Voy a comenzar con una confesión: me gustan mucho Los Ángeles Azules . Sí, los de Cómo te voy a olvidar , los del acordeón que pone de pie hasta al más serio de la fiesta. Y no, no pienso presumir mis pasos de baile. Ahí prefiero reservarme el informe de resultados, pero quiero hablar de ellos porque, aunque parezca extraño, creo que tienen algo importante que enseñarnos sobre el futuro de Nuevo León . Piénsenlo un momento. Una familia de músicos de Iztapalapa convirtió la cumbia de barrio en un fenómeno internacional. Se reinventaron . Grabaron con artistas de pop y rock, llevaron su música al terreno sinfónico y llegaron a Coachella , uno de los festivales más importantes del mundo. Y lo extraordinario es que conquistaron nuevos públicos sin dejar de ser quienes eran. Nunca escondieron su origen. Al contrario, lo convirtieron en su mayor orgullo y en una frase que hoy conoce medio mundo: De Iztapalapa para el mundo . Qué maravilla de lección. No necesitas renunciar a tus raíces para triunfar. Necesitas talento, disciplina, creatividad y hacer extraordinariamente bien lo que sabes hacer. Eso, por cierto, también tiene mucho de norteño. Ahí está Bronco , que salió de Apodaca para conquistar escenarios de todo el continente. Ahí está Celso Piña , que desde la colonia Independencia de Monterrey creó un sonido inconfundible. Y ahí están El Gran Silencio y Kinky , que se atrevieron a mezclar ritmos, géneros y tradiciones para llevar la música regiomontana mucho más lejos. Por cierto, Gil Cerezo , vocalista de Kinky, hasta llegó a cantar con Los Ángeles Azules. Iztapalapa y Monterrey haciendo equipo para poner a bailar a decenas de países. Y nuestra creatividad también llegó al cine. La película Ya no estoy aquí convirtió la cultura de la cumbia en el norte del país en una historia reconocida internacionalmente, ganadora de diez premios Ariel, pero nuestra capacidad de llegar al mundo no se limita ni remotamente a la música ni al espectáculo. De Cerralvo salió Gruma , que transformó la manera de producir harina de maíz y llevó nuestras tortillas a mercados internacionales. De Monterrey salió Cemex , que pasó de ser una cementera regional a convertirse en una empresa global. Y aquí nació Softtek , que demostró que desde Nuevo León también se puede exportar tecnología y conocimiento a todo el planeta. También están nuestras grandes fábricas de talento: el Tecnológico de Monterrey , que nació en una casona del centro de la ciudad, y nuestra Universidad Autónoma de Nuevo León , de la que soy orgullosamente egresado y que ha abierto oportunidades para generaciones de familias trabajadoras. Y si hablamos de deporte, ahí está Mariana Avitia , una regiomontana que conquistó una medalla olímpica en Londres. O los Tigres de la UANL , que llegaron a una final del Mundial de Clubes. ¿Qué tienen en común un acordeón, una tortilla, una fábrica, una universidad y una medalla olímpica? Que cuando en Nuevo León hacemos algo extraordinariamente bien, el mundo termina por darse cuenta. Esa es la grandeza que debemos recuperar. Porque a veces me preocupa que como sociedad estemos confundiendo el éxito con su publicidad. Que nos interese más anunciar cosas extraordinarias que hacerlas. Que nos conformemos con aparentar modernidad en lugar de construirla. Y aquí Los Ángeles Azules vuelven a darnos una buena lección. A Coachella no se llega solamente con una campaña publicitaria. Se llega con talento, años de trabajo y una propuesta auténtica . La grandeza no se anuncia. Se construye . Y el siguiente gran éxito de Nuevo León puede estar hoy ensayando en una cochera de Escobedo, experimentando con robótica en una preparatoria de Apodaca, entrenando en una cancha de Guadalupe o imaginando una nueva empresa en una casa de García. El talento existe en todas partes. Lo que necesitamos es abrirle más puertas. Y aquí cierro con mis queridos Ángeles Azules y una de sus canciones más conocidas: Nunca es suficiente . Pues bien, creo que ese título encierra una buena filosofía para Nuevo León. Nunca es suficiente vivir de las glorias pasadas. Nunca es suficiente presumir lo que hicieron nuestros abuelos. Nunca es suficiente decir que somos grandes si no estamos construyendo algo todavía mejor para nuestros hijos. Tenemos historia, industria, universidades, cultura, empresarios, trabajadores y una extraordinaria capacidad de reinventarnos. Nos falta recuperar la ambición de sorprender al mundo . No queremos que Nuevo León sea solamente famoso. Queremos que siga haciendo cosas por las que merezca ser famoso. Los Ángeles Azules nos enseñaron que se puede salir de un barrio, conservar las raíces y conquistar el mundo y estoy seguro de que los sucesores de los Ángeles serán norteños, así de talentosos somos en Nuevo León. Porque el futuro que merecemos en este gran estado también hay que sacarlo a bailar . *Andrés Mijes es presidente municipal de General Escobedo, Nuevo León, y maestro en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Voy a comenzar con una confesión: me gustan mucho Los Ángeles Azules . Sí, los de Cómo te voy a olvidar , los del acorde

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