No hay muchas películas estrenadas este siglo que puedan definirse como generacionales, pero, sin duda, Intocable es una de ellas. La película francesa batió múltiples récords de taquilla tanto en Francia como a nivel internacional, convirtiéndose en todo un hito que consagró tanto al reparto ( Omar Sy fue el primer actor negro en ganar el Premio César al mejor actor) como a sus directores, Olivier Nakache y Eric Toledano . Ahora, este popular dúo de cineastas regresa con Tiempos de ilusión , una cinta que ha conseguido conquistar a más de dos millones de espectadores en Francia y que comparte bastante con Intocable y el resto de la filmografía de los directores: “Siempre es difícil decir qué película vas a hacer después; en cierto modo, cada una responde a la anterior, aunque siempre estemos hablando de lo mismo. En nuestro caso, se trata de acercar a personas que viven en mundos muy diferentes. Ahora quisimos ir un poco más lejos y hacer eso mismo dentro de una familia en la que cada uno vive en su propio mundo”. Llena de buena onda y momentos enternecedores, Tiempos de ilusión es, además, una oda a la Francia de los 80. Los escenarios, el vestuario y la música de la época acompañan a Vincent, un preadolescente de doce años que vive en un suburbio parisino y que asiste, por un lado, a las diferentes tensiones familiares provocadas sobre todo por la crisis económica del país y, por otro, a una eclosión de emociones y dudas sobre la identidad, la amistad, la religión y el deseo. “En esa época se despierta parte de la sexualidad y del amor y es importante. Todo el mundo recuerda su primer amor”, comenta Olivier Nakache. Del funk al rock de la ‘new wave’ En su proyecto más personal, los cineastas franceses quisieron homenajear en esta producción la época que vivieron sus padres. “Se produjo una gran ola de inmigración a partir de 1962, con la independencia de Argelia . Muchos fueron a vivir a Francia, llegaron muy desarraigados, pero se mantuvieron juntos”. El propio Olivier recuerda cómo sus progenitores siempre le hablaban de lo que habían dejado atrás en el continente africano, pero, como le ocurre a Vincent, “le importaba un comino”. “Todo lo que quería hacer era pasar tiempo con mis amigos, aunque más tarde lo entendí y tuve la necesidad de contarlo”. Las cosas tampoco son fáciles en la nueva vida de la familia. El padre de Vincent ( Louis Garrel ) es un ejecutivo en paro que no consigue salir adelante, mientras su madre (Camille Cottin), por el contrario, trata de abrirse paso en un mundo laboral que hasta hacía poco le había estado siempre vedado. La pareja no deja de discutir, y no es casualidad que la reconciliación se dé en escenas donde la música y el baile están presentes: en aquella época, la cultura era el principal elemento integrador en la vida de muchas personas. También para jóvenes como el protagonista o sus amigos, no importaba la identidad como tal, sino la “tribu” a la que se pertenecía. “Había un periodo en el que eras de la new wave , del hip hop o del funk. Era un tema cultural, no como hoy, donde lo que más se reivindica es la identidad”. Los temas de Earth Wind & Fire, The Cure o TOTO llenan la película, acompañan e incluso provocan las vivencias de cada uno de los personajes. “Los 80 podían convertirse también en una trampa: poner demasiados peinados o vestuario. Con las canciones existía además la dificultad de los derechos, pero por suerte tuvimos los recursos para afrontar ese problema”. Esa creencia en el poder integrador de la cultura es la razón por la que los directores, afirman, quieren seguir haciendo películas para que la gente siga yendo a los cines . “Necesitamos tener más cosas en común. Un día miraremos atrás y nos preguntaremos por qué estábamos tan fraccionados, por qué había tanta violencia y vivíamos aislados en nuestro mundo. En ese sentido, ir al cine es algo sagrado : ayer mismo estábamos con 300 personas que no se conocían de nada en una sala viendo la película. No queremos hacer películas para plataformas: mientras siga habiendo salas de cine, nosotros vamos a hacer películas para que la gente vaya a verlas”.
No hay muchas películas estrenadas este siglo que puedan definirse como generacionales, pero, sin duda, Intocable es una






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