la inclusión financiera: que más personas tengan acceso a herramientas seguras para ahorrar, recibir pagos, obtener financiamiento e invertir. Desde el IMEF hemos insistido en que el desarrollo económico debe traducirse en oportunidades reales para las personas. No basta con tener mejores indicadores si sus beneficios no llegan a los hogares. Porque al final, las perspectivas económicas no deberían responder únicamente cuánto crecerá México, cuál será el tipo de cambio o qué sucederá con las tasas de interés. Deberían ayudarnos a responder algo mucho más importante: ¿Tendremos mejores oportunidades para trabajar, emprender, ahorrar y construir un futuro más tranquilo para nuestras familias? Esa es la economía que verdaderamente importa. Y esa es la economía que debemos aprender a entender, cuidar y transformar. Las opiniones expresadas son responsabilidad de la autora.
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